Sevilla, primera capital en dedicarle una calle a una víctima de la violencia machista

Sevilla, primera capital en dedicarle una calle a una víctima de la violencia machista

Bautizan una avenida con el nombre de Ana Orantes, cuyo asesinato a manos de su pareja dio origen a la Ley Integral contra la Violencia de Género

ITSASO ÁLVAREZ

Ana Orantes se casó con 19 años, soportó 40 de tortura y murió con 60 quemada viva en el patio de su casa en Cúllar Vega, Granada, en diciembre de 1997. Su exmarido, José Parejo Avivar, la roció con gasolina a los 13 días de aparecer en un programa de televisión en Canal Sur que presentaba Irma Soriano en el que denunció los malos tratos que él le había infligido y paralizó a la audiencia que la escuchaba. Su relato con acento granadino frente a las cámaras sigue conmocionando más de 20 años después de su muerte. «No eran 'guantás', palizas... Yo no podía respirar, no podía hablar porque no sabía hablar, porque yo era una analfabeta, un bulto, porque yo no valía un duro. Tenía que aguantarlo, paliza sobre paliza. Yo le tenía miedo. Le tenía horror. Eran las diez de la noche y no había venido de trabajar, y ya me veía temblando como una niña chica». Orantes no fue una muerta más. Su asesinato conmocionó a la opinión pública e hizo que las violencias machistas se convirtieran en lo que verdaderamente son: un problema público. A partir de Ana se puso en marcha la maquinaria policial y política para tratar de poner freno a esta lacra. Comenzó con la reforma del Código Penal y culminó con la aprobación, en 2004, de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Luego llegó la protección de los menores como víctimas directas de este maltrato y el 016, un servicio de información telefónica dirigido a las víctimas, los familiares, las amistades y la población en general, que funciona las 24 horas los 365 días del año desde cualquier lugar de España y que no deja huella en la factura.

Ahora, Ana Orantes tendrá una calle en el centro de Sevilla, como recoge El Correo. Es la primera vez que una víctima de violencia de género da nombre a una vía de una gran capital en España. En el municipio donde vivía, Cúllar Vega, y en otro vecino, La Zubia, ya hay dos vías con su nombre. Pero en el resto del callejero español sólo existía hasta la fecha una referencia a la lucha contra la violencia machista en Madrid. Se trata de la calle Soledad Cazorla, en recuerdo a la primera mujer Fiscal de Sala contra la Violencia sobre la Mujer que hubo en España. «Es de justicia reconocer el valor de estas mujeres», asegura José Ángel Lozoya, miembro del colectivo Red de Hombres por la Igualdad, impulsor de la iniciativa. La idea, recuerda Lozoya, surgió el pasado noviembre, tras una charla con los padres de una víctima de violencia de género en Castellón. «Me hizo reflexionar sobre la falta de reconocimiento a esas mujeres que han perdido la vida luchando por su libertad. Si me paraba a pensar cuántos nombres de mujeres víctimas de violencia machista me venían a la cabeza, solo recordaba el de Ana Orantes. Sin embargo, si pensaba en las de ETA, al momento me venían cinco o seis nombres», señala. Lozoya comprobó después que no existía en España ninguna calle dedicada a estas mujeres mientras «cientos de calles, plazas, avenidas están dedicadas a las víctimas del terrorismo».

El colectivo del que forma parte puso en marcha una recogida de firmas en la plataforma Change.org y una semana después la petición ya había sumado ya 17.000 apoyos. A continuación, la trasladó a los diferentes grupos municipales del Ayuntamiento hispalés. Uno de ellos, Participa Sevilla (la marca de Podemos), la llevó al Pleno. La moción, que fue apoyada por unanimidad, recoge que gracias al caso de Ana Orantes «el maltrato dejó de ser algo privado» y que ayudó a cambiar la judicatura, las políticas y la percepción sobre esta violencia en una época en la que, como señaló el que en el momento del asesinato de esta mujer era vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, el caso de Orantes era considerado un hecho aislado obra de «un excéntrico». «Es una deuda que teníamos con ella, con su familia, con la lucha feminista y contra la violencia de género», advierte la delegada de Igualdad del Ayuntamiento de Sevilla, Myriam Díaz.

Hace dos décadas

Antes del homicidio de Ana Orantes, las mujeres asesinadas por sus parejas o por sus ex se quedaban fuera de las estadísticas. Sus casos eran considerados parricidios, homicidios cometido contra un familiar en primer grado. No había distinción en función del sexo. El tema carecía de interés jurídico y social y estos asesinatos se trataban con desdén. No se contabilizaban los cometidos por novios y ex y se hablaba de violencia doméstica y no como una violencia especialmente dirigida a las mujeres. Según evoca la escritora Nuria Varela en 'La voz ignorada', que elaboró como homenaje a Ana Orantes, «ella denunció y denunció. Intentó separarse y, en una de esas, el juez le dijo que volviera a casa con su marido porque en toda su vida nunca había visto llorar a un hombre por una mujer como lo había hecho él». Años después la granadina se divorció, pero el magistrado decidió que siguieran viviendo en la misma casa, ella en el piso de arriba y él en el de abajo. Compartirían el mismo patio, el escenario del crimen aquel 17 de diciembre de 1997.

Otro detalle estremecedor. A solo 300 metros de distancia del lugar donde fue asesinada Ana Orantes, y siete años después, otra mujer, Encarnación Rubio, fue atropellada varias veces por su esposo. Rubio era la primera mujer asesinada después de que un juez le amparara con una orden de protección. Ana, Encarnación «Si en vez de cifras habláramos de mujeres y niñas, si las recordásemos por sus nombres, por sus proyectos de vida y por sus ilusiones, y si en vez de la cantidad de asesinatos detalláramos las circunstancias de sus muertes, el relato sería insoportable», apunta Nuria Varela.