«Es un golpe de realidad de lo que no vemos en el día a día de la oficina»

Trabajadores de CaixaBank y de la Fundación Harena acompañan a los ancianos de la residencia Virgen de Belén de la capital./
Trabajadores de CaixaBank y de la Fundación Harena acompañan a los ancianos de la residencia Virgen de Belén de la capital.

Trabajadores de La Caixa cambian por unas horas su rutina laboral por el voluntariado

AMANDA SALAZARMálaga

En su trabajo diario están acostumbrados a cuadrar números. Más aún como responsables en el Departamento de Recuperaciones de CaixaBank, donde se enfrentan a casos de morosidad y tienen que tratar directamente con los clientes para ayudarles a buscar soluciones a situaciones económicas difíciles. Pero Óscar de Castro, Eva Sánchez y Francisco Pineda, trabajadores de la entidad financiera en Málaga, recibieron la pasada semana una lección sobre números que no esperaban.

Estos tres empleados de CaixaBank acudieron como voluntarios a la sede de la asociación Arrabal para impartir un taller de economía familiar para gente sin hogar que vive en los pisos de acogida de la ONG malagueña. Sin embargo, fueron ellos los que se marcharon sorprendidos al conocer de cerca los verdaderos malabares que realizan estas personas para llegar a fin de mes con los escasos recursos de los que disponen. «Te sorprende encontrarte hoy en día con quienes no tienen ni siquiera una cuenta bancaria porque no disponen de ingresos ni ayudas, es otro nivel; y pese a todo, hoy he visto que no pierden la sonrisa», dice De Castro. «Es un golpe de realidad de lo que no vemos en el día a día de la oficina», señala Pineda. «Me voy tocada de la experiencia; mi trabajo es ayudar a las personas como banco, pero conocer casos reales de familias que necesitan tanta ayuda me refuerza», añade Eva Sánchez.

Acción Solidaria

Se trata de una de las 91 actividades que se celebraron en 43 asociaciones dentro de la Semana Social de CaixaBank, que culminó ayer y en la que participaron en la provincia más de 300 empleados de la entidad bancaria, así como Fundación Bancaria La Caixa y CriteriaCaixa, lo que supone casi el 60% de la plantilla. Se trata de una iniciativa que promueve la movilización de los trabajadores para que, durante un par de horas, cambien el trabajo en la oficina por el voluntariado y puedan conocer en primera persona la labor de las ONG con las que trabaja la Obra Social de La Caixa, que en 2016 invirtió 16 millones de euros en Málaga.

En el curso de Arrabal, Gladys Gardés y Leonardo Robles, dos cubanos que llegaron a Málaga como emigrantes retornados, explicaron a los voluntarios de La Caixa cómo viven con 426 euros mensuales. También contó su historia Nadiya Razmi, marroquí, que tuvo que venir a Málaga de urgencia tras ser víctima de un atropello en su país a los seis meses de embarazo. «Me vine aquí porque en el Materno podían salvar a mi hijo, pero tuve que dejar mi trabajo, mi casa y a otros dos hijos y no tengo dinero para estar aquí mientras dure el tratamiento de mi bebé, que sigue enfermo», explica esta joven que acudió al curso de Arrabal con su pequeño, Mohamed, que ya tiene 16 meses. «Para nosotros es muy importante que vengan los voluntarios para ayudarnos pero también para dar a conocer lo que hacemos», asegura Julio García, que coordina los pisos de acogida y el Programa de Personas sin Hogar de Arrabal y que ideó un original Pasapalabra con términos financieros para la ocasión.

Otra de las actividades de la semana se celebró también de la mano de Arrabal en el colegio Moreno Villa de la capital con los niños del programa de refuerzo educativo para menores de Caixa Proinfancia, donde los voluntarios de La Caixa participaron en un taller de bullying. Ramón Lozano, Miguel Ángel Ortiz y José María del Pino cambiaron a sus clientes habituales por niños de Primaria, a los que ayudaron a identificar las situaciones que pueden entenderse como acoso escolar.

Taller de bullying con niños

«Tenía muchas ganas de participar en esta actividad con niños; vemos en nuestro trabajo muchas circunstancias difíciles, pero me faltaba por ver esto, es decir, cómo los problemas de los adultos afectan también a los niños», dice Lozano. «Es un soplo de aire fresco, sales de tu mundo y ves otras situaciones; aunque seamos una entidad bancaria te sientes parte de eso que llaman el alma de La Caixa», añade Ortiz. «Es una forma de poner rostro a la gente a la que ayudamos», opina Del Pino, que ya el pasado año participó en esta iniciativa. Mientras, Adrián, de 5º de Primaria, y Sara, de 2º curso, hablan de qué es lo que les gusta más de las clases de refuerzo con «las seños». «Antes sacaba malas notas y ahora saco buenas», dice Adrián. «A mí me gusta que juguemos cuando acabamos los deberes», confiesa Sara.

«Los trabajadores se han implicado más que nunca este año y se han apuntado equipos completos de oficinas a las actividades», señala Ana Belén Morales, coordinadora de la Semana Social en Málaga y directora de A Larios, la oficina principal de la entidad en la capital. «Para muchos es la primera experiencia como voluntarios y por años anteriores sabemos que se van con muy buenas sensaciones», asegura. De hecho, señala, el boca a boca y la repercusión del evento en las redes sociales al coincidir la iniciativa en toda España ha hecho que en esta edición se haya estado apuntando gente hasta el último momento que se «contagiaban» al conocer las vivencias de sus compañeros.

Morales también participó como voluntaria en la residencia Virgen de Belén de la capital, donde los empleados de La Caixa acompañaron a la Fundación Harena para pasar un rato con los ancianos, hablando con ellos o jugando a las cartas. «Es la segunda vez que participo en la Semana Social y cada vez tengo más claro que cuando me jubile voy a realizar labores de voluntario», dice Rafael Boloix. «Con solo escucharles ya estás haciendo mucho por personas que se encuentran olas», dice Manuel Calero. Algunos de los trabajadores incluso animaron a participar a sus familiares, como Sandra Sánchez, que acudió con su hija Marta. «Quería que viera esto», dice. En lo que todos los trabajadores coinciden es en que estos días les han dejado huella y que ahora afrontan su trabajo de una forma distinta.

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