Un verano inolvidable para AVOI

Eduardo Ortuño ejerce de monitor en el campamento del pasado año. /SUR
Eduardo Ortuño ejerce de monitor en el campamento del pasado año. / SUR

El campamento de agosto es una de las actividades más importantes para niños y voluntarios

CLAUDIA SAN MARTÍN

Si la alegría, el amor y la amistad son tres elementos necesarios para superar cualquier bache, a la hora de enfrentar una enfermedad se vuelven imprescindibles. De este tema saben mucho las más de dos mil personas que trabajan en la Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil (AVOI), y que desde hace 26 años se desviven luchando para hacer reír a los niños y niñas de la cuarta planta del Materno Infantil de Málaga. Estos voluntarios no necesitan apenas presentación, su labor encomiable habla por sí sola, y es que no ha habido un año en el que no hayan llevado a cabo hazañas dignas de mención y medalla.

Entre estos héroes sin capa que luchan cada día para que los pequeños vivan su infancia feliz dentro y fuera del hospital, la sonrisa de Eduardo Ortuño brilla especialmente por la historia que esconde detrás. Con tan sólo 8 años, a este malagueño le detectaron un tipo cáncer (linfoma de Hodking) que afecta abrasivamente al sistema inmunitario. Fueron tres largos meses de lucha dentro del hospital que Ortuño recuerda vagamente: «He descubierto un diario que mi padre escribió desde el primer día que entré en el Materno hasta que salí, y gracias a eso tengo frescas muchas cosas que se me habían olvidado», confiesa.

El joven malagueño Eduardo Ortuño recibió la ayuda de la asociación cuando fue paciente de Oncología Infantil y ahora se vuelca cada verano como monitor

A pesar de que el recuerdo pueda parecer amargo, este joven de 29 años evoca su estancia en el hospital como «feliz» gracias a los voluntarios de AVOI, que estuvieron con él luchando contra el cáncer: «Recuerdo los juegos y la diversión. Yo corría por la planta con mis amigos, nos tirábamos por el suelo y hacíamos carreras. Dentro del ámbito hospitalario un niño se lo puede pasar bien gracias a AVOI», cuenta Ortuño. Ya con 18 años y habiéndole dado un portazo a la enfermedad, este malagueño decidió devolver todo lo que le habían regalado y ser también voluntario ayudando a otros niños que viven su situación.

El campamento de verano, una de las actividades más esperadas.
El campamento de verano, una de las actividades más esperadas. / SUR

Durante ocho años, Eduardo iba al hospital cada sábado «a jugar» con ellos, y ahora no se pierde ninguna actividad que AVOI tenga entre manos. Sin ir más lejos, este joven fue uno de los 205 que emprendieron uno de los viajes más emocionantes y solidarios emprendidos desde la provincia: el Camino de Santiago. Con los ojos vidriosos recuerda los días tan intensos que vivieron entre amigos y la esperada llegada a la plaza del Obradoiro: «Cuando mis amigos me preguntan cómo lo pasé en el Camino no puedo ni describirlo. Fue una experiencia tremenda», reconoce.

La cuenta atrás

Ahora, con algunas fechas ya marcadas en el calendario (las casetas de AVOI en el Real de la Feria de Málaga y el esperado campamento de verano), Eduardo Ortuño no piensa perderse ni una de estas citas. «Cuando era pequeño estaba todo el año esperando que llegara el campamento. No nos importaba la enfermedad, hacía muchas gamberradas con mis amigos». Recuerda con melancolía cómo, por ejemplo, se escondió un día dentro de un horno de cocción para evitar hacer manualidades después de comer.

Este año, a finales de agosto, alrededor de 70 niños y niñas acompañados de 40 voluntarios y personal sanitario volverán a vivir una de las mejores aventuras del año que se lleva organizando esta asociación desde hace 15. En el campamento Entrerríos de Mijas no hay lugar para el aburrimiento. Durante cinco días las actividades, juegos y dinámicas que se organizan son por y para los pequeños, para que lleven su sonrisa por bandera y vivan la infancia que se merecen. «Cuando ves en el Materno a un niño algo reducido y bajo en defensas, luego te lo encuentras en el campamento y parece otro», cuenta Ortuño, haciendo hincapié en la importancia de que los niños se relacionen unos con otros en este tipo de actividades y salgan «de la burbuja» para que el proceso de curación sea aún más rápido.

«El Camino de Santiago con AVOI fue todo alegría, abrazos; u na experiencia única y preciosa»

Manuel Calvo, el delegado de Voluntarios de La Caixa, fue uno de los malagueños que junto con los niños de oncología del Materno Infantil, sus padres, personal sanitario, miembros de AVOI y de la Asociación Jacobea de Málaga, emprendieron una de las caminatas de peregrinaje más antiguas y transitadas del mundo, esta vez con una meta y un deseo especial: cumplir el sueño de Dani, el pequeño al que le regalaron durante su estancia en el Materno un bastón de peregrino, y fomentar la donación de médula.

Un mes después, Calvo recuerda estos días con especial ternura y emoción, experiencia que vivió también con otros cuatro voluntarios de La Caixa: «En la primera etapa nos llovió, pero la reacción de los niños fue increíble. Veían bonitos hasta los charcos en el camino, les dio exactamente igual la lluvia», cuenta. Lo que más le sorprendió fue que después de las caminatas diarias, con una media de 18 kilómetros, los pequeños siguieran jugando incansablemente una vez llegados al hospedaje: «Los médicos fueron comentando a lo largo del Camino que la situación de muchos niños era mejor de la que les correspondía», es decir, que ni el cansancio ni la lluvia podían mermar sus ganas de pasarlo bien y disfrutar con sus amigos y familiares.

«La llegada a la plaza de Obradoiro fue lo más emocionante. En general el Camino con AVOI fue todo alegría y abrazos. Una experiencia única y preciosa», relata Calvo, reconociendo que, aunque no esperaban recibir nada a cambio, lo que se han llevado de este viaje ha sido «más gratificante y fantástico que cualquier otra cosa».