Arenas, el 'Gatopardo' andaluz

El histórico dirigente vuelve al primer plano como uno de los baluartes de Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias

Arenas, el 'Gatopardo' andaluz
Ilustración: Mikel Casal
Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

«¿Sobreviviente?, habría que buscarle otra palabra, esta se queda corta para referirse a Javier Arenas». Quien responde es un exdirigente popular. «Es el que más vidas políticas tiene. Ha resistido a todos. Y ahora vuelve a resucitar», sostiene un periodista retirado. La pugna por el liderazgo del PP ha situado de nuevo a Javier Arenas en primer plano cuando ya todos le daban por muerto en política. Se ha colado con gran protagonismo en el equipo de apoyo a Soraya Sáenz de Santamaría, aunque este respaldo se ha hecho más visible cuando la exvicepresidenta ha ganado la primera fase de las primarias gracias en parte al voto de los afiliados andaluces.

Arenas se apunta este logro porque seis años después de dejar la dirección regional del PP aún sigue exhibiendo Andalucía como su referente y para ello es básico que se note su poder de influencia en el territorio con más diputados, más militantes y compromisarios del PP. Por ello ha puesto toda su astucia conspiradora de años en la política andaluza para que Soraya Sáenz de Santamaría gane la presidencia del partido y de paso su continuidad.

Apostar por Santamaría era lo obvio dada su conocida enemistad con Dolores de Cospedal, pero igual hubiera hecho lo mismo por Pablo Casado, convencido su olfato de que el perfil del político abulense es como el del joven Tancredi, el personaje de 'El Gatopardo' a quien el príncipe siciliano le recomienda casarse con la nueva rica Angélica Sedara. «Es necesario que todo cambie para que todo siga igual», parece ser el mensaje de Arenas cual Fabrizio Salina cuando intriga para una candidatura de unidad. Solo que a una semana del congreso, no solo no hay boda sino que las espadas de las familias del PP están más en alto que nunca, cual Capuletos y Montescos.

Arenas es de la vieja guardia no solo en su partido. Con un socialista de la misma generación de la cuerda de Susana Díaz se le oyó comentar en un viaje en AVE de Madrid a Sevilla que esto de las primarias las carga el diablo. Con lo bien que se elegían a los líderes por voto delegado, reflexionaron ambos. Con todo, Javier Arenas se ha implicado en estas primarias como si fuera el candidato y ha echado mano de todas sus artes persuasivas y disuasorias. Convencer a Juanma Moreno era fácil dada la admiración del presidente del PP andaluz por Santamaría. «Hay que tener mucho arte para meter en el bolso de Soraya a Antonio Sanz», dice otra voz del PP conocedora de las intrigas internas. El exdelegado del Gobierno en Andalucía es un hombre conocedor como pocos de las tripas del PP andaluz del que fue secretario general, es un trabajador incansable, pero sobre todo fiel escudero de Arenas. Coordina la campaña de Santamaría en Andalucía y es su representante ante los órganos del partido.

Nadie en el PP-A es indiferente a Arenas: Le detestan, le temen o le defienden a muerte

Arenas ha conseguido también que Moreno ceda para darle a Sanz el escaño de senador por Andalucía que ocupaba Toni Martín, uno de los puntales del exiguo equipo del dirigente regional. Una maniobra más que evidencia el poderío de Arenas, como se vio al conseguir ganar en la batalla de Sevilla al imponer su candidata a la presidencia provincial, Virginia Pérez, y al candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez, frente a los de Juan Ignacio Zoido-Cospedal, Juan Bueno y José Luis Sanz, respectivamente.

Solo que el PP andaluz no es ya aquella piña sin fisuras que un día lejano adoraba a Arenas. La batalla por Sevilla fue reveladora, pero también las primarias para la sucesión de Mariano Rajoy han hecho aflorar numerosos enemigos del que fuera todopoderoso Arenas. Coinciden adversarios y fieles en destacar de Arenas su gran habilidad para estar en todas las salsas y salir 'campeón', apelativo con el que se le conoce. También de ejercer la política como una cadena de favores y cobrar peaje toda la vida. «Los que no piensan que todo se lo deben a Javier, van mal dados. 'Cuidadín' con llevarle la contraria al 'dios'», apunta un defenestrado convencido de que Arenas o sus mediadores pueden estar presionando a favor de Santamaría con los favores del pasado.

Hay quien opina que su enemistad con Cospedal, que empezó trabajando en su gabinete del Ministerio de Trabajo, arranca cuando ella comienza a volar sola sin su control. Una condición que explicaría cómo algunos de sus mejores amigos en política acabaron siendo sus enemigos o simplemente extraños en su vida. Nunca le perdonó a Juan Ignacio Zoido que aceptara ser el presidente regional del PP. Lo consideró una traición. Arenas quería a toda costa dejar a Antonio Sanz en su lugar, pero Cospedal consiguió que el entonces aclamado alcalde de Sevilla aceptara. «Dejó de llamarle», confiesa un cercano al exministro.

Cualquiera que hiciera declaraciones o algún movimiento fuera de su parecer, aparecía con la cruz en su lista, añade. Algunos de los apoyos a Cospedal en Andalucía coinciden con dirigentes que, de pronto, vieron cómo el 'jefe' dejaba de llamarles: José Antonio Nieto, Joaquín Ramírez, Juan Ignacio Zoido... La sorpresa surgió en Almería, que Arenas siempre vendió como su territorio de adopción. El 'dios' allí no es Arenas, aunque él parecía entender que sí, sino Gabriel Amat, y este optó, de acuerdo con Juan José Matarí, respaldar a Cospedal.

