Alfonso Méndiz analiza la figura de Jesucristo en el cine

A. J. L.

Y A recordaban los clásicos que la virtud reside en el equilibrio, en el término medio. Un espacio que ha parecido conquistar la industria del cine en referencia a la figura de Jesucristo. Al menos esa es la conclusión a la que ha llegado el profesor de la Universidad de Málaga (UMA) Alfonso Méndiz tras analizar cómo ha tratado el negocio del celuloide a este personaje histórico.

El fruto de este trabajo cobra forma de libro. Se titula 'Jesucristo en el cine' (Rialp) y esta tarde se presenta (19.30 horas) en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés. En este volumen, Méndiz sostiene que la industria del celuloide ofrece ahora «una visión más equilibrada de Jesucristo», un perfil en el que conviven tanto la divinidad como el hombre capaz de mostrar sus sentimientos.

Como ejemplos de esta visión, Méndiz ofrece títulos como 'La Pasión de Cristo' de Mel Gibson o 'El hombre que hacía milagros' «una cinta de animación con figuras de barro cuya expresividad resulta sorprendente», en palabras del profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Málaga.

Asimismo, estas películas responderían a la cuarta y última fase en las que Méndiz divide la aparición de Jesucristo en la gran pantalla. La primera etapa vendría de la mano de las cintas de cine mudo «que ofrecen pequeñas estampas de pasajes bíblicos muy conocidos». Ese tratamiento daría paso en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado a las grandes superproducciones de Hollywood. Méndiz cita 'Rey de Reyes' o -de forma tangencial- 'Ben Hur', como representantes de estas historias en las que gana la vertiente divina sobre la humana.

Aciertos y fracasos

Unas tornas que se giran años después, en los 70, cuando el personaje se convierte en una suerte de «revolucionario» con tintes hippies. Son los años de producciones como 'Jesucristo Superstar', como recuerda el profesor de la UMA.

«En el tratamiento de Jesucristo en el cine ha habido grandes aciertos y grandes fracasos», concluye Méndiz, quien sostiene que las películas sobre Jesús «siempre han supuesto una experiencia muy poderosa tanto para los directores que las han realizado, como para los actores y, por supuesto, para el público».