La ruina del estadio de La Cartuja

La ruina del estadio de La Cartuja

El coliseo sevillano, que fracasó en su aspiración de albergar unas Olimpiadas, cierra tras años infrautilizado. «Fue fruto de la egolatría de los políticos de turno».

SUSANA ZAMORA

El estadio de la Cartuja de Sevilla nació con aires de grandeza y con un apellido pretencioso que el tiempo ha demostrado que le queda muy grande. Porque 'Olímpico' no fue nunca y, casi, ni estadio. Casi dos décadas después de que los reyes Juan Carlos y Sofía lo inauguraran el 5 de mayo de 1999, esta instalación ha echado el cierre, infrautilizada y echada a perder. ¿Definitivo? El tiempo lo dirá, aunque por ahora no hay ningún evento programado para 2019.

La decisión de clausurar la zona interior del recinto (pista de atletismo, terreno de juego y graderío) ha sido tomada por el consejo de administración de la sociedad que gestiona el estadio (compuesta en su accionariado principal por el Ministerio de Hacienda, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla y la Diputación provincial) tras valorar la gravedad de los daños que presenta su cubierta. Ante la negativa de los técnicos de la empresa de mantenimiento a autorizar su apertura al público, la sociedad Estadio La Cartuja de Sevilla, S. A. se ha visto obligada a tomar medidas «teniendo en cuenta que es prioritario garantizar la seguridad de los usuarios y necesario para evitar perjuicios a la hora de tener que anular eventos que pudieran organizarse en el recinto con meses de antelación», aclara a este periódico.

Su reapertura queda ahora supeditada al arreglo de su cubierta o a su sustitución por una nueva, tal y como han aconsejado los expertos. Y ahí, según recoge el diario 'Abc', surge el verdadero problema, ya que las cifras que se manejan para afrontar esa obra rondarían los 15 millones de euros. Un presupuesto que, además de suponer un auténtico agujero para las arcas públicas, será una patata caliente para el Gobierno que se constituya tras las elecciones del pasado 2 de diciembre, en las que el PSOE sufrió un batacazo electoral que podría costarle la presidencia de la Junta de Andalucía. Sin aclarar si la visera de PVC se arreglará provisionalmente, aunque suponga un parche para seguir tirando, o si se sustituirá por otra estructura, fuentes de la sociedad se limitan a declarar que están desarrollando las «actuaciones oportunas para acometer las reformas necesarias».

Desde el despacho de arquitectos Cruz y Ortiz, diseñadores del estadio, no ocultan su asombro con la decisión de clausurar la parte interna de esta infraestructura, ya que las oficinas existentes en el flanco oeste del recinto y el hotel situado en su esquina sureste sí pueden seguir funcionando, al no verse comprometida la seguridad. Admiten que en marzo supieron del problema que presentaba parte de la cubierta, «pero tras hablar con la empresa encargada de su mantenimiento pensamos que estaba solucionado», señalan. Desde este despacho apuntan que la vida útil de esta cubierta tensada estaba calculada en entre 25 y 30 años, por lo que no les «cuadra» que se haya tomado una decisión tan «drástica». «Quizá haya habido falta de mantenimiento», deslizan.

Un proyecto sin fundamento

Con esta obra, Sevilla quiso comprar el collar antes que el perro. Levantó una infraestructura faraónica, que costó casi 21.000 millones de pesetas (unos 125 millones de euros), con la ilusión de optar a los Juegos Olímpicos de 2004 (celebrados finalmente en Atenas) cuando ni siquiera se postulaba como candidata oficial para albergarlos. «Fue eso, una ilusión sin fundamento, fruto de la vanidad y la egolatría de los dirigentes de turno, pero que nos tocó pagar a escote a todos los andaluces», lamenta Luis Pizarro, quien en su día, en aquellos años 90 en que era portavoz de IU en el Ayuntamiento de Sevilla, ya advirtió de que este proyecto no era una buena idea. «No es satisfactorio acertar en los malos augurios y no me enorgullezco de haber profetizado el desastre, pero en el fondo todo el mundo se lo temía. Eran los famosos años en los que no importaba despilfarrar el dinero público y fue un empeño del Ayuntamiento del Partido Andalucista y del PP tirar los rescoldos de la Expo'92 e inventarse una Sevilla olímpica cuando había muy pocas posibilidades de que se hiciera realidad», rememora.

Para este exedil, hoy adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz, lo realmente «grave» es que casi todos pensaban, menos Alejandro Rojas-Marcos (primer teniente de alcalde con Soledad Becerril, regidora entre 1995 y 1999), que esta obra era una «barbaridad», pero no se atrevían a decirlo en público. «Se dejaron arrastrar por un sentimiento chovinista y se sucedieron coartadas y excusas para construir esta obra megalómana sin sentido. Sevilla tenía que ser más que nadie y, por qué no, tener también su estadio olímpico. Por eso, cuando insistía en que era una obra innecesaria, que nos iba a llevar a la ruina, me tacharon de hippy agorero», afirma Pizarro.

Descartado el sueño olímpico para este estadio, que tiene una capacidad para 70.000 personas, se pensó un nuevo uso como sede conjunta de los equipos sevillanos de fútbol, Sevilla y Betis, algo que no cuajó y dio al traste con otro de los grandes objetivos del proyecto. El mismo año de su inauguración, acogió el VII Campeonato Mundial de Atletismo. Desde entonces ha albergado otras competiciones deportivas, como la Copa Davis de tenis (2004 y 2011), las finales de la Copa del Rey (1999 y 2001), una Copa de la UEFA (2003) y partidos internacionales de España. A partir de ahí, por sus pistas ha pasado casi de todo, menos atletas: artistas como U2, AC/DC, Madonna o Bruce Springsteen; figurantes en rodajes de cine; testigos de Jehová en asambleas, y hasta abnegados fieles entregados a la beatificación de la Madre Purísima.

 

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