AIVE: los traductores de los extranjeros hospitalizados

Algunos de los voluntarios de AIVE durante sus encuentros/SUR
Algunos de los voluntarios de AIVE durante sus encuentros / SUR

Voluntarios de diferentes países que dominan diez idiomas forman la asociación malagueña que germinó en el Hospital Civil gracias al médico Leon Pecasse

CLAUDIA SAN MARTÍN

El doctor holandés Leon Pecasse, diagnosticado con la enfermedad de Crohn, se licenció en Medicina en 1974 una vez instaurado en Málaga. Declarada su invalidez en 1972, Pecasse no se rindió y quiso ayudar a los demás dentro y fuera de los hospitales, haciendo así que su enfermedad fuera mucho más llevadera. Aunque falleció en 2015, su legado se sigue perpetuando gracias al altruismo y entusiasmo de las catorce personas que componen la Asociación de Intérpretes Voluntarios para Enfermos.

Todo comienza en los años ochenta en el Hospital Civil, donde Pecasse consigue su plaza en medicina interna. La necesidad real de cientos de extranjeros, que ingresaban o llegaban a urgencias y no podían comunicarse con los enfermeros o médicos por no conocer el idioma, llevó al holandés a desplazarse por todo el hospital haciendo la labor de intérprete no oficial, a la que también se sumó su mujer, Annie. Es entonces cuando empieza a tejerse una red de 'socorro' para demandar traductores voluntarios que ayudaran a los extranjeros enfermos y sus familiares a entenderse con el equipo de médicos y enfermeros. En el año 1988 se funda AIVE, y en 2001 se convierte en ONG.

Judith Knowles de San Agustín, de origen inglés, es la cara más visible y presidenta de la asociación. Los 40 años que lleva viviendo en España han hecho de Knowles una andaluza más, quien decide en febrero de 1988 ingresar en AIVE para poner su granito de arena con la traducción inglesa. Su historia es curiosa y su apellido aún más. «Cuando vivía aquí necesitaba un pasaporte español. Mi marido fue en 1967 a hacerlo y no se acordaba de mi segundo apellido. Al final puso el suyo», cuenta entre risas al verse de pronto con dos pasaportes en los que tenía nombres diferentes. Cuando Knowles comienza en el Hospital Civil sus labores de traducción conoce a Ingee Luken, de origen holandés, que venía de Carlos Haya realizando también la misma labor. Se une más tarde Alicia Llopis, proveniente de Francia y ahora secretaria de AIVE. Es entonces cuando estas tres amigas con orígenes muy diferentes se unen por una misma causa y extienden su ayuda en el tiempo, compaginándola con sus trabajos y familias. «Cuando mi padre estuvo ingresado a pesar de ser bilingüe, con los nervios y el dolor, no entendía muy bien a los médicos. Su compañero de habitación era inglés y también le ayudé. Aquí supe de la asociación y me puse en contacto con Judith para entrar y ser traductora de francés», relata Llopis de sus comienzos.

«Tenemos dos 'buscas' para las emergencias y un listado con los extranjeros ingresados»

No es raro ver a cualquiera de los que componen AIVE tendiendo su mano a cualquier extranjero para facilitarle la estancia en el hospital, pero: ¿Cómo se coordinan? Alicia Llopis cuenta a SUR su estrategia en un viernes algo atareado. «Tenemos dos 'buscas' para las emergencias. Nos llaman y nosotros acudimos. También tenemos un listado de los pacientes extranjeros ingresados y descartamos a aquellos que saben español», explica. Cuando un intérprete finaliza su jornada, escribe en el 'libro de incidencias' su labor de ayuda durante el día, para así tener controlados a todos los pacientes que lo precisen. «Nos llaman desde urgencias, consultas, mortuorio... Nos movemos por todo el hospital», reconoce Knowles, residente en Benalmádena.

Encontrar a miembros de AIVE de lunes a viernes por el Clínico es muy sencillo, aunque para una urgencia también están disponibles los fines de semana. «Hace 20 años sí veníamos los sábados y los domingos, pero ahora es mas raro. Muchos de los médicos nuevos que están en urgencias y en planta saben hablar inglés», explica Judith Knowles. Son hasta diez los idiomas los que manejan sus voluntarios: inglés, francés, alemán, noruego, hindú, danés, sueco, flamenco, italiano y hasta chino, realizando una labor impecable que se perpetuará en el tiempo muchos años más.

«Muchos pacientes están muy agradecidos por nuestra labor»

La bondad de estos voluntarios es innegable, y la fuerza de voluntad de sus veteranos aún más reconocible. «Ayudar a los demás me produce mucha satisfacción personal. Muchos pacientes están muy agradecidos por nuestra labor», reconoce Inge Luken.

Su trabajo realmente no es sólo el de la traducción al paciente o a los médicos, también se encargan de tranquilizar a los familiares y ayudarles para que el mal trago sea menos amargo. «Tenemos que saber que nuestra labor simplemente es de traducción. No podemos opinar nada de lo que dicen los médicos. No somos trabajadores sociales, sólo traductores. Esto lo explicamos bien a los nuevos voluntarios para que no pisen el trabajo de los demás», relata Llopis. Por su parte, Knowles también realiza traducciones en el centro de salud de Torrequebrada y en la Policía Nacional, y posiciona esta labor altruista como una parte de su vida.

A pesar de sentir felicidad al ayudar a otros, es un trabajo duro enfrentarse a tantos diagnósticos que tienen que traducir y que no son beneficiosos para los pacientes. «Ayudamos y nos ayudan. Es recíproco porque valoramos la vida al ver tantas enfermedades», explica la francesa Alicia Llopis, feliz de que su labor se dé a conocer para así poder mejorar esta red solidaria.