Madre sí hay más que una

La asociación Red Madre celebra su décimo aniversario acompañando a mujeres que se enfrentan a la incertidumbre de un embarazo

Ana Belén, de 28 años, sonríe en la sala de espera de Red Madre con su pequeño A., de dos meses, en brazos/Fernando González
Ana Belén, de 28 años, sonríe en la sala de espera de Red Madre con su pequeño A., de dos meses, en brazos / Fernando González
Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Ana Belén (28) pensaba que tenía todo a lo que se puede aspirar en una vida confortable –«mi thermomix, mi iphone 7, mi cochecito, mi carrera y mi niño», enumera– hasta que todo «se fue al carajo». «Perdón por la expresión», se disculpa mientras enlaza con 'eso otro' que hizo que su «palacio» se viniera abajo: el complicado divorcio de sus padres, el darse cuenta que ese «muchacho guapito, con tatuajes y con el 'rollo' que a mí me gustaba» al que había conocido en el trabajo un año antes en realidad arrastraba los «vicios» que la ponían de nuevo frente al espejo de lo que había visto en casa desde siempre y, en fin, un embarazo que la apartó de ese trabajo y de sus estudios de Relaciones Laborales y que llevó en solitario desde los tres meses de gestación porque decidió decir 'basta' a tiempo. «No estaba dispuesta a pasar por eso de nuevo con mi expareja, pero me vi condenada a repetir en solitario la crianza de mi segundo hijo», admite Ana Belén mientras mira hacia abajo y cruza sus ojos con los de su bebé, de dos meses, que mama de su madre como si todo eso no fuera con él. O sí, porque el pequeño A. se ha sumado a la familia de tres de esta joven que tuvo a su primer hijo con 19 años pero que «nunca», «ni siquiera siendo tan joven con el primero», se planteó «no tirar p'alante» con lo que venía. Aunque eso no quiera decir que haya sido fácil.

Tampoco parece que vaya con él –o sí– el relato que M., de cinco meses, escucha de su madre, que también lo calma en su pecho porque ha llegado la hora de su toma. Laura (30) en realidad no se llama así: escoge nombre para que su nueva familia política no sepa «todo lo que pasó» en su otra vida, con un 'ex' que la mezcló en sus problemas con la justicia y que a punto estuvieron de mandarla también a ella directa a la cárcel. En medio de esas idas y venidas a los juzgados descubrió que estaba embarazada de su primer hijo, y a diferencia de Ana Belén ella sí tuvo claro «lo de abortar» porque no quería eso para su bebé. Cuando le comunicó la decisión a su madre, ella le pidió que se diera «una oportunidad» y que escuchara a Ana Medina, voluntaria de Red Madre. Después de una larga conversación y de hacerse la primera ecografía, donde escuchó el latido de su bebé, Laura supo que si todo aquello terminaba en la cárcel, al menos haría el camino con su hijo, que hoy tiene tres años y que se ha convertido en el hermano mayor de M. «¿Que cómo la convencí? Aquí no convencemos a nadie. Sólo les explicamos lo que hay?», interviene Medina, que rápidamente teoriza sobre qué es 'lo que hay': «Lo que hay es un bebé, no un montón de células ni un coágulo ni nada por el estilo, que es lo que trata de imponerse desde la sociedad. Con esa información, ellas deciden libremente si quieren ser madres de un hijo muerto o de un hijo vivo. Y por supuesto siempre se las respeta en la opción que tomen». Ana deja al margen de su discurso el concepto de 'lo moral' y prefiere agarrarse a la experiencia que le han dado los años en primera línea de atención a madres de toda condición que se enfrentan a la incertidumbre de no saber si serán capaces de criar a sus hijos. Y con esa experiencia confirma que «el aborto siempre supone una tragedia para las madres». Lo sabe porque la asociación Red Madre, que celebra su décimo aniversario, también da cobijo con atención psicológica y «calor humano» a aquellas que decidieron no exponerse a esa incertidumbre e interrumpir la gestación.

Cómo ayudar

Donaciones
Más allá de los recursos económicos, Red Madre está siempre abierta a recibir donaciones de enseres de bebé en buen estado: cochecitos, cunas, tronas, bañeras, ropa de bebé o embarazada, etcétera.
Dónde están
Red Madre tiene dos sedes en Málaga. En la capital se encuentran en calle Jaboneros, 7 (teléfonos 951 382 911 o 608 869 867) y en Fuengirola en la avenida Ntro. Padre Jesús Cautivo, 13- 2º (Concejalía de Igualdad y Juventud) y en el teléfono 650 215 345.

