Yoel y Lolilla buscan su estrella desde los Asperones

Yoel, su madre, Estefanía, y Lolilla posan frente al Mural de las Estrellas de Los Asperones, que reconoce a los graduados del barrio. /FÉLIX PALACIOS
Yoel, su madre, Estefanía, y Lolilla posan frente al Mural de las Estrellas de Los Asperones, que reconoce a los graduados del barrio. / FÉLIX PALACIOS

Asperones Avanza acompaña a un centenar de jóvenes en su paso al instituto

Amanda Salazar
AMANDA SALAZARMálaga

Yoel tiene 13 años y cada mañana pone el despertador a las 7.00 horas para levantarse, desayunar, preparar su mochila y dirigirse a su instituto, el IES Torre Atalaya de la capital, donde estudia 2º de la ESO. Antes le gustaban más las matemáticas, pero ahora quiere ser profesor de Lengua. Su historia no sería muy distinta a la de miles de adolescentes malagueños que cursan los estudios obligatorios si no fuera porque Yoel vive en los Asperones. Es el primero de su familia que va al instituto y su madre, Estefanía Santiago, espera que se convierta en un ejemplo a seguir para sus tres hermanos menores. «Tienen que salir de los Asperones como sea, y si estudian va a tener más oportunidades», afirma mientras que mira orgullosa a su hijo. «Los profesores me dicen que tiene mucha capacidad, yo creo que va a conseguirlo», añade.

Pero no solo es un ejemplo en su casa. Cada historia de superación en esta barriada marginal a través de los estudios es un acicate para que el resto de los niños vean que la educación es vía más directa para el cambio. Así lo creen desde la ONG Incide, que desde hace cinco ediciones está llevando a cabo el programa Asperones Avanza para acompañar a los menores de la barriada y a sus familias en su paso desde el colegio al instituto, una etapa complicada para cualquier alumno, pero que para ellos se hace aún más cuesta arriba.

«Hace varios años, se creó en los Asperones una Mesa de Trabajo en Red en la que participan distintas entidades; comprobamos que había un problema en el paso de los chicos al instituto y que el gran trabajo que hacía el colegio de la barriada –el CEIP María de la O– contra el absentismo y el fracaso escolar de los chicos se perdía, en parte porque los alumnos se dispersan en distintos centros de Secundaria y era más complejo hacer un seguimiento», explica Juan Capitán, coordinador de Asperones Avanza. Incide, junto a MIES, la asociación Chavorrillos por la Igualdad de los Niños Gitanos, Cáritas, ACCEM, el Ayuntamiento de Málaga a través de los servicios sociales, la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA, de la Junta) y la Universidad de Málaga idearon un programa de seguimiento y acompañamiento para estos alumnos.

Asperones Avanza, que se enmarca dentro del programa CaixaProinfancia de la Obra Social 'la Caixa', acaba de arrancar su quinta edición y atiende a 92 jóvenes de entre 12 y 18 años de 63 familias –48 chicos y 44 chicas– que acuden en su mayoría a los IES Torre Atalaya, Campanillas, Torre del Prado, Ciudad de los Niños y Universidad Laboral.

Los técnicos de Asperones Avanza ofrecen apoyo y acompañamiento a los alumnos en sus estudios, sobre todo los primeros años, y median entre las familias y los centros cuando tienen que reunirse con los profesores o hay algún problema. «Aunque no sustituimos a los padres o a los profesores, solo hacemos de catalizadores», dice Manuel J. Moreno, uno de los tres educadores sociales que trabajan directamente con los jóvenes, quien señala que tan importante es que no se sientan solos como fomentar su motivación y autonomía. Además, ofrecen apoyo al estudio en una instalación a la entrada del barrio «porque muchos alumnos no tienen espacio o ambiente de estudio en casa», indican.

«Hay un abismo entre el María de la O y los institutos; en el colegio, están con otros niños del barrio, con situaciones muy parecidas y aislados de lo que hay fuera, pero cuando salen a Secundaria se ven perdidos y se corre el riesgo de que tiren la toalla», señala Manuel J. Moreno. «Llegan con el estigma de ser de los Asperones y sobre todo el primer curso de la ESO, tenemos que trabajar mucho porque en el barrio los problemas llegan muy pronto por la situación social y la inercia es la del abandono», añade.

Superar el estigma

Un problema que es aún más acusado con las chicas. «Las niñas son las que más se gradúan, cuando se proponen estudiar, lo consiguen», dice Lorena Molina, otra de las educadoras sociales. «En el caso de ellas, el problema llega cuando a los 13 ó 14 años empiezan a pensar más en los novios y en formar una familia que en la escuela», añade otro de los educadores, Pedro B. Moreno.

No es el caso de Dolores, de 17 años, a la que todos conocen como Lolilla. Ella ya se ha graduado en la ESO en la Universidad Laboral. Pronto, verá colgada su estrella en el mural del María de la O donde se reconoce el esfuerzo de los que consiguen la titulación –ya son 54 graduados. «Se puede tener novio y seguir estudiando, yo lo tengo claro, no tengo prisa para formar una familia», señala Lolilla, que se ve en el futuro siendo maestra de Educación Infantil. Es la segunda de cuatro hermanas, pero es la primera de la familia que consigue graduarse y su ejemplo ya ha conseguido sembrar la semilla en su hermana menor, que está siguiendo sus pasos. «Yo no noté tanto el cambio porque mis padres desde pequeñas nos mandaron a estudiar fuera de los Asperones; la gente no se lo cree cuando les digo que soy gitana y de los Asperones porque tienen un prejuicios sobre la gente que vive aquí, pero desconocen la realidad», dice Lolilla.

Aula inclusiva para alumnos expulsados

Otra de las novedades de Asperones Avanza es la de un Aula Inclusiva en horario de mañana para atender a los alumnos que han sido expulsados de sus institutos. Los educadores sociales trabajan con ellos para que cambien su conducta y se pongan al día con sus deberes como una forma de demostrar al centro educativo que van a mejorar su actitud. «Si son expulsados, saben que vamos a ir a buscarlos a casa», señala Manuel J. Moreno, técnico del programa, «y cuando vuelven le damos al instituto una valoración sobre lo que han hecho en ese periodo de expulsión», detalla. El Aula Inclusiva atendió el año pasado a 25 niños y de ellos 13 mejoraron su conducta, es decir, que no se repitieron las expulsiones.

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