Accion Solidaria

Victoria y David rompen moldes

David Doya y Viky Santiago, en un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la UMA, donde ambos están estudiando.
David Doya y Viky Santiago, en un aula de la Facultad de Filosofía y Letras de la UMA, donde ambos están estudiando. / Fernando González
  • Dos universitarios gitanos se convierten en un modelo para otros chicos de su comunidad

  • El joven matrimonio participa en charlas de motivación a través de la Fundación Secretariado Gitano para que otros niños sigan sus pasos y continúen los estudios

Aseguran que no se sienten especiales con respecto al resto de sus compañeros en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. Pero lo cierto es que Victoria Santiago (20 años) y David Doya (22 años), un joven matrimonio gitano que reside en la capital, rompen moldes adonde quiera que van. En la UMA, donde cursan segundo de Traducción e Interpretación y tercero de Filología Clásica, respectivamente, han conseguido acabar con muchos estereotipos demostrando a profesores y alumnos que los jóvenes gitanos también pueden estudiar una carrera universitaria si se lo proponen y que no todos los gitanos son como los pintan en los programas de televisión. Y en su comunidad, se han convertido en un ejemplo a seguir para el resto de jóvenes gitanos, que ven en ellos la mejor prueba de que estudiando pueden mejorar sus opciones de futuro. Y todo, preservando las tradiciones propias de su cultura. De hecho, acuden a colegios para motivar a otros niños de esta etnia de la mano de la Fundación Secretariado Gitano (FSG), donde Viky se ha convertido en la primera alumna de su programa Promociona en matricularse en una carrera.

Viky y David se conocen desde pequeños porque sus padres –que trabajan en la venta ambulante– habían coincidido en más de una ocasión. Pero de niños, ambos eran muy distintos. A David –que estudió Primaria en el colegio Pablo Ruiz Picasso– le gustaba la escuela. Sus padres le inculcaron desde muy pequeño la importancia de los estudios, aunque ellos solo habían llegado a conseguir el graduado escolar.

Viky, sin embargo, iba por obligación a clase en el colegio Lex Flavia. «No era consciente de que era importante para mí», señala. Y cuando llegó a la ESO dejó de ir. Fue entonces cuando conoció FSG derivada desde el instituto Cánovas por absentismo escolar. El refuerzo que recibió en la entidad, unido a que empezó a salir con David, «que le daba mucha importancia a los estudios», la animó a aplicarse con los libros. Pronto empezaron a llegar los resultados. «Veía que si me esforzaba un poco obtenía una recompensa», dice.

Después, fue ella quien tuvo que «tirar» de David. «Llegó un momento en el que me sentí muy perdido, pero al final Viky me convenció de que me cambiara a su instituto, allí empecé letras puras y me di cuenta de que me gustaban el latín y el griego, y conseguí acabar Bachillerato.

Ambos recuerdan con cariño sus graduaciones. «Mi madre no era muy consciente de lo que hacía hasta que me vio vestida para ese día y empezó a darse cuenta de que estaba haciendo algo bueno», dice Viky, quien señala que su familia, sobre todo su madre, ha tenido mucha paciencia con ella, a pesar de que está llevando su vida de una forma diferente a la habitual. «He estado cinco años pedida en matrimonio hasta que he terminado el Bachillerato, eso es un noviazgo muy largo en nuestra cultura; para mi madre ha sido romper con las costumbres, pero ella también está abriendo su mente y cada vez está más convencida con que siga adelante con la idea de estudiar», indica. Ahora,  sus padres esperan que consigan un empleo mejor. «El suyo es un trabajo muy digno, pero quieren algo más para nosotros», explica. Hace un año, Viky y David se casaron y, por supuesto, fue una boda que siguió la tradición gitana.

También en casa

Esta pareja ha demostrado ser un equipo en todo y están más que compenetrados. Los dos comparten las tareas de la casa desde que se independizaron tras su boda hace un año, se animan el uno al otro para que ninguno tire la toalla en los estudios y comparten su visión de futuro. Ambos quieren terminar sus carreras, hacer el Máster en Profesorado y opositar para convertirse en docentes. «Somos iguales en todo, para estudiar y para la casa», dice ella, que ha trabajado como monitora en los campamentos de verano de la asociación.

Además, David compagina los libros con su trabajo como repartidor de un pizzería. «Allí también noto que mis compañeros han cambiado de forma de pensar sobre los gitanos al conocerme; quedan aún muchos prejuicios y se sorprenden al ver que somos normales», dice.

Unas expectativas de vida comunes en las que, por ahora, no caben los hijos, y ahí sí que son un caso diferente en la comunidad gitana. «La mayoría de nuestros amigos ya tienen niños; nos dejan como unos bichos raros, pero ya están acostumbrados», bromea Viky, quien no esconde que ha tenido que escuchar algún que otro comentario desafortunado de personas de su entorno sobre la forma de vida que han elegido. Pero se quedan con lo positivo. «Cuando vamos al culto –son evangélicos– somos ‘los que estudian’», afirma Viky, que además canta en la iglesia –quienes la conocen dicen que emociona con su voz cuando canta gospel– acompañada por David a la guitarra. «Para nosotros es un orgullo que nos llamen desde la fundación para dar charlas», señala el joven.

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