Cazadores de aviones

Los ‘spotters’ fotografían y registran el aterrizaje y despegue de aviones en Málaga. Capturan desde las aeronaves más comunes a las más peculiares, en un pasatiempo que ya atrapa a más de una treintena de aficionados

ÁNGEL DE LOS RÍOSMálaga
Preparados en San Julián, en el puente sobre las vías del cercanías. :: Salvador Salas Vídeo: A.de los Ríos y Pedro J. Quero/
Preparados en San Julián, en el puente sobre las vías del cercanías. :: Salvador Salas Vídeo: A.de los Ríos y Pedro J. Quero

Abre su carpeta y señala con el dedo su próximo objetivo. «¡Este es! Un Boeing 787». Iván Paneque está seguro: «Hoy por fin será mío». Al bajar del coche, sus compañeros le esperan. Ojo en el objetivo, apuntando a la pista de aterrizaje del Aeropuerto Pablo Ruiz Picasso. Dedos en tensión, prestos a disparar. «¡Por allí viene!» grita uno. Clac, clac, clac. Primera ráfaga. Y nada más tocar tierra, otra. Clac, clac, clac.

¡Ya es suyo! Iván traza una línea sobre el Boeing 787 en el papel. «Es un modelo de Jet Airlines en vuelo inaugural», muy valioso. Iván y sus cinco compañeros de caza este sábado, forman parte un pelotón muy particular: los spotters. Fotógrafos que aúnan esta pasión con la aeronáutica, y montan guardia en los aledaños de los aeropuertos al acecho de los pájaros de acero.

«Podemos pasar aquí de pie todo el día, hasta que se pone el sol. Y no parar ni para comer», dice Ismael Jiménez. Disparan hasta mil fotos. Sábados, domingos y el día que se tercie. «El encuadre tiene que ser perfecto, sin reflejos ni contraluces», añade Ismael. Eso son muchas horas de posproducción. La máxima aspiración de un spotter es colocar sus capturas en páginas especializadas como aviationcorner.net o jetphotos.net, tras una dura criba.

La curva de Churriana, tras el centro de salud, es uno de los mejores lugares para practicar el spotting en Málaga. Allí comenzó Christian González que desde que tiene uso de razón empuñaba una cámara. Hoy tiene 14 años, «y es el único capaz de distinguir el modelo de avión a gran altura y por la estela que deja», afirman sus compañeros. «Desde los 6 años, solo leía revistas de aviación», dice su madre Carmen, mientras baja del coche. Estaba ahí, ajena a todo. Ella no es spotter. Es sufridora de. Lleva y trae a Christian a cada quedada. «Pero yo no cogeré una cámara». Ella es de radio y calefacción.

«Aerotrastornados -dice Gianfranco Bermejo-, eso somos». Y le pone una sonrisa, porque algo de razón lleva. Ir a Madrid un fin de semana, sin salir del hotel de Barajas. Su sueño es viajar a Zurich, Amsterdam o Miami solo por sus aeropuertos. Heathrow y Charles de Gaulle son catedrales. «Pero nuestra aspiración es visitar la isla de Saint Marteen, en el Caribe», dice Gianfranco mientras levanta la mano, como acariciando la panza de un avión. A esa altura, más o menos, sobrevuelan la playa antes de aterrizar en su minúscula pista.

Los aviones llegan uno tras otro, porque un sábado es el día de mayor tránsito. «Aunque en verano hay muchos más», añade otro aficionado, Francisco Flores. Sujeta en su mano una tablet con una de las muchas aplicaciones que sirven al spotter: una suerte de radar que muestra todos los vuelos que van y vienen. En su punto exacto. El complemento al listado de Iván. «Aunque en AENA ofrece los horarios, siempre hay charter, militares o cargueros no reflejados». Y ayuda de paso algún chivatazo de un amigo en la torre de control.

También en vídeo

Es la salsa del spotting. Lo raro, lo que se sale de lo habitual. «Ojalá no ocurriera nada malo, nunca». El fotógrafo va buscando una postal. Pero Iván Paneque, aficionado al vídeo, fue testigo con su cámara de un acontecimiento en Málaga que saltaría a los informativos nacionales. Capturó el 30 de noviembre el intento de aterrizaje de un Boeing 737-900 de Turkish Airlines. Con 77 pasajeros a bordo, inició su maniobra de aterrizaje y cuando estaba a punto de tomar tierra su cola rozó el suelo y volvió a despegar. Un tail strike. «Después de estabilizarse de nuevo lo intentó, ya sin problemas». Su vídeo, sacó del anonimato a los spotters malagueños.

Ya hay una treintena de aficionados en Málaga que conforman la Asociación Málaga Spotters. No buscan titulares, sólo «el cromo que falta para la colección». Ese avión con un dibujo especial, el vuelo que trae a un equipo de fútbol o a un jeque a Marbella. «Una vez aterrizó un Airbus 300 con 6 pura sangre de carreras», recuerda Manuel Vignolo. El Foro Samsung, recién terminado ha sido el aliciente de enero. Agazapados tras la valla -«es nuestro enemigo»-, esperan una vez al año saltar a pie de pista. Es el Open Day, que en Málaga se celebró el 11 de septiembre con 70 asistentes de 6 nacionalidades distintas. Y al pasar por la curva de Churriana, unos curiosos se detienen junto a ellos. «¿Ocurre algo?». Lo de siempre, aviones que van y vienen. Y un niño dice: «¡Mira papá! ¡Por allí viene!». Clac, clac, clac.