Bancosol, dos décadas contra el hambre en Málaga

Bancosol, dos décadas contra el hambre en Málaga

El Banco de Alimentos cumple 20 años repartiendo comida en la provincia, donde aún atiende a 48.000 personas

Amanda Salazar
AMANDA SALAZARMálaga

En el almacén del Banco de Alimento de la Costa del Sol Bancosol, en el polígono de Trévenez, la actividad nunca cesa. En estos días, los voluntarios trabajan para reorganizar los alimentos que se repartirán a las familias sin recursos de la provincia. Tienen que dejar vacía una de sus dos naves porque están a punto de recibir 75.000 kilos de alimentos provenientes del Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD), el antiguo FEGA. Es uno de los dos programas públicos que gestiona Bancosol –el otro es el plan andaluz FAGA–. El resto de los productos llegan por donaciones directas en Mercamálaga, de la industria agroalimentaria o por las campañas como la Gran Recogida u operaciones kilo que se desarrollan durante todo el año.

Este año, debido a las dificultades económicas que atraviesa el propio Bancosol, han tenido que prescindir de las dos naves extra que alquilaban para recibir los productos del FEAD. Tendrán que apañarse con su sede central. «Vamos a tener alimentos apilados incluso en los pasillos hasta que podamos empezar el reparto, pero es lo que hay, nos adaptaremos», comenta Joaquín Jiménez, presidente de Bancosol desde el pasado mes de enero. Jiménez, jubilado del sector de la banca, tiene sobre sus hombros la difícil tarea de sacar del escollo a la ONG, que atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia.

El Bancosol cumple dos décadas. Y lo hace manteniendo el número de beneficiarios, un total de 48.370 personas que necesitan el apoyo de la institución benéfica en la provincia para poder comer, –en el punto álgido de la crisis superaron las 58.000– y la cantidad de alimentos repartidos, pero con mucho menos presupuesto para hacer funcionar esta cadena solidaria debido a la caída de las ayudas del IRPF.

El cambio de condiciones de las subvenciones, al pasar en parte la gestión del Estado a las autonomías, ha provocado una descenso en su presupuesto por esta partida, pasando de 850.000 euros a 175.000, un 80% menos. Esto les ha obligado a reducir sus programas de formación y su propia plantilla para poder seguir. Sus responsables ya han dado la voz de alarma: cuentan con recursos para continuar solo hasta septiembre y piden ayuda a la sociedad malagueña.

De la Legión 501 a la Operación Kilo

Bancosol contará hoy con soldados de la Legión 501, que ayudarán a sus voluntarios a mostrar el trabajo que realizan, además de captar socios para poder continuar su labor. El ejército imperial de 'Star Wars' acompañará al Banco de Alimentos este sábado de 9.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas en la plaza de la Constitución. La siguiente cita será los días 1 y 2 de junio en una nueva Operación Kilo con la colaboración de la Fundación Unicaja. Esta vez será en 90 supermercados: 66 de Mercadona, 22 de Maskom y dos de Eroski. Mientras, ya trabajan en la organización de la Gran Recogida a finales de año.

Pese a todo, la actividad sigue siendo la de una maquinaria bien engrasada. Lejos quedan los inicios de Bancosol en los pasillos de Mercamálaga. Ahora, desde la nave que construyeron en el año 2002 y que se amplió en 2009, con más de mil metros cuadrados, gestionan más de 6,017 millones de kilos de comida anuales.

En el muelle de carga, las furgonetas de algunas ONG esperan su turno para recibir productos frescos como tomates, naranjas o pimientos provenientes de los excedentes de Mercamálaga. Ellos se encargarán del reparto directo a las familias malagueñas, muchas de ellas con niños a cargo, que necesitan ayuda para poder garantizar un plato caliente.

Bancosol no solo se ocupa de llevar alimentos a quienes lo necesitan. El otro pilar es la lucha contra el despilfarro alimentario. «Un tercio de los alimentos que se producen se tiran a la basura; es algo que no se puede permitir cuando hay gente que pasa hambre. Nuestra labor es unir esas dos realidades», indica Jiménez. Por no hablar de la repercusión medioambiental que tiene todo ese desperdicio. «Es un derroche de pesticidas, abonos y agua para comida que al final se desecha», explica. En este sentido, la entidad lleva a cabo un programa de concienciación en los colegios para educar a los niños en el aprovechamiento de los alimentos. «Ellos son los mejores retransmisores de ese mensaje para el resto de sus familias», añade. El curso pasado, los voluntarios visitaron siete colegios con este propósito y participaron 200 escolares.

