Unos vecinos llegados del norte

La colonia finlandesa echa raíces en la Costa del Sol, donde ya dispone demedios de comunicación propios, una escuela pública y tiendas especializadas

AMANDA SALAZARMÁLAGA
La familia Kuosmanen vive en Málaga desde hace siete años. / Jaime Gallardo. Vídeo: Amanda Salazar/
La familia Kuosmanen vive en Málaga desde hace siete años. / Jaime Gallardo. Vídeo: Amanda Salazar

Para los malagueños, Finlandia es la tierra de Papá Noel y de la sauna; un país nórdico lleno de bosques, lagos, nieve y con bajas temperaturas. Entre el equinoccio de otoño y el de primavera, puede observarse la aurora boreal al norte del país, en la franja del Círculo Polar Ártico... Conocemos poco más de este pueblo que, sin embargo, está muy ligado a la Costa del Sol. Según el Instituto Nacional de Estadística, más de 6.600 finlandeses están empadronados en la provincia, situándose en el sexto lugar en número de extranjeros comunitarios.

Sin embargo, el consulado en Málaga eleva esta cifra a unos 25.000 entre residentes y población flotante de larga duración, afincados entre Torremolinos y Marbella. «Es difícil conocer con exactitud cuántos hay aquí porque, al ser ciudadanos comunitarios, no necesitan ningún permiso de residencia para establecerse en Málaga», explica Santiago Souvirón, cónsul honorario de Finlandia.

Según los datos que maneja la oficina diplomática, más del 10% de la población finlandesa viaja cada año a España. Un interés que se traduce también en el estudio de su idioma. La lengua de Cervantes es la más demandada por los alumnos, después del inglés. Los dos destinos favoritos son Málaga y las Islas Canarias. Unas cifras que corroboran las estadísticas de Aena. El año pasado, 201.144 personas viajaron entre Finlandia y Málaga en las dos conexiones comerciales existentes con la capital, Helsinki, y Tampere, la tercera ciudad del país. Tres compañías -Finnair, Norwegian Air Shutte y OY Air Finland- operan entre el aeródromo de la Costa del Sol y el país nórdico durante todo el año y prácticamente salen vuelos diarios hacia estos destinos con precios desde 200 euros. La provincia acoge a la mayor colonia de finlandeses fuera de Escandinavia.

El aeropuerto fue precisamente el causante del idilio que viven los finlandeses con la Costa del Sol. En el año 1959 la compañía finesa Kar Air fletó el primer vuelo charter desde Helsinki hasta Málaga, con escalas Gotemburgo, Luxemburgo y Barcelona. Un total de 48 finlandeses llegaron en aquel avión, 'El Rompedizo', en lo que se bautizó como la ruta del sol. A ellos les siguieron otros muchos, que llegaban atraídos por el clima y la playa.

Al principio, fue un lugar para pasar las vacaciones. Pero poco a poco empezaron a ver Málaga como un buen enclave para pasar su jubilación. «La población era muy acogedora, el clima invitaba a quedarse, huyendo de los duros inviernos con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero y días oscuros, con apenas unas pocas horas de luz», dice el Santiago Souvirón. También ayudó un alto poder adquisitivo que se multiplicaba en una zona turística aún en ciernes.

Hoy en día, el perfil de finlandeses sigue siendo muy parecido. Según datos del INE, el 43% de la población que vive en la provincia tiene más de 65 años. Aunque también hay muchas parejas de mediana edad con hijos, que han elegido asentarse aquí buscando mejor calidad de vida. Prueba de ello es que Fuengirola alberga el único colegio público finlandés de España, con unos 300 alumnos.

La educación por bandera

Los niños no van al cole hasta los siete años

El sistema educativo finlandés es probablemente uno de los pilares fundamentales del país. Sus buenos resultados en los estudios de calidad internacionales son un referente para el resto de Europa. En el colegio de Fuengirola, situado en Los Pacos, los profesores Suvi Mattila y Antti Koivisto hablan de las claves del éxito. «La escolarización obligatoria es desde los siete a los 16 años; antes de eso, los niños no van a la escuela porque no hay estudios que demuestren que aprenderán más por empezar antes a leer y escribir, y creemos que es mejor que el niño sea maduro para afrontar los estudios», dice Suvi, que trabaja desde 2005 en el centro de Fuengirola. Los niños aprenden menos temario que los españoles, pero con mejores resultados.

Además, en la escuela se les enseña otras materias como música, bricolaje, cocina o costura. «Aquí todos los alumnos saben usar un martillo, una batidora o la aguja; les animamos a ser independientes y responsables, y apostamos por el trabajo en grupo y la cultura del esfuerzo», continúa Suvi. La preparación de los profesores también es primordial. «En Finlandia, solo los alumnos con mejores notas pueden acceder a la carrera de magisterio», afirma Antti. Además, deben pasar una entrevista personal. Su formación dura seis años en lugar de cuatro, y cuentan con un curso completo dedicado a la pedagogía y técnicas didácticas, compaginado con prácticas en las escuelas. «Es una profesión muy respetada y acceden quienes tienen verdadera vocación; creo que aquí hay muchos docentes que estudian magisterio porque no tienen nota para otras carreras», opina este profesor, que lleva tres años en Málaga.

