Los 'campeones' de La Trinidad

Jesús M. Bueno (izda.) y Jorge de Miguel conviven desde hace más de un año en uno de los pisos escuela junto a otro compañero. /Migue Fernández
Jesús M. Bueno (izda.) y Jorge de Miguel conviven desde hace más de un año en uno de los pisos escuela junto a otro compañero. / Migue Fernández

Personas con discapacidad intelectual aprenden a ser autónomas conviviendo en dos pisos escuela que gestiona la asociación AVI

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Con la película 'Campeones', Javier Fesser ha conseguido dar visibilidad a las personas con discapacidad intelectual, contribuyendo a eliminar prejuicios y a reconocer su esfuerzo por superarse cada día. A través de la gran pantalla millones de espectadores se han acercado a una realidad que numerosas familias viven de primera mano, con niños y niñas, hombres y mujeres que se crecen ante sus dificultades para conseguir aquello que se proponen. En muchos casos, ayudados por colectivos como la Asociación para la Vida Independiente (AVI) de Málaga, que lleva a cabo un programa para que personas con diversidad funcional aprendan a ser autónomas, poniendo a su disposición dos pisos escuela en el barrio de La Trinidad en los que se les enseña a cocinar, limpiar, hacer la compra, manejar el dinero o coger el autobús. Todo con la idea de que puedan valerse por sí mismos y depender de otras personas lo mínimo posible, dentro de las necesidades y capacidades de cada uno.

«Este programa me ha aportado la experiencia para manejarme yo solo en una casa y poder vivir de forma independiente» jorge de miguel, 48 años, usuario del programa

«Limpiar se me daba más o menos bien, pero he aprendido a cocinar; creo que ya me podría quedar solo sin problemas» jesús manuel bueno, 23 años, usuario del programa

«Nuestra mayor preocupación es qué pasará con nuestro hijo cuando faltemos; ahora estamos más tranquilos» josé fernández, padre de un usuario

Jorge de Miguel, de 48 años, y Jesús Manuel Bueno, de 23, ambos con discapacidad intelectual, llevan más de un año conviviendo en una de estas viviendas. Residen allí durante una semana completa y la siguiente la pasan en casa con su familia. «Este programa me ha aportado la experiencia para manejarme yo solo y poder vivir de forma independiente», señala Jorge. «Limpiar se me daba más o menos bien, pero aquí he aprendido a cocinar», añade su compañero, que dice orgulloso que se podría quedar solo en casa «sin problemas».

Antes de entrar en este piso, que supone la tercera fase del programa 'Escuela de vida independiente', residieron durante una temporada en otro cercano, primero durante unas horas al día (primera fase) y posteriormente fines de semana alternos completos (segunda fase). Durante la estancia participan en talleres de cocina, de manejo de dinero o de convivencia y se les evalúa para comprobar si están preparados para subir de nivel. Al principio del programa, en las fases 1 y 2, los chicos y chicas están acompañados por un monitor las 24 horas del día, mientras que en la tercera sólo se les supervisa un par de horas diarias para comprobar que todo está en orden. Es el principio de una vida independiente.

Elegir los menús

Nada más llegar al inmueble, ya sea un lunes por la mañana o un viernes por la tarde si sólo van a quedarse el fin de semana, los 'inquilinos' se distribuyen todas las tareas y hacen la lista de la compra después de elegir las recetas que van a elaborar. Un monitor les acompaña y les ayuda en caso necesario, aunque se pretende que ellos por sí mismos puedan decidir y resolver problemas. Después van a hacer la compra y uno de ellos, el responsable de la semana, se encarga del pago y de comprobar el cambio. Se les ayuda a elaborar los platos más complicados de la semana, y el resto los hacen ellos mismos a diario. El miércoles reciben la visita del psicólogo y el jueves tienen un taller de convivencia. El sábado es el día más esperado por todos porque eligen un plan de ocio para hacer junto a otros usuarios de la asociación, mientras que el domingo tienen que hacer la limpieza a fondo de la casa.

