Ángeles solidarios de la Navidad: que nadie se quede sin Nochebuena

Un grupo de personas recogen alimentos de manos de los voluntarios y voluntarias./Fernando Torres
Un grupo de personas recogen alimentos de manos de los voluntarios y voluntarias. / Fernando Torres

La asociación malagueña reparte 50.000 kilos de alimentos en 2.500 menús de la mano de cien voluntarios

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Algunos llevan bolsas, otros carros de la compra. La familia se reúne por Nochebuena y hay que servir más platos de la cuenta. Pacientemente aguardan a que comience el reparto de alimentos de los Ángeles Malagueños de la Noche mientras que los voluntarios terminan los últimos preparativos. La idea era empezar a repartir los menús a eso de las dos de la tarde, pero algunas pollerías tuvieron más trabajo de la cuenta y hubo que esperar un poco más, pero no había prisa. Llegaron las dos furgonetas rezagadas y empezó a haber movimiento. A buen ritmo, como un engranaje hecho a medida, los sacos y las talegas comenzaron a llenarse. Es la imagen del 24 de diciembre de los últimos años en Málaga, una necesidad que no se ve pero que tampoco se va, al igual que los trabajadores solidarios que acuden fieles a su cita.

Antonio Meléndez, presidente de la asociación, lleóa al operativo con la última furgoneta cargada de pollos asados. Explicó que se han congregado más de cien voluntarios cuya labor es el alma del reparto. Entre todos entregraron 50.000 kilos de alimentos en unos 2.500 menús. Cada uno incluía medio pollo asado con guarnición y una tortilla de patatas de tres cuartos de kilo. Una decena de empresas colaboradoras y 22 pollerías (con sus respectivos clientes solidarios) hacen posible que la comida llegue a las casas de aquellos que acuden a la asociación para poder celebrar una cena de Nochebuena digna. «El año pasado repartimos 3.000 menús, este año hemos calculado unos 500 menos porque va a venir menos gente». El contacto diario de los Ángeles con los barrios les permite mantener un pulso continuo de las necesidades que hay en la capital. El 24 de diciembre es el día más llamativo, pero la asociación trabaja los 365 días del año en su comedor social.

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Cuando se abre la fila para recoger los menús se corre la voz y el número de personas que esperaba con paciencia crece con rapidez. Algunos discuten brevemente hasta que llega Sisse, uno de los coordinadores (que parece conocerlos a todos) y pide que se mantenga la calma y el turno, regido por unos números repartidos con anterioridad. La hilera avanza a buen ritmo: unos voluntarios ofrecen galletas y dulces navideños, otros potitos y sopas instantáneas. Al final del todo está el plato principal, al que le acompañan numerosas barras de pan, fruta y verduras frescas. En los rostros de los usuarios hay agradecimiento, sonrisas y gestos de cariño, pero sobretodo dignidad. «Nunca se sabe quién puede estar haciendo cola aquí el año que viene», comenta un joven mientras espera su turno. «La vida ha jugado malas pasadas a más gente de la que parece», reflexiona, y la Navidad pone en jaque a muchas economías domésticas. El reparto de Nochebuena mantendrá las despensas en buen estado de salud durante varias semanas.

Antes de empezar, los voluntarios comentan sus experiencias durante otras navidades o explican sus motivos para haber acudido este año. María Antonia ya participó hace dos años, cuando el reparto se hacía en la explanada de Santo Domingo (en aquellos años en los que la asociación tenía que lidiar con las inclemencias y mientras conseguían su actual local). «Fue una sensación increíble para nosotros, pero a la vez es horrible ver como hay tantísima gente que necesita de esta labor; es algo que la primera vez que vienes no puedes imaginar». El trabajo que se realiza cada 24 es «muy gratificante», pero es solo la punta del iceberg de una situación que no entiende de calendarios y que requiere a voluntarios participando todos los meses. Por eso, este 2018 acudió con su amiga Teresa, que acaba instalarse en Málaga desde Madrid. «Siempre he hecho voluntariados, conocía esta iniciativa y quería conocerla en primera persona». Sus expectativas son, confesó, «muy altas» en cuanto al servicio se refiere, porque es una obra «importantísima». Ambas coinciden en que es «un desastre» el hecho de que siga siendo necesaria la presencia de asociaciones como Los Ángeles Malagueños de la Noche, porque significa que sigue habiendo gente muy necesitada. «Vivimos en una sociedad muy complicada».

Junto a ellas estaban Ana y su hija. «Antes había colaborado comprando pollos o trayendo comida, pero este año tenía más tiempo y quería participar de primera mano». De nuevo, la reflexión vuelve a ser la misma: «Ojalá llegue el día en el que no tengamos que hacer esto nunca».

Un poco más cerca de la cola están Carmen, Leire, Nico, Elvira, M. Carmen y María, del colegio de las Esclavas. Algunas estuvieron el año pasado participando en la descarga de alimentos, otros se estrenan este 2018. El colegio coordinó una acción solidaria durante las navidades pasadas y los alumnos conocieron de cerca la actividad, por lo que han decidido coordinarse por su cuenta para repetir. Recuerdan que su primera vez en el reparto estuvo cargado de sensaciones contradictorias. «Sientes que estás ayudando, que haces algo bien, pero luego llegas a cenar a casa y te das cuenta de que es muy duro», reflexionaron. «Esto sirve para compartir realmente la Navidad», dijo una de ellas. «Aprendes que hay que apreciar lo que tenemos en la mesa cada día, aquí hay gente que no tiene ni para azúcar».