Fuengirola, localidad de referencia

Un ayuntamiento con concejala propia

Fuengirola es el municipio de acogida por excelencia para los finlandeses en la Costa del Sol, donde se han convertido una de las principales colonias de extranjeros en esta localidad. Prueba de ello es que, desde hace dos legislaturas, una finlandesa ocupa un puesto de concejala. Aunque no puede decirse que Katia Westerdahl sea totalmente extranjera. Llegó a Málaga con quince años. Sus tres hijos han nacido aquí, han estudiado en colegios españoles y es un ejemplo de los finlandeses establecidos. Sus padres buscaban tiempo de calidad en España y un clima más benévolo y decidieron trasladarse y montar una revista aquí.

Katia es ahora la directora de 'Olé', la revista más antigua orientada a la población finlandesa en España. Ahora, compagina su labor al frente de esta publicación mensual y del periódico gratuito 'Suomalainen Espanjassa' con su faceta de política en el PP. «La relación de los finlandeses y los malagueños en la Costa del Sol ha sido siempre muy buena; muchos se han adaptado tanto a esta vida que se consideran malagueños», indica, mientras se pone a ella como ejemplo. «Mi vida está aquí, no volveré a Finlandia como no sea de vacaciones», asegura, mientras explica que uno de los momentos más duros para ella fue el accidente del autobús de finlandeses en el año 2008. «Acudí a apoyar a las víctimas, y luego en el hospital, a las familias porque muchas no sabíasn español; fue muy triste y difícil», añade.

Además de la población residente, hay otro número elevado de compatriotas que acude a la Costa del Sol por largas temporadas, aunque no de forma definitiva. «Esto se debe a que en nuestro país tenemos un sistema de vacaciones por turnos en el que puedes tomar un año sabático cobrando una prestación mientras das paso a otro empleado para que ocupe tu puesto; así ese trabajador en paro no se queda fuera del sistema laboral», dice. Por eso, continúa, muchos de los alumnos del colegio finlandés de Málaga solo se quedan uno o dos cursos.

Un público atractivo

Revistas, tiendas y hasta una iglesia

En torno a la colonia finlandesa han surgido negocios creados por compatriotas o españoles que han visto en ellos un público atractivo. Han surgido tiendas especializadas en productos gastronómicos como el 'salmiakali' o regaliz salado, frutos del bosque específicos o pan de centeno. Los finlandeses cuentan con una iglesia y un cura propios, según el rito evangelista luterano. La asociación cultural Suomela (Finlandia en finés) es una buena forma de reunirse. Los medios de comunicación también han proliferado con tres revistas, un periódico, una radio y programas en la tele local.

La revista 'Olé', con una tirada de 15.000 ejemplares que se venden sobre todo a través de suscripciones en Málaga y Finlandia, es un buen ejemplo. «Los residentes aquí quieren estar informados de lo que pasa en la Costa del Sol y el idioma es a veces una traba», dice Alma Ulvelin, diseñadora gráfica. Asegura que lo que más interesa a los lectores es la información fiscal y económica para saber «cuántos impuestos deben pagar». Alma lleva cinco años en este puesto al que llegó con un contrato desde Finlandia. «Quería cambiar de ares y España me atraía mucho; ahora sé bailar sevillanas y tengo un traje de flamenca», asegura.

Una familia sin fronteras

Vivir en Málaga y trabajar en Finlandia

Aunque muchos han decidido montar sus pequeños negocios aquí, hay quien mantiene su empresa en Finlandia. La familia Kuosmanen gestiona un estación de esquí en Nilsiä, cerca de Helsinki. Pero hace siete años decidieron vivir en España. Se decantaron por Málaga por la escuela finlandesa y por el clima. «Me gusta caminar por el paseo marítimo mientras pienso en nuevos proyectos para nuestro negocio; Internet me permite seguir mi trabajo a diario desde aquí», dice Matti, que se declara un apasionado de la cocina.

«La primera vez que vinimos a Fuengirola fue con una autocaravana y nos encantó», recuerda la madre, Majia-Liisa, que es una conocida cantante de tango finés en su país. Sus cuatro hijos, Dani (21), Isa-Maria (20), Teo (18) y Helea (16) se decantan por el sol de la costa. Aunque señalan que las casas malagueñas son más frías que las finlandesas. «No hay calefacción y hace más humedad», asegura Marja-Lissa, a quien le sorprende la importancia que se da a la familia aquí y que los hijos se emancipen tan tarde.

En el otro lado de la moneda, los malagueños profesan menos interés por Finlandia. Según el Censo de Españoles Residentes en el Extranjero (CERA) solo 70 viven en el país escandinavo. Aunque poco a poco, ese interés crece gracias al turismo o a programas como el Erasmus. Este año, 33 alumnos de la UMA se marcharán al norte. Un viaje que muchos ya han realizado a la inversa.

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