Durante la estancia a los chicos y chicas se les enseña a cocinar, limpiar, hacer la compra, manejar un presupuesto o coger el autobús

Algunos días reciben la visita de familiares y/o amigos a los que ellos mismos les preparan la comida. «Mi plato estrella es la tortilla de patatas y los huevos fritos, y ya también sé hacer macarrones», apunta Jesús Manuel, que tras salir del taller de empleo está con los preparativos del almuerzo mientras Jorge friega unos vasos. En un rato llegará Alejandro, su tercer compañero de piso, para terminar de hacer el menú.

Una vez que superan la tercera fase y los educadores y el psicólogo de la asociación consideran que ya están preparados para vivir de forma autónoma, se les acompaña en la búsqueda de un piso que se adapte a sus necesidades y que puedan compartir para ayudarse mutuamente y reducir los gastos. Así lo explica la presidenta de AVI, Ana Janssen, una de las fundadoras de esta asociación, que crearon un grupo de madres en 2011 preocupadas por el futuro de sus hijos. Su hija, con síndrome de Down, ha sido una de las usuarias de este programa, que terminó satisfactoriamente.

El futuro sin los padres

El hijo de José Fernández pasa dos fines de semana al mes en uno de los pisos escuela. Padece retraso madurativo y una hemiplejia que le impide realizar ciertas acciones, pero desde que acude a AVI, Alejandro, de 33 años, ha conseguido varios logros: «No se hacía la cama ni cogía un cuchillo para cortar el pan y ahora lo hace sin problemas y no le tiene miedo a la cocina. Nuestra mayor preocupación como padres es qué pasará con nuestro hijo cuando faltemos, pero gracias a esta asociación estamos más tranquilos», señala.

Actualmente 18 usuarios –cuatro chicas y 14 chicos–, la mayoría con discapacidad intelectual, realizan estancias en los dos pisos de La Trinidad, cedidos por el Ayuntamiento de Málaga en el marco de la Escuela Municipal para la Promoción de la Vida Independiente que puesta en marcha por el Consistorio de la capital y la Agrupación de Desarrollo Málaga Accesible. Por cada fin de semana las familias pagan 60 euros, mientras que por dos semanas completas al mes abonan 140 euros. Además, los usuarios tienen que ser socios, con una cuota de 10 euros mensuales. Unos costes que van a aumentar próximamente puesto que la asociación está pasando por una situación económica «complicada», tal y como advierte la presidenta, que señala que necesitan socios, colaboradores y patrocinadores, así como voluntarios.

Además del programa 'Escuela de vida independiente', en AVI se llevan a cabo diferentes talleres, entre ellos uno de empleo, así como el Club de Amigos, en el que se realizan salidas y actividades de ocio para fomentar la creación de nuevas amistades.

Una cafetería como futuro centro de empleo

En su afán por favorecer la autonomía de las personas con discapacidad, la Asociación para la Vida Independiente (AVI) ha organizado, con la financiación de la Obra Social 'la Caixa' y la colaboración de la Diputación a través del centro de innovación social La Noria, un curso de hostelería básica para camarero y pinche de cocina que comenzará el 15 de octubre en una cafetería de Benalmádena-Costa. Los participantes recibirán formación, tanto teórica como práctica, durante 80 horas a razón de tres horas diarias dos días a la semana por la tarde.

El establecimiento, que actualmente no está operativo, pertenece a un miembro de la asociación que lo ha cedido a bajo coste para esta iniciativa. La idea para una segunda fase, según explica Javier Gutiérrez, coordinador de proyectos de AVI, es que esta cafetería se convierta en un centro especial de empleo. Por las tardes se impartiría formación, mientras que por la mañana se abriría al público «para servir desayunos saludables», convirtiéndose en una oportunidad laboral para personas con diversidad funcional. Los interesados en asistir a este curso pueden informarse en el teléfono 658 33 95 43 y en el email info@avimalaga.org.

 

Fotos

Vídeos