Un pueblo entre la historia y la leyenda en el Valle del Genal

Algatocín, situado en el extremo occidental de la Serranía de Ronda, sorprende por la colorida torre de su iglesia y por sus vistas al Peñón de Gibraltar

JAVIER ALMELLONES
Un pueblo entre la historia y la leyenda en el Valle del Genal

Una colorida torre, en la que se combinan los tonos avellana y rojizo de sus tres cuerpos con el azul de la semiesfera de cerámica que la cubre, delata a Algatocín. Por la sinuosa carretera que discurre entre Ronda y Algeciras, ésta es una de las tantas sorpresas que se llevará el viajero.

Entre el radiante blanco de la amalgama de casas sobresale el llamativo campanario de una iglesia que, a su vez, se encuentra situada en una de las zonas altas del casco urbano. Si a esos tonos se les añade el verdor del Valle del Genal y el azul del cielo, la variedad de colores se amplía notablemente. Pero, no será la única sensación agradable con la que recompensa esta villa a quien la visita.

Intrigantes leyendas, vistas panorámicas que llegan hasta el Peñón de Gibraltar y un impresionante vergel de alcornoques y castaños aguardan en este tranquilo pueblo serrano.

Merece la pena, por supuesto, adentrarse a pie en sus calles -el vehículo es mejor dejarlo estacionado- y descubrir algunos de sus rincones. Todavía se mantienen algunas viviendas con rasgos dieciochescos. Al igual que pasa en algunas localidades vecinas, como Benalauría, se pueden ver algunos adarves que parecen impertérritos a la erosión del tiempo.

Desde la plaza principal casi todas las calles conducen hasta la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, un sobrio templo construido originalmente en el siglo XVI. Según afirma una leyenda, la parroquia fue levantada sobre un palacete nazarí, donde vivió durante años la princesa Algatoisa. Su padre, el rey Abomelid de Ronda, mandó erigir esa residencia para ella.

Esta creencia popular justificaría para muchos la denominación del pueblo. Sin embargo, los historiadores se decantan por considerar que Algatocín proviene de la tribu bereber Al-Atusiyin. Tanto éste como otros pueblos de la zona, como Benarrabá, Benadalid o Benalauría, deben su nombre a los clanes familiares que se asentaron en la zona.

De hecho, Algatocín y esas otras localidades no sólo están unidas por la carretera Ronda-Algeciras, sino también por la ruta turística de los Almohades y Almorávides, es decir, el itinerario que realizaron los clanes bereberes desde el Estrecho de Gibraltar para poner orden en los anárquicos reinos taifas y plantar así cara a las hostilidades cristianas.

En el pueblo, también se puede visitar la Fuente de San Antonio, situada en la zona norte del casco urbano. Es una de las construcciones más antiguas de la zona, ya que, según reza en una inscripción, fue construida en el año 1.676.

Pero, no todo lo interesante de esta villa aguarda en su seno. También hay que merodearlo. A pocos metros, por encima de la carretera, se encuentra el escarpado y empedrado camino que lleva hasta la ermita del Calvario. Desde esa capilla, se obtendrá una vista inmejorable de esta zona de la Serranía de Ronda, hasta el punto de que desde allí, en los días claros, se podrá ver el Peñón de Gibraltar. Este privilegiado balcón ha dado lugar a otra de las leyendas del pueblo. En ella se afirma que se evitaron muchos naufragios con la luz que emanaba desde esa ermita, también llamada del Santo Cristo.

Desde Algatocín se pueden hacer también dos itinerarios muy interesantes. Por un lado, se puede bajar al puente de San Juan, que sirve para cruzar el río Genal. Para ello habrá que recorrer la sinuosa carretera que conduce hasta Jubrique y Genalguacil.

Por otro, se puede visitar la barriada de Salitre, a la que se accede por la carretera que lleva a Cortes de la Frontera. De hecho, este núcleo de población se encuentra más cerca de ese pueblo vecino que del casco urbano de Algatocín. Allí, es de visita obligada un antiguo molino de agua, que se mantiene a pesar de los años en muy buen estado de conservación. Encuentra tu hotel