Los malagueños que cambiaron el chip de Google

Virustotal cuadruplica resultados en su primer año de pertenencia al buscador

NURIA TRIGUEROMÁLAGA
De izda. a dcha., Emiliano, Alejandro, Bernardo, Julio, Francisco y Karl. :: Álvaro Cabrera/
De izda. a dcha., Emiliano, Alejandro, Bernardo, Julio, Francisco y Karl. :: Álvaro Cabrera

En el Mountain View malagueño no hay 7.000 ingenieros trabajando. Sólo son seis: Bernardo Quintero el manager del equipo, Emiliano Martínez, Francisco Santos, Alejandro Bermúdez, Julio Canto y el nuevo fichaje, Karl Hiramoto, que lleva sólo unas semanas en el equipo. Tampoco hay treinta restaurantes como en el cuartel general de Google, pero sí una cocina donde Santos hace unos desayunos «espectaculares» según sus compañeros. Hay un futbolín, como mandan los cánones, y no es de adorno: las marcas en la madera dan fe de luchas encarnizadas. Y hay algo que las sedes de Google en California, Nueva York o Zurich no tienen: vistas al mar. Los chicos de Virustotal, la empresa malagueña de seguridad informática que fue adquirida por Google a mediados de 2012, han elegido un lugar singular para fijar su nueva sede: un chalé con jardín y piscina en lo alto de una loma de la urbanización El Candado. La multinacional les dio libertad para buscar el sitio donde querían trabajar; sólo dio el visto bueno final. Y ellos se decantaron por un lugar radicalmente diferente a donde llevaban años trabajando, el PTA.

Alrededor de la nueva sede de Google en Málaga no hay otras empresas tecnológicas. De hecho, los vecinos no tienen ni idea de que comparten urbanización con el todopoderoso buscador. Desde fuera nada hace sospecharlo. «No hemos puesto cartel, ¿para que? Así estamos más tranquilos», explica Quintero. El interior de la sede, aunque conserva cierto aire doméstico el anterior inquilino fue un entrenador del Unicaja, da pistas: muebles de diseño y peluches gigantes traídos de la oficina de Google en Madrid, el mencionado futbolín, grandes pantallas repartidas por toda la casa, una sala de videoconferencias que fue montada por ingenieros venidos de Londres y tres relojes alineados frente a los puestos de trabajo: la hora de California, la de Nueva York y la de Málaga. Y por si hay dudas, una gran lámina con el famoso doodle (el logotipo cambiante de Google que aparece en su web). Aunque ni siquiera al verla el transportista que hizo la mudanza se convenció de que estaba trabajando para la multinacional. «Me preguntó qué empresa éramos y le dije que Google. Como no se lo creía le enseñamos el póster y nos contestó que eso se lo podía comprar él también y ponerlo en su salón», recuerda Julio Canto entre las carcajadas de los demás.

Seis jóvenes en una casa con piscina y un amplio catálogo de distracciones a su disposición. Un jefe de la vieja escuela se llevaría las manos a la cabeza: menudo descontrol. Pero esto es Google, la empresa que más veces ha sido votada la mejor del mundo para trabajar, famosa por mimar a sus empleados y dejarles libertad para cumplir con sus objetivos. Y su filosofía funciona, a juzgar por el crecimiento exponencial exhibido por Virustotal en su primer año de pertenencia al gigante. «En el momento de nuestra adquisición acumulábamos 100 millones de ficheros analizados. Hoy esa cifra se sitúa en 290 millones, lo que significa que en nuestro primer año en Google duplicamos el volumen de análisis realizados en los ocho años anteriores. Y hemos multiplicado por cuatro el número de clientes y la facturación», explica Quintero.

Caso de éxito

Estas espectaculares cifras han sorprendido incluso a Google. Tanto es así que el caso Virustotal puede marcar un antes y un después en su estrategia de adquisición de empresas. La firma malagueña ha sido la primera startup absorbida por el coloso de Internet que ha permanecido en su lugar de origen, funcionando como un equipo autónomo que reporta directamente a Mountain View. Fue una condición innegociable que Bernardo Quintero puso para vender su empresa, y en el mundillo tecnológico sorprendió mucho que lo consiguiera. La multinacional ha acabado comprobando que fue una buena idea.

«Lo normal tras una adquisición es que el primer año haya una bajada de productividad porque el equipo tiene que adaptarse al modo de trabajar de Google, y además también suele conllevar un traslado de ciudad o de país que le afecta hasta que logra adaptarse y alcanzar de nuevo velocidad de crucero. Así que Virustotal se ha visto como un caso de éxito y probable modelo para futuras adquisiciones que tengan características similares», argumenta el manager del equipo malagueño de Google, que niega haber sufrido el más mínimo choque cultural. «¡Si lo que hemos hecho es abrazar esta cultura! Para un ingeniero, trabajar en Google es un sueño», recuerda.

La marca Málaga cotiza, pues, al alza en Google. Y no sólo por el buen hacer de sus recientes fichajes, sino porque las visitas a la nueva sede costasoleña resultan de lo más grato para sus directivos. «Hace unos días han venido nuestros jefes de Mountain View y les hicimos un tour por Granada y Málaga: visitamos la Alhambra y luego volvimos por la costa de la Axarquía, incluyendo entrada a las Cuevas de Nerja y pescaíto frito en Torre del Mar», revelan los ingenieros de Virustotal, que también contribuyen a difundir los encantos de su ciudad enviando a sus compañeros de otros países fotos de sus vistas a la Bahía. «Un colega de Zurich nos ha mandado lo que ve él desde su ventana: nieve», comentan.

El crecimiento de Virustotal en el último año ha exigido la incorporación de un ingeniero más: Karl Hiramoto. Debido a la autonomía que goza Virustotal dentro de Google, el equipo malagueño tuvo un importante poder de decisión a la hora de hacer la selección. «El primer filtro de entrevistas lo hicimos en Málaga, donde elegimos a nuestro top 3. Luego ya siguió todo el proceso de selección habitual, con varias entrevistas telefónicas y presenciales en Zurich, seguidas de un comité de contratación que revisa todos los informes y decide. A eso hay que añadir el visto bueno de Mountain View... Hemos tardado casi un año, pero se hace así por dos motivos: mantener el estándar de calidad y asegurar que no haya enchufismo», explica Quintero. El perfil de Hiramoto, por cierto, es curioso: de padre japonés y madre californiana, vivió y trabajó en varios países hasta recalar en Mijas por motivos personales. «No me imaginaba acabar trabajando en Google en Málaga», reconoce.

¿Más incorporaciones a la vista? El manager de Virustotal lo considera factible. «Los ingenieros malagueños cotizan al alza en Google, así que esperamos que la familia siga creciendo y se nos sigan uniendo más compañeros»

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