Además de su labor de concienciación sobre el despilfarro, Bancosol contaba hasta ahora con dos líneas innovadoras dentro de su trabajo, aunque ambas se han visto reducidas por la caída de presupuesto. Por un lado, la transformación de alimentos. Desde hace varios años, la entidad recogía excedentes agrarios y para convertirlos en productos elaborados, como fritada, leche en polvo o caldo un total de 772.000 kilos. Un programa que este año ha tenido que ser cancelado.

Otro de los proyectos por los que ha apostado Bancosol es la formación para el empleo. Aunque este año cuenta con un equipo menos, mantiene sus cursos de camareras de pisos y de office/pinche. Desde que se creó en 2015, se han producido 321 inserciones laborales, 146 en 2017. En total, se ha formado a 562 personas, que han podido hacer prácticas laborales gracias a los 103 convenios firmados con empresas.

Los responsables y voluntarios de Bancosol defienden que la entidad aún es necesaria. Pese a la sensación generalizada de mejora económica, aún existe una importante bolsa de familias con escasos recursos y una situación de dificultad que aún se mantiene. «Estamos luchando por hacer nuevos socios y por implicar a empresas importantes de Málaga para continuar», señala Jiménez.

«El trabajo del día a día se hace gracias al voluntariado pero, para poder funcionar, necesitamos recursos económicos; tan solo en gastos de suministros de luz, con las dos naves frigoríficas para los productos frescos, nuestra factura asciende a 40.000 euros mensuales», continúa. Pero si algo sobra en Bancosol es el empeño. Por eso confían en que a la entidad le quedan aún muchos años por cumplir.

Eva Pascual y Olga Santiago, de Inpavi y AECC.
Eva Pascual y Olga Santiago, de Inpavi y AECC.
200 ONG trabajan con Bancosol y realizan el reparto de los alimentos

En total, 200 ONG colaboran en red con Bancosol para establecer el reparto de comida directo entre sus usuarios. Una coordinación en la que ha tenido mucho que ver la crisis económica que, ante el incremento del número de familias atendidas, obligó a las asociaciones a aliarse para mejorar la distribución de la comida. El presidente de Bancosol, Joaquín Jiménez –que coge el testigo de Javier Peña, fallecido en diciembre–, explica que la entidad exige desde entonces a las ONG beneficiarias informes que acrediten la necesidad real de una familia con un estudio de un trabajador social. Y todos los beneficiarios se inscriben en un registro común para evitar duplicidades, algo en lo que también intervino el propio Ayuntamiento de Málaga.

La Gran Recogida, que se celebra desde el año 2012, también supuso un antes y un después. Esta acción solidaria sin precedentes unió bajo un mismo propósito a las diferentes entidades, que aportan sus propios voluntarios para las acciones en los supermercados. «Cuando supe de los problemas de Bancosol, se me erizó el vello; el 95% de la comida que repartimos a nuestras 500 familias provienen del Banco de Alimentos. Pese al mensaje de que ya todo está bien, las asociaciones a pie de calle sabemos que esto no es así», indica Eva Pascual, de Inpavi, quien señala que cada semana llegan a su sede entre ocho y diez familias nuevas a pedir ayuda.

«Todos nos sentimos Bancosol; las entidades sociales le debemos mucho», afirma Olga Santiago, de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que también tiene un programa para unas 80 familias a las que, además de dificultades económicas, les sobreviene la enfermedad. «Ves que los problemas de las familias son graves cuando llegan usuarios a los que acaban de darles una sesión de quimio o radioterapia y, pese a encontrarse mal físicamente, hacen cola en nuestra sede semanalmente para recoger su bolsa», añade.

Salvador Gutiérrez, uno de los casi 50 de voluntarios habituales de Bancosol, ha pasado en los siete años que lleva ligado a la entidad por distintos puestos, desde la coordinación de equipos en la Gran Recogida hasta jefe de almacén. «Todos los que estamos aquí querríamos que Bancosol desapareciese, pero porque no haga falta, no por algo meramente burocrático», defiende este antiguo gestor de compras de una gran constructora a nivel nacional. Lo mismo opina Diego Vázquez, exempleado de banca y ahora secretario de Bancosol. «La gente se desentiende porque ya no estamos en el auge de la crisis, pero hay muchas familias que atraviesan su propia crisis por distintas circunstancias; hay que apoyarlas con lo básico para que puedan dedicar su tiempo a salir de ese agujero y valerse por sí mismos, no a buscar qué darles de comer a sus hijos», añade Jiménez.

 

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