Pero aquí, insisten, «no se juzga a nadie». No se juzgó a Latifa (41), una madre de familia de origen marroquí asentada en Málaga desde hace 19 años que no se vio capaz de sumar a «todos los problemas» un tercer hijo y que decidió no seguir con su embarazo. Pero al poco llegó otro, y fue entonces cuando descubrió que en Red Madre podrían ayudarla: en lo material con el que venía y en lo emocional con el que nunca terminó de llegar. «Venir aquí me da paz», dice en un español que deja bastante que desear y que se quiebra definitivamente cuando piensa que en su familia falta uno. Latifa llora mientras se agarra fuerte a la mano de Ana, que recuerda como si fuera ayer el día en que ella se presentó en la asociación diciendo que había cometido «una locura». «No dinero, hijos, papeles...», dice en un susurro.

Podría pensarse que el caso de Latifa termina por dibujar un perfil común a las usuarias que son atendidas en Red Madre: mujeres vulnerables que no se ven capaces de seguir adelante por una cuestión de recursos. Y nada más lejos de la realidad. «Aquí hay de todo», confirma Gracia Rivas, que hace ocho años asumió la presidencia de la asociación y que ha convertido en «lo más importante» de su vida la asistencia a todas ellas. Adolescentes –hay muchas–, madres de familia, extranjeras y españolas, con riesgo de exclusión social o con una posición desahogada, empleadas de toda condición, universitarias y hasta empresarias. En total, más de 1.500 mujeres desde que este colectivo comenzara a funcionar en Málaga en 2008. «A cada una le damos lo que necesita», añade Rivas, cuya labor se suma a la de otra veintena de voluntarias –también ha habido voluntarios, pero justo ahora no cuentan con ninguno– dispuestas a acompañarlas las 24 horas del día.

Parte del equipo de Red Madre
Parte del equipo de Red Madre / Fernando González

Ésa es quizás la palabra clave: el «acompañamiento» en la crianza, que en algunos casos se traduce en toda la infraestructura material necesaria durante el primer año y medio del bebé (desde pañales y leche hasta un carrito) o bien en el asesoramiento en frentes como el laboral, el sanitario o el jurídico. Y sobre todo el humano: muchas de las voluntarias han estado hasta en los partos de las mujeres si ellas lo necesitan. «Yo he estado en tres, en directo. Y a las puertas del paritorio otras cuantas veces», enumera Ana Medina contando con los dedos de las dos manos y haciendo bueno ese íntimo convencimiento de que para dar 'calor de madre' no hace falta parir. Y también de que a veces (estas veces), madre sí hay más que una. Sólo conociendo estos detalles se entienden los besos 'de abuela' –de esos sonoros y húmedos en los mofletes– que se escuchan en la salita de espera de Red Madre cada vez que entra uno de sus 'niños'. Muack, muack, muack.

«¡Míralo cómo está de hermoso!», «¡Y cuánto pelo!», celebra una de las voluntarias al encontrarse con el pequeño P., de cinco meses, uno de los últimos en incorporarse a esta gran familia en la que se ha convertido Red Madre. Su madre, Yasmin, tiene 17 y aunque aún es menor para salir mostrando su rostro en este reportaje no lo fue para decidir que lo que ella quería en la vida –«lo que realmente quería», insiste con su bebé en brazos– era ser madre. Para ella, saber que estaba embarazada de su novio de 18, con el que compartía techo en la casa de los padres de él, fue una auténtica fiesta. Pero la euforia en su pareja se fue esfumando a medida que pasaban los meses de embarazo, y ni quiera había dado a luz cuando Yasmin supo que «no quería estar con él». Cuando el pequeño P. nació y a los siete días de vida tuvieron que ingresarlo en la UCI por una bronquiolitis, se cayeron muchas vendas ante los ojos de esta adolescente malagueña, enfrentada de repente «al peor momento» de su vida. «Al darle el alta me fui directamente a casa de mi madre y rompimos cuando el niño tenía dos meses. Ahora sólo hablamos para discutir (...)», admite Yasmin, que aspira a ser camarera «o algo por el estilo» y que llegó a Red Madre con su bebé «para que me ayudaran a sentirme segura y a recuperar la confianza». La joven mantiene casi intacto ese sueño de «ser madre», aunque agradece la mano tendida de las voluntarias para recorrer un camino que apenas ha dejado distancia entre los juegos con las muñecas y los juegos con los bebés. Con los de verdad.

