La magia de la genética

Escolares aprenden la relación entre células, cromosomas y genes en un espectáculo de ilusionismo y juego de manos en Carlos Haya

ÁNGEL ESCALERAMÁLAGA
Un huevo frito de plástico les sirve a María Adriaensens y José Carlos Sánchez para explicar la célula. / ANTONIO SALAS/
Un huevo frito de plástico les sirve a María Adriaensens y José Carlos Sánchez para explicar la célula. / ANTONIO SALAS

La aparición del mago José Carlos es acogida con un aplauso. Los que baten las palmas son una treintena de escolares de quinto de Primaria del colegio público Ricardo León. Los chavales participan en un taller de genética que se celebra en el Hospital Carlos Haya, promovido por la Consejería de Salud. El objetivo es que los niños aprendan conceptos básicos de la genética mediante un espectáculo de magia. «Menuda birria de aplauso», afirma José Carlos. Y, dirigiéndose a María, que comparte con él las explicaciones a los chicos, señala: «Vamos a empezar de nuevo».

Su compañera, consciente de que hay que ganarse desde el principio la atención de la chiquillería, dice: «Hola, me llamo María y os voy a hablar de la genética a través de la magia. Con todos vosotros, el gran mago José Carlos». Esta vez la ovación es atronadora. «Esto ya es otra cosa», indica el ilusionista. María y él ya han conseguido lo que pretendían: despertar el interés de los alumnos.

María Adriaensens, enfermera y estudiante de tercero de Medicina, y José Carlos Sánchez, ingeniero químico, demuestran que saben hacer su trabajo con solvencia. A medida que pasan los minutos, los niños están cada vez más metidos en el taller y siguen con expectación las habilidades manuales de José Carlos.

María pregunta: «¿Alguien puede decirme qué es la genética». Un alumno responde que es algo relacionado con los genes. «¿Y qué son los genes»?, inquiere María. La respuesta de un chaval no se hace esperar. «Los genes son personas que saben mucho».

El error es aclarado de inmediato. «Los genes son los que nos hacen seres únicos», precisa la enfermera mientras el mago saca un mapache de peluche (Rigodón). Lo maneja con tan destreza que parece real. Eso creen los chavales hasta que se dan cuenta de que es un truco. Risas, aplausos y caras de admiración despiden a Rigodón.

División celular

La clase continúa. Las palabras de María y de José Carlos, acompañadas de los juegos, van calando en los escolares. Para hablar de la célula se recurre a un huevo frito de plástico. La yema es el núcleo. Los chicos captan en seguida la comparación. Para explicar la división celular, José Carlos se vale de unas pequeñas pelotas. Pide la ayuda de un niño. Elige a Vladis. El chaval sigue sin pestañear las indicaciones del mago. Este tiene una pelota en la mano y, por ensalmo, se convierte en dos, y luego, en tres, y a continuación en cuatro... El ejemplo es claro. Los pequeños aplauden e intentan averiguar cómo hace el ilusionista la estratagema que permite que no paren de salir pelotitas.

Al contarles las leyes de Mendel, padre de la genética, María les habla de guisantes amarillos y verdes, y de lo que sucede si se mezclan. Se trata de que aprendan que hay genes dominantes y otros recesivos. Para hacer más comprensible la enseñanza, José Carlos mete pañuelos amarillos y verdes en una bolsa. Luego hace lo mismo con un huevo. Términos como cromosoma, genes o ribosoma se combinan con sagaces juegos de manos.

Los alumnos van asimilando la información mientras se divierten. Para finalizar, visitan el laboratorio de medicina regenerativa de la Fundación Imabis y participan en un concurso de dibujo en el que plasman algunos de los conceptos que les han enseñando María y José Carlos. La magia ha funcionado.

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