El escritor que fue roquero

Miguel Ríos presenta su autobiografía en una distendida charla en La Térmica. Los saltos en el escenario los deja para Mick Jagger, ahora se siente cómodo frente al folio en blanco. Y avisa: «No quiero ser flor de un día en la literatura»

REGINA SOTORRÍOMÁLAGA
Miguel Ríos, ayer durante la presentación de ‘Cosas que siempre quise contarte’. :: Ñito Salas Vídeo: Inma Pérez/
Miguel Ríos, ayer durante la presentación de ‘Cosas que siempre quise contarte’. :: Ñito Salas Vídeo: Inma Pérez

Se escucha de fondo el famoso estribillo de Bienvenidos, el público aplaude a rabiar y él coge el micrófono. Pero no, Miguel Ríos no ha venido a cantar.Esta vez viene a hablar de su libro... y de muchas otras cosas. El roquero se descubrió como «escritor primerizo» ante una sala abarrotada en La Térmica, dentro del ciclo Palabras mayores. Presentó su autobiografía, Cosas que siempre quise contarte, y dejó claro que no quiere «ser flor de un día en esto de la literatura». «Lo de dar saltos en el escenario se lo dejamos a Mick Jagger, la escritura es mejor oficio a mis casi 70 años», apuntó en un encuentro con la prensa previo a su charla.

Defiende que el rock «es para gente joven con mucha energía». Por eso, por no repetirse «demasiado» y por no «fomentar la posibilidad» de convertirse en un «juguete roto», se despidió en 2011 de las giras que no de la música llenando escenarios. «Y eso es algo que el ego agradece», señaló. Superado hace tiempo «el miedo al folio en blanco», decidió poner negro sobre blanco sus cincuenta años de carrera tras bajarse de las tablas. Y se ha dado cuenta de que le gusta «mucho» escribir. Tanto que no descarta sorprender algún día con una novela, «el culmen» de su carrera literaria. De momento, se encuentra en esa «jodidísima» fase en la que da vueltas «sobre qué va la canción». Pues igual pero con un libro.

Cosas que siempre quise contarte revela nuevas caras de Miguel Ríos, pero su vida «no cabe en 400 páginas». Una trayectoria en la que, como dijo en la conversación distendida que mantuvo con Luis Alegre, no todo han sido éxitos. «Ha habido momentos en los que no me comí un colín», reconoció. También «los reveses son muy higiénicos para los artistas».De lo bueno y de lo malo habla en su debut literario, una autobiografía que no cae en la autocomplacencia y en la que hace una radiografía de su profesión y a la vez de su entorno, de su infancia, de las mujeres que ha conocido, de su familia... No faltan las referencias a su madre, a la que nombró al menos en media docena de ocasiones durante la hora larga de charla en Málaga, una cita plagada de divertidas anécdotas y confesiones.

Por ejemplo: reconoció su pasión por las mujeres -«en la música te metes para comer, pero al mismo tiempo lo que quieres es ligar», bromeó-, contó que con el boom del Himno de la Alegría le llegaban cheques de hasta seis millones de pesetas, recordó que el colegio fue una etapa «frustrante», rememoró la película que rodó en Málaga con Pili y Mili y hasta imitó la voz del NO-DO. A preguntas de un asistente, incluso hubo ocasión para hablar de Loquillo, un tipo «que tiene un ego mucho más grande que él». «Y eso es muy artístico. Los artistas sin ego se retiran muy pronto», afirmó.

Reivindicativo y rebelde, como todo buen roquero, lamentó que hoy el futuro «parezca cancelado». Es amigo de la «no violencia»: «Pero si la situación sigue así también estoy muy de acuerdo con la no obediencia, tenemos que empezar a plantearnos la deserción ciudadana ante cosas lamentables». Llamó la atención sobre problemas como el cambio climático -«Si no nos damos cuenta de de que estamos en el camino del no retorno lo vamos a pasar muy mal»- y expresó su enérgico rechazo a la violencia de género. «Mucho de lo que está pasando tiene que ver con el desprecio que se ha tenido por la educación», denunció.