Coripe y la quema de Puigdemont se cuelan en la campaña

Cientos de personas abarrotaron ayer la plaza principal de Coripe (Sevilla) para presenciar en vivo la fiesta de la Quema del Judas de la localidad. /Efe
Cientos de personas abarrotaron ayer la plaza principal de Coripe (Sevilla) para presenciar en vivo la fiesta de la Quema del Judas de la localidad. / Efe

La elección este año del expresidente catalán para encarnar a Judas en el municipio sevillano provoca una tormenta política

ADRIÁN GONZÁLEZ

Coripe, un municipio sevillano de 51 kilómetros cuadrados y apenas 1.400 habitantes, se ha colado de forma inesperada en la refriega política del último y más decisivo tramo de la campaña electoral. El motivo de la discordia ya es más que conocido: el recorrido a hombros y entre insultos por las calles del pueblo de una figura que representaba a Carles Puigdemont, posteriormente colgada de una higuera, tiroteada y prendida fuego en plaza central.

El expresidente de la Generalitat, prófugo en Bélgica de la Justicia española, era este Domingo de Resurrección el protagonista involuntario de la Quema del Judas, una tradición centenaria declarada de Interés Turístico Nacional que consiste en elegir a un personaje público que según los organizadores encarne «algo negativo» para que las llamas acaben expiando sus supuestas culpas. Dicho y hecho, el muñeco (con el tan característico flequillo de Puigdemont, una estelada a modo de capa y un enorme lazo amarillo adornando la solapa de su traje) fue exhibido, ultrajado y finalmente quemado en público.

Con lo que quizás pocos contaran en Coripe era con que el vídeo de la fiesta, que corrió como la pólvora a través de las redes sociales, iba a transformarse en una enorme bola de nieve de dimensiones políticas. A última hora del domingo, y con mucha más fuerza este lunes, se han sucedido en cascada las reacciones de los partidos políticos. Más o menos acertada, a apenas unos días de la cita en las urnas la tradición de décadas en el municipio sevillano se había convertido en una auténtica arma electoral.

El primero en poner el grito en el cielo fue, desde Bélgica, el propio aludido. Puigdemont reconocía en su perfil de Twitter que las imágenes le habían resultado «muy desagradables» y le reafirmaban en su deseo de «construir una República de hombres y mujeres libres». Su partido, JxCat, exigía poco después a Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Rivera una condena pública y el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, se apresuraba a anunciar su intención de llevar el caso ante la Justicia.

Este lunes la tormenta no ha hecho más que empeorar. De poco han servido las explicaciones del alcalde de Coripe, el socialista Antonio Pérez, quien desde el primer momento ha intentado restar importancia a la polémica. En defensa de lo ocurrido alega que la quema del muñeco tan sólo responde a «una tradición que lleva celebrándose muchos años» y que «no es más que una sátira de algún personaje que no ha actuado bien». En otras ocasiones, insiste, las víctimas han sido los expresidentes Felipe González y José María Aznar; el 'pequeño' Nicolás, Iñaki Urdangarin, Rodrigo Rato, Miguel Carcaño, asesino confeso de Marta del Castillo; o Ana Julia Quezada. La elección de esta última, asesina confesa del pequeño Gabriel Cruz, ya provocó una denuncia del Movimiento contra la Intolerancia.

Esos argumentos no han convencido a muchos. Ni siquiera al propio PSOE andaluz, el partido en el que milita Pérez. La portavoz de esa formación, Ángeles Férriz, reconocía este lunes que la quema le parecía «de mal gusto». Desde Madrid, dos ministros del Gobierno de Pedro Sánchez coincidían en la apreciación. El titular de Exteriores, Josep Borrell, tachaba la acción de «lamentable acto» y censuraba «los actos de intolerancia» contra cualquier candidato o político. Su compañero en Interior, Fernando Grande-Marlaska, alegaba desconocer esa tradición pero que en ningún caso podía aceptar «la violencia, sea cual sea su manifestación».

En Cataluña la noticia se convirtió en tema de portada y la sede del PSC en Barcelona amanecía este lunes con pintadas en las que podía leerse «Coripe Arde, Vergüenza». Gabriel Rufián, portavoz de ERC, consideraba lo ocurrido como «salvajada», mientras la que fuera ganadora de las últimas elecciones autonómicas en esa comunidad y actual candidata al Congreso de los Diputados, Inés Arrimadas, ironizaba con el hecho de que los partidos nacionalistas protesten «mientras Torra anima a los Comités de Defensa de la República» a mantener su lucha. «En Cs estamos acostumbrados a sufrir no sólo cómo se cuelgan muñecos de partidos constitucionalistas en puentes o ataques a nuestras sedes, sino que también hemos sufrido que limpien con lejía el suelo que pisamos«, ha recordado.