La gran revolución de la integración social

Una de las actividades realizadas en Álora por parte de la asociación Imagina./SUR
Una de las actividades realizadas en Álora por parte de la asociación Imagina. / SUR

La asociación Imagina impulsa Pueblos de Colores , un proyecto de inserción para personas con diversidad funcional en Álora y Pizarra

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Algo ha comenzado a moverse en los corazones de Álora y Pizarra. Un pequeño deseo ha desencadenado una gran revolución que remueve cada semana el espíritu y las ganas de vivir de una treintena de personas con diversidad funcional. Se trata del proyecto solidario Pueblos de Colores, ideado e implementado por la asociación Imagina, un colectivo dedicado a la integración social en las zonas rurales y los municipios más pequeños de la provincia de Málaga, que esta vez se ha centrado en jóvenes para los que no hay suficientes actividades, aunque atienden a usuarios de todas las edades.

María José Subires y Laura Aguilar son las responsables de la asociación, y explican que el germen de esta iniciativa nació en las barriadas de Pizarra, donde llevaban a cabo varias actividades de dinamización social. Allí detectaron que había «muchos chavales que se quedaban fuera de las actividades». Fueron los propios voluntarios los que les hicieron ver que les faltaba «formación» para hacer frente a la gran demanda que había en los dos municipios. «Nos transmitían que había una necesidad enorme sin atender, que en las escuelas de verano no se aceptaban determinadas diversidades funcionales; hablaban de un verdadero problema de exclusión», recuerdan.

Una vez detectado el problema, comenzaron a buscar fórmulas con las que conseguir fondos para implantar un proyecto que respondiera a esa falta de recursos. «Vimos la convocatoria de La Noria –programa de Apoyo a la Implementación de Proyectos de Innovación Social de la Diputación de Málaga con la financiación de la Obra Social 'la Caixa'– y decidimos diseñar un proyecto adaptado a este entorno», señalan. Se pusieron en contacto con los colegios, asociaciones y los asistentes sociales de los dos ayuntamientos para detallar las necesidades de la actuación. Una vez aprobada la iniciativa en julio, Pueblos de Colores cuenta con 15.000 euros hasta noviembre para implantar sus actividades, que están organizadas de forma semanal.

Cada mes está centrado en una temática en torno a la que giran las actividades y salidas

«Este proyecto destaca porque se trabaja de forma semanal, no podíamos centrarnos en dar cuatro charlas, teníamos que actuar de forma directa», comentan en una cafetería de Pizarra, donde han quedado con las cuatro especialistas que coordinan las actividades.

Una vez a la semana, los dos municipios se llenan de color, y las monitoras hacen su magia particular. Nazaret González, monitora en Pizarra, y Ana Belén Calderón, de Álora, explican que el verano ha sido algo más complejo por las dificultades del calor, aunque los resultados son siempre impactantes: «Muchos de los mayores sólo salen a la calle cuando lo hacen con nosotros». Las actividades están divididas en temáticas mensuales, y parten de lo más rutinario, como puede ser ir al cine, hasta excursiones a la capital o a participar en fiestas populares. Todo vale para poner fin a la exclusión:«Para muchos se trata de su primera vez en el tren, en la calle con sus 'colegas' o en una feria».

Cocina y visitas culturales

En el mes temático de la psicomotricidad y la independencia contaron con una asociación de vida independiente que les enseñó desde talleres de planchado a cómo preparar un sandwich y demás cocina fácil. Agosto fue el mes de la creatividad, y culminó con una salida al Museo Picasso Málaga, mientras que el septiembre de la música y el cine concluirá con un encuentro con un músico local, además de un intercambio europeo juvenil en Málaga en contra del bullying a través de las artes. Octubre estará centrado en los animales y sus productos, con visita incluida a la granja escuela de Cerralba (Pizarra). Noviembre girará en torno a la huerta y los productos de temporada, que finalizará con una visita al huerto urbano de La Noria.

Paqui Nacimiento, monitora en Pizarra, recuerda que la Escuela de Circo participó con el proyecto, haciendo un taller de malabares que causó furor entre los chavales. «Todo el mundo colabora con nosotros una vez sabe lo que estamos intentando hacer». Jenifer Estrada, que también participó en la redacción del proyecto, hace un balance «muy positivo» de este porque los resultados son «increíbles». No obstante, asegura que esto debería ser el principio de algo «más grande».

Todos los participantes coinciden en que lo ideal sería que el proyecto se hiciera permanente

A la cafetería también llegan Mariola Vergara, concejala de Bienestar Social, igualdad y participación ciudadana del Ayuntamiento de Pizarra, y Carlos Dimas, concejal de Juventud y Educación de Álora. Los dos coinciden en que es «fundamental» apoyar esta iniciativa. Además, desde principios de septiembre, Pueblos de Colores organiza sesiones mensuales con las familias de los usuarios y una psicóloga especializada en resolver sus dudas. «Padres y madres ponen en común sus inquietudes y sus necesidades, y así satisfacemos uno de nuestros objetivos principales: ayudar no solo a las personas que sufren alguna diversidad funcional, también a su entorno», añade Subires.

«Otro de nuestros objetivos es fomentar el empleo en los dos municipios», destaca Aguilar. Fueron los voluntarios y los educadores especiales los que les alertaron de la necesidad de llevar a cabo una iniciativa de este tipo, por ello, una vez han dispuesto de los fondos necesarios han contado con ellos en una especie de retorno que termina de cerrar el círculo de la revolución integradora.

Monitores, concejales y participantes coinciden con Estrada en quelo ideal sería que el proyecto dejase de ser algo temporal para convertirse en una alternativa a largo plazo para los usuarios.

«La vida de mi hijo ha cambiado por completo, y la mía»

Antonia Vergara es madre de uno de los usuarios de Pueblos de Colores: «Se agradece muchísimo, le ha venido muy bien, él está muy contento, esto debería durar para siempre». Esta mujer tiene un hijo de 31 años cuya diversidad funcional le exige una atención constante. Ahora, gracias a las actividades de Imagina, el joven conoce mundo y desarrolla sus capacidades, mientras que su madre tiene «un ratito» para sus cosas. «Los días que le toca se levanta con mucha alegría. La vida de mi hijo ha cambiado por completo, y la mía», afirma.

Loli López, madre de María de la Paz Pacheco, acude al encuentro con SUR y las responsables para compartir los avances que ha hecho su hija. Desde lo más básico, como puede ser jugar en compañía de amigos, hasta otros talleres más específicos con los que trabajar capacidades concretas, María de la Paz agradece con una sonrisa los gestos de cariño y atención con los que las monitoras se centran en ella. «El programa es maravilloso», apunta Loli. Ambas madres representan la importancia y el valor que tiene que Álora y Pizarra sean de colores.

 

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