Torrente de solidaridad en Benajarafe

Más de cien personas se hacen una prueba para saber si su médula ósea es compatible con la de Rocío, una niña de 12 años con leucemia

E. CABEZAS VÉLEZ-MÁLAGA
Rocío Postigo, madre de la pequeña, con Alejandro Fernández. :: E. C./
Rocío Postigo, madre de la pequeña, con Alejandro Fernández. :: E. C.

A Rocío Postigo le costaba ayer contener la emoción y no dejar escapar las lágrimas cuando comprobó el torrente de solidaridad que se agolpaba, a las 17.00 horas, junto al polideportivo de Benajarafe, la pedanía veleña de apenas 3.300 habitantes donde vive junto a su marido, Rafael Sánchez, y las dos hijas de ambos, Rocío, de 12 años, y Lorena, de 9. Desde hace dos años, la vida de esta familia humilde dio un giro de 180 grados, cuando a la mayor le detectaron leucemia. Tras unos primeros tratamientos con quimioterapia en el Hospital Materno Infantil de Málaga capital, la pequeña consiguió salir adelante, pero el pasado mes de mayo, recayó de su enfermedad de manera severa.

Hasta tal punto, que la menor lleva tres semanas ingresada en el centro hospitalario de la capital, y el tiempo corre en su contra, pues precisa de un transplante urgente de médula ósea para salvarle la vida. Sus padres, una familia sin apenas sin recursos, no sabían que hacer, pero pensaron que si se movilizaban a través de las redes sociales y poniendo carteles por las calles, podrían conseguir ese donante, esa aguja en un pajar, que les devuelva la esperanza a sus vidas. Y es que la probabilidad de que ese donante aparezca es de una entre 40.000 personas, según explicó ayer a SUR la madre, junto a la unidad móvil del Centro Regional de Transfusión Sanguínea instalada en Benajarafe.

«Los médicos nos han dicho que nuestra compatibilidad es del 50%, tanto la del padre como la mía, por lo que hay que intentar buscar un donante con un porcentaje mayor. Puede aparecer aquí o en cualquier sitio, para eso hay un banco mundial de donantes, que promueve la Fundación Josep Carreras contra la leucemia», dijo Rocío con la emoción a flor de piel al ver como no dejaban de llegar vecinos, familiares y amigos para hacerse la prueba de compatibilidad como donante de médula, que consiste en una pequeña extracción de sangre. «Ya soy donante de sangre, y cuando conocí el caso de esta niña, no dudé en animarme a venir», aseguró Beatriz Herrera, de 35 años.

Junto a ella, Alejandro Fernández, de 19 años, explicó que es vecino de la familia, por lo que conoce «el sufrimiento que están pasando desde el principio». «Es lo mínimo que podía hacer por ellos», aseguró. A las puertas del polideportivo se seguían agolpando más donantes, muchos de ellos pertrechados con pancartas de apoyo, en las que podían leerse mensaje para la pequeña Rocío, que ayer tarde seguía ingresada en una habitación del Hospital Materno Infantil de Málaga, a la espera de que se produzca «este milagro», vaticinó Mari Carmen Fernández, tía de la pequeña. «Vamos a conseguirlo seguro».

Antes de que acabe octubre

«Ella es nuestra cara pero son muchas las personas que necesitan una donación de médula en el mundo», dijo su tía, quien animó a que los interesados sigan acudiendo a donar al Hospital Civil de Málaga, en horario de mañana, de 9.00 a 14.00 horas, de lunes a sábado. Esta semana, además de la colecta de ayer en Benajarafe, donde se recogieron 113 muestras, la unidad móvil estuvo tres días en la plaza de Las Carmelitas de Vélez-Málaga, junto al Consistorio, con lo que en total han sido 400 donaciones.

Y pudieron ser muchas más. Al filo de las 21.00 horas, la afluencia de donantes era tal que desbordó el servicio, de manera que se tuvo que cerrar porque se habían agotado los elementos para hacer las extracciones. Pero a las puertas se agolpaban aún decenas de personas. «Es una pena que se haya quedado tanta gente sin donar», aseguró la tía de la pequeña. El tiempo corre en su contra, pues según apuntó la madre, los médicos les han dicho que Rocío necesita el transplante antes de que termine octubre.