Sabina reivindica la bandera de «la cultura, el pan y la alegría» en un 28F que vuelve a mirar a Madrid

Foto de familia de todos los galardonados este 28F/
Foto de familia de todos los galardonados este 28F

El doctor Salvatierra, también hijo predilecto como el cantautor, y Susana Díaz rinden tributo a la sanidad pública andaluza

MARIA DOLORES TORTOSA

«En estos tiempos de tribales identidades antisolidarias, uno acepta encomiendas federales si no son desiguales y gregarias. Urge por eso en tan inciertos días, construir puentes, destruir barreras, que sea la verdiblanca la bandera de la cultura, el pan y la alegría». Joaquín Sabina, celebrado hijo predilecto de Andalucía, dulcificó ayer con su discurso en verso la conmemoración del Día de Andalucía, un 28F que, como aquel de 1980, vuelve a estar pendiente de Madrid con cierta crispación. Algo que se debe ahora a la incertidumbre de cuándo habrá nuevo Gobierno de España, aunque desde Andalucía, Junta y oposición han logrado añadir también la inquietud por el debate territorial.

Tanto que los discursos institucionales de la jornada, el de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, el del presidente del Parlamento, Juan Carlos Durán, y las opiniones de los demás líderes políticos, giraron de forma insistente en defensa de la igualdad territorial y en contra de cualquier privilegio autonómico. Díaz incluso introdujo la polémica de las diputaciones provinciales, cuya supresión se incluye en el acuerdo del PSOE con Ciudadanos para la investidura improbable de Pedro Sánchez. «No puedo estar nada más que a favor de que se reformen estas instituciones, pero solo pido que cuando se aborde este asunto se haga teniendo en cuenta la gran tarea que hacen cada día las diputaciones provinciales en los pequeños municipios». Durán, en el pleno institucional en el Parlamento, reivindicó un «pacto institucional» para una financiación más justa para Andalucía y resto de autonomías, algo que respaldó el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno.

En medio de esta zozobra política, los discursos de Sabina y del médico especialista en transplantes Ángel Salvatierra, también hijo predilecto de Andalucía, otorgaron, aún sin obviar el asunto territorial, un remanso de originalidad, paz y sonrisas a una jornada llamada también a la autoestima de los andaluces.

Sabina, quien se definió como un «rojo con abono en la Maestranza» y «ateo que espera a la Esperanza de Triana soñando una saeta», reclamó que se abracen «por fin las dos Españas» y «a los tribunos que nos gobiernan» una patria «decente, audaz, moderna, humana, libre, justa y progresista». «En Andalucía no sobra nadie», dijo también.

El cantautor pidió con sorna un pulmón a su «hermano predilecto» y dijo que ya le hubieran gustado que le hubieran dejado tocar el saxofón en una operación reciente, tributo a la unidad de transplantes del hospital Reina Sofía del que el doctor Salvatierra es miembro y al equipo de neurocirugía del Hospital de Málaga, medalla de Andalucía por su operación de un tumor cerebral a un músico mientras tocaba el saxo.

El médico gaditano dedicó su galardón a su equipo del Reina Sofía en particular y a la medicina pública en general, la «joya de la corona», anotó. Salvatierra reclamó en su alocución más apoyo a la investigación médica, que precisa «de buenos laboratorios e investigadores bien formados, y Andalucía los tiene, pero también precisa de financiación de los proyectos diseñados y para la mejor atención a nuestros pacientes».

Para un especialista tan reconocido como Salvatierra, que ha permanecido en el sistema público pese a lloverle las ofertas de la privada y del extranjero, el sistema sanitario andaluz es «imperfecto como toda obra humana», pero permite que todos los ciudadanos, «sin distinción», puedan acceder a una atención sanitaria de «alta calidad». También agradeció la generosidad de los andaluces, la comunidad con más alto porcentaje de donantes de órganos.

A este tributo a la sanidad andaluza con Salvatierra y los neurocirujanos de Málaga, además de Médicos Mundi, igualmente Medalla de Andalucía, también contribuyó la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Lo hizo además mezclando de forma peculiar este homenaje con la reivindicación de la igualdad territorial: «No creo que haya forma más hermosa de expresar ese valor como cuando sabemos que el corazón de un andaluz donante late ahora en el pecho de un catalán o un madrileño. Da igual lo que piense, a quien vote o el color de su piel, y da igual que tal vez no sepa nunca que ese corazón es de un andaluz, pero es así y debemos estar también orgullosos de ellos».

La ovación más larga en el acto de la entrega de las Medallas y distinciones de hijos predilectos, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, no se la llevó Sabina y tampoco el cantante Manuel Carrasco, sobre quien había también mucha expectación, sino la almeriense Josefina Samper, activista del movimiento feminista y viuda del exlíder de CC OO Marcelino Camacho. Samper caminó hacia la presidenta para recoger su premio con los puños en alto en medio de un gran aplauso.