EL MARXISMO CULTURAL Y LA CONSPIRACIÓN JUDEO-MASÓNICA

Muy felices se las imaginaban en el bipartito del Gobierno, ignorando las salidas de tono del tercer socio en liza. Estaba claro que, tarde o temprano, los de Santiago Abascal tenían que sacar los pies del tiesto

CRISTÓBAL VILLALOBOS

A los de Vox no le gustan los presupuestos, o eso dicen. Han anunciado una enmienda a la totalidad, pero no porque no les salgan las cuentas, sino porque no comulgan con la globalidad y el espíritu de las mismas. O sea, que la cosa es molestar.

Muy felices se las imaginaban en el bipartito del Gobierno, ignorando las salidas de tono del tercer socio en liza. Estaba claro, desde el principio de este trío, en el que dos no se hablan, que tarde o temprano los de Santiago Abascal tenían que sacar los pies del tiesto. Tras las elecciones, cuando se ha visto que la burbuja de Vox comenzaba a desinflarse, y ante la ley más importante del curso político, aunque estos presupuestos solo sean para seis meses, era el momento de tensionar, como diría Zapatero, suponemos sin que la sangre acabe por llegar al río Guadalquivir.

Los presupuestos se han elaborado para desactivar las críticas de la izquierda. Más gasto que con el PSOE, más recursos en Sanidad y en Educación, para que nadie pueda decir que el gobierno de coalición de la derecha viene a recortar, como se anunciaba desde las tribunas jacobinas. Pero en política, que para Cánovas era el arte de lo posible, no se puede soplar y absorber a la vez por lo que, mientras se desactivan ciertas críticas, se regalan argumentos al otro extremo de la bancada del Hospital de las Cinco Llagas.

Los de Vox acusan a los de Moreno de financiar el «marxismo cultural y la inmigración ilegal». Si el presidente de la Junta ya le dijo a Casado que él no parecía un facha peligroso, tampoco nos resulta fácil imaginárnoslo dirigiendo la III Internacional desde San Telmo, o negociando con las mafias los desembarcos de subsaharianos en la isla de Lampedusa. Lo de Vox recuerda a la conspiración judeo-masónica, que le servía a Franco para justificar cualquier cosa. El Gobierno pretende tener aprobados los presupuestos para el 18 de julio, por lo que lo del marxismo internacional puede tener más sentido por esas fechas.

Presupuesto continuista, más de lo mismo, dicen. Quizás tengan razón en que se echa en falta una mayor profusión de recortes burocráticos, gastos improductivos que tanto criticaron desde la oposición. Hasta ahora, las decenas de organismos y entes en desaparición son el chocolate del loro de la administración. En una Andalucía que aún acoge la mayoría de las localidades más pobres de España, donde, como dijo Imbroda, hay colegios de los años cuarenta y niños en barracones afganos, no debe asustarnos el gasto.

Lo importante, al contrario de lo que parece que nos viene del neoliberalismo imperante, es a dónde va ese gasto. La Junta parecía un colosal patio de Monipodio, donde podía verse a Rinconete y a Cortadillo haciendo cola para que alguien los metiera en un ERE. Poner orden ahí es lento y complicado, claro está, pero hay ciertas cosas en las que nunca gastaremos lo suficiente.