Con ello se visualizó una ruptura de hace varios años de Arenas con uno de sus hombres clave en Génova, Juan José Matarí, explican fuentes del PP almeriense. Tan relevante que fue Matarí, según publicó 'El Mundo' en 2016, quien habló con Luis Bárcenas tras estallar el escándalo sobre la caja B y la financiación ilegal del partido. La amistad de Arenas con Bárcenas y su mujer era conocida. «Quiero comprometerle lo justo», dijo Bárcenas sobre Arenas en el mensaje enviado a Matarí en marzo de 2013. Arenas, que declaró como testigo, siempre ha mantenido desconocer que hubiera una caja B en el PP y del dinero en Suiza de Bárcenas y compinches. En el PP andaluz siempre temieron que Arenas saliera señalado en los casos Gúrtel y Bárcenas, pero lo cierto es que mientras han caído otros de su generación, él «ha salido inmaculado». Su partido siempre ha procurado que estuviera aforado.

Desde 1991 siempre ha procurado tener un pie en Génova y otro al sur de Despeñaperros

Nadie en el PP andaluz parece indiferente a Arenas. Los hay que le detestan, otros que le temen, pero también quienes le defienden a muerte. Arenas siempre ha procurado que sus más leales, como Patricia del Pozo, Rafa Salas o Macarena O'Neill y el aludido Sanz, tengan sitio en la política andaluza.

A poco de cumplir 60 años (los hará el 28 de diciembre), la biografía política de Javier Arenas Bocanegra está plagada de claros y oscuros como la de cualquier otra persona, pero en su caso con una constante poliédrica. Ejerce de gaditano de Olvera, donde se crió por ser su padre médico en el pueblo, pero su verdadera patria chica es Sevilla. Como político, sin embargo, ha hecho gala de cunero por Almería, por el que fue candidato incluso a la Presidencia de la Junta.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y funcionario en excedencia, su trayectoria política comienza con Fernando Álvarez de Miranda en el Partido Demócrata Cristiano en 1977, que luego se integra en la UCD. Fue candidato a las municipales de Sevilla en 1983 por el Partido Demócrata Popular (PDP) de Óscar Alzaga, y con 26 años fue el concejal más joven. Álvarez de Miranda, Alzaga y Manuel Clavero Arévalo son sus referentes políticos, confesó en una entrevista a este periódico en 2011.

Tras no salir elegido de nuevo edil en 1987, se incorpora al refundado Partido Popular en 1989 y pasa a ocupar el puesto de vicepresidente regional en la ejecutiva de Gabino Puche. Ese mismo año es elegido diputado en el Congreso por el PP y en 1991 ya ocupa un lugar destacado en el comité ejecutivo nacional que preside José María Aznar, el de vicesecretario general de organización territorial. Desde entonces siempre ha estado con un pie en Génova –siendo secretario general cuando la mayoría absoluta de Aznar en 2000– y otro al sur de Despeñaperros. En Andalucía ha sido presidente regional en dos etapas, siendo la última desde 2004 a 2012.

Cuatro derrotas

Esta doble faceta de querer estar en Madrid y Andalucía a la vez es la explicación de algunos de sus críticos de no haber desalojado al PSOE de la Junta de Andalucía en 33 años, pese a su vigor político para acogotar a Manuel Chaves y José Antonio Griñán como líder de la oposición. «En el PP nunca se lo han creído», sugiere una analista política.

Arenas, ministro y vicepresidente del Gobierno con Aznar, tuvo olfato cuando apostó por Mariano Rajoy en 2008 en Valencia, lo que le permitió su continuidad en Génova. En su biografía hay un lamparón: Cuatro derrotas en las elecciones a la Junta andaluza. En puridad, tres derrotas. Ganó las elecciones en 2012, pero no fue presidente al no obtener mayoría absoluta y fraguarse la coalición PSOE-IU. Ni a lomos del 'caso ERE', entonces un escándalo de los socialistas andaluces con portadas diarias, logró cabalgar hasta San Telmo. «Mayoría relativa, fracaso absoluto», recogió la portada del 'Abc' que incluye el vídeo hecho viral en la guerra del PP.

De la humillación que le hizo pasar entonces Dolores de Cospedal al forzarle a abandonar la dirección regional del partido y dejarle el testigo a Zoido, vienen estos lodos de rivalidad y división ahora en el PP. En la sucesión de Zoido, que solo duró dos años, Arenas le devolvió la afrenta e hizo que fracasaran los dos candidatos de Cospedal: José Antonio Nieto y José Luis Sanz. Rajoy optó por Moreno y aunque Arenas se arrogó la elección a dedo de Rajoy, a esta contribuyó tanto Santamaría como Jorge Moragas.

Ahora se ha puesto a trabajar por Santamaría, como siempre en las bambalinas, lo que ha provocado que muchos de los cospedalistas andaluces apuesten por Pablo Casado solo por ir en su contra. Aunque habida cuenta de su perfil de apostar a caballo ganador hay quien ironiza: «No nos fiemos, si gana Soraya, es por él, pero si gana Casado, también será por él. Él siempre gana».

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