La cantera de las Big Band

Pequeños de entre 11 y 16 años se iniciarán en un género que no figura en las enseñanzas de los conservatorios elementales. La Fundación Musical de Málaga auspicia el nacimiento de una Orquesta-Escuela de Jazz para niños

REGINA SOTORRÍOMÁLAGA.
Antonio Lara, pianista y director del conservatorio Maestro Artola, dirigirá la escuela. ::                             SALVADOR SALAS/
Antonio Lara, pianista y director del conservatorio Maestro Artola, dirigirá la escuela. :: SALVADOR SALAS

Algunos sólo superarán en unos palmos la altura del saxofón, otros quizá nunca hayan escuchado al gran Louis Armstrong o a Miles Davis... pero ellos serán la cantera de las big band en Málaga. En una iniciativa pionera en Andalucía, una escuela introducirá a los pequeños músicos en un género que no figura en la enseñanza reglada de los conservatorios elementales: el jazz y sus big band (orquestas de jazz). «Queremos paliar ese déficit y acercarlo a los niños», afirma Manuel Sánchez Benedito, presidente de la Fundación Musical de Málaga.

La organización auspicia con una subvención de 10.000 euros el nacimiento de la primera Orquesta-Escuela de Jazz-Swing, un proyecto que dará sus primeros pasos este mes de enero con la captación de sus jóvenes integrantes. «El objetivo es que los niños se formen en una música nueva para ellos y que, sobre todo, disfruten», señala Antonio Lara, director del conservatorio elemental de música Maestro Artola y, a partir de ahora, también de la Orquesta-Escuela. Si además, en un futuro, de allí salen unos buenos profesionales de la música americana por excelencia, «habremos triunfado».

Alrededor de 60 niños, de entre 11 y 16 años (aún por determinar), podrán matricularse de forma gratuita en esta iniciativa. Deberán contar con una base musical en alguno de los 14 instrumentos que compondrán la joven Big Band: clásicos, como el piano, la guitarra, la trompeta, el saxofón, la flauta, el clarinete...; y otros menos extendidos como el oboe, el fagot o la tuba. Lo «más difícil de encontrar» es la batería, pero Lara asegura que ya tienen a dos o tres pequeños dispuestos a colocarse al frente de la percusión.

Punto de encuentro

El conservatorio Manuel Carra será su punto de encuentro, al menos, una vez a la semana. Primero, ensayarán por separado, en secciones (viento-metal, viento-madera, sección rítmica), perfeccionarán el manejo del instrumento y aprenderán las partituras de grandes compositores del siglo XX como Duke Ellington, Cole Porter y Glenn Miller. Después, se unirán en una sola banda. «En junio, esperamos tener ya un pequeño repertorio que nos permita ofrecer conciertos de 20 o 30 minutos», apunta Lara. Un programa que les hará girar por salas, colegios y conservatorios.

Llevarán la batuta cuatro profesionales de la música: Jesús Lloret, catedrático de Trombón en el Conservatorio Superior de Música; Ignacio Doña, profesor de Acompañamiento, Improvisación y Fundamentos de Composición del conservatorio Gonzalo Martín Tenllado; Jesús Ortiz, catedrático de Composición y Edición de partituras en el Conservatorio Superior de Málaga; y Antonio Lara, pianista y director del conservatorio Maestro Artola donde imparte clases de Lenguaje Musical. Ellos asumirán el grueso de la formación, pero contarán con la colaboración de especialistas en los distintos instrumentos.

El hermano mayor

La nueva Orquesta Escuela de Jazz-Swing se apoyará en un 'hermano mayor', que le hará de guía. Se trata de La Insostenible Big Band, un conjunto fundado hace cinco años por Antonio Lara, otros profesores y alumnos del conservatorio Manuel Carra, donde entonces daba clases. La Insostenible, impulsada desde la Asociación Cultural Música y Pedagogía, funciona, ha logrado hacerse un hueco en la agenda musical de Málaga y ha servido de inspiración a la Fundación Musical para poner en marcha una iniciativa similar, pero para alevines.

Los pequeños se iniciarán en las partituras del swing, pero con el tiempo adquirirán las tablas y los patrones de la espontaneidad y la improvisación, la esencia del jazz. Una música que, como defiende Sánchez Benedito, «debe ser considerada clásica». «Hay poca cultura de jazz, pero existe afición. El caldo de cultivo está ahí», concluye. Ahora sólo queda ayudarle a crecer.