«Me vi condenada a repetir en solitario la crianza de mi segundo hijo», dice Ana Belén

Porque las historias de Ana Belén, Laura, Latifa y Yasmin están dibujadas en los márgenes de esas expresiones tan manidas que celebran que los bebés vienen con un pan debajo del brazo o que ser madre es lo mejor que le puede pasar a una mujer. No siempre es tal fácil, aunque tampoco es imposible. Las cuatro se recrean en las caritas de sus niños –eso sí–, pero asumen la crianza de los suyos como un auténtico reto. Laura, por ejemplo, pasó de estar «con un pie y medio del otro en la cárcel» a tratar de enderezar su vida y las de sus dos hijos con su trabajo como camarera de piso y con un sueldo del que tiene que reservar «unos 200 euros al mes» para pagar la multa de 10.000 euros a la que fue condenada. «Y voy saliendo poco a poco», suspira Laura, que hasta el año que viene está en libertad condicional y que gracias a la asistencia jurídica de Red Madre le ahorró a su bebé el trago de una madre en prisión.

También se afana ahora en recomponer las piezas de su «palacio, o al menos de una torre» Ana Belén, que da por bueno todo lo pasado cuando ve al pequeño A. dormir en su carrito. Por él y por J., de ocho años, está dispuesta a «tirar como sea». Lo único que pide –ahora sí como cualquier madre del mundo– es que sus niños «crezcan sanos». Porque ella, como adulta, lleva en su mochila todo 'lo-suyo' e incluso es capaz de hablar de ello con distancia y hasta con un saludable sentido del humor, pero se rompe en dos cuando recuerda que el mayor «estuvo a punto de morir hace unos años por las complicaciones de una otitis». «Le dio una trombosis y se quedó sordociego, aunque hoy gracias a Dios está perfecto», resuelve Anabel zanjando también así el capítulo más doloroso de su vida. Por delante, el reto de volver a su carrera –que ha dejado temporalmente aparcada para no perder la beca–, encontrar un trabajo que le permita disfrutar de sus hijos y tener lo suficiente para mudarse a una casa propia: ahora vive con sus dos pequeños en la 'finquita' de una amiga que le cobra un precio simbólico a cambio de que «yo esté allí para que no entren ni los okupas ni los bichos». A esa amiga y al resto de todas las que le acompañan en el camino las llama «mi matriarcado, las que no me dejan caer». Y luego están las de Red Madre, con las que hasta se permite la «debilidad» de mostrarse con todos sus miedos, «de hablar de algunas cosas que en otros casos me darían vergüenza (...) porque la gente está contigo cuando estás arriba, pero muy pocos se agachan a recogerte», admite Ana Belén, confiada en que ahora ya no caerá sobre suelo, sino sobre una red. Y que allí estarán esas otras 'madres' para sostenerla cuando todo –perdón por la expresión– se vaya al carajo.

'Nunca estarás sola': así se hace el trabajo en red

En esa declaración de intenciones que las mujeres encuentran a modo de lema –«Nunca estarás sola»– en cada rincón de Red Madre se condensa una forma de trabajar que responde, literalmente, a esa promesa. De hecho, el cordón umbilical que termina por unir a esta asociación con sus usuarias tanto en la sede de Málaga como en la de Fuengirola y también en el resto de las 42 que hay en España, se alimenta de la asistencia material –hasta el año y medio del bebé y en el caso de que la madre no tenga recursos–, pero también de otra atención más especializada: la sanitaria, la laboral, la legal o la psicológica forman parte de ese trabajo en red que se sustenta gracias a la colaboración de profesionales voluntarios y de la coordinación con otras asociaciones.

El capítulo de los recursos lo cubre Red Madre gracias a las cuotas mensuales de sus 80 asociados, a una subvención anual de 3.000 euros del Ayuntamiento de Málaga –que también les ha cedido el local– y a una nueva aportación que en este caso llega de la Junta de Andalucía y que en 2018 se traducirá en 8.000 euros en pañales y en leche. También gracias a cenas solidarias como la que celebrará el próximo 19 de octubre en el Club Mediterráneo.

A pesar de que la ayuda económica resulta imprescindible para sacar adelante el proyecto, el gran reto pendiente de Red Madre sigue siendo el de la difusión, sobre todo entre las mujeres que ya han sido madres y que con el paso del tiempo se deshacen de enseres como cunas, carritos, tronas, bañeras o ropa de bebé y de embarazada. «Aquí todas las donaciones que estén en buen estado son bien recibidas», avanza su presidenta, Gracia Rivas, quien solicita un esfuerzo 'extra' y generoso por parte de guarderías, escuelas y familias que ya no van a utilizar ese material infantil y que en las manos de Red Madre tienen una segunda oportunidad.