Antonio Luque: El primer embajador del oro líquido

Dirijo desde Antequera el mayor grupo aceitero mundial / Me casé el mismo año con mis dos amores: mi mujer y Hojiblanca / Tengo tres hijos / Soy ingeniero agrónomo / Mi vida y mi trabajo giran en torno al campo / Me apasiona la caza / Sueño con que algún día, los olivareros andaluces puedan vivir de su trabajo sin preocuparse de subvenciones

TEXTO: NURIA TRIGUEROFOTOS: ANTONIO FUENTES
Antonio Luque: El primer embajador del oro líquido

ANTONIO Luque, solo, en una minúscula oficina donde hasta el teléfono -un pesado armatoste negro- era prestado. Así empezó Hojiblanca en 1987. Difícil imaginar entonces el brillante futuro que le esperaba a aquel proyecto. «¿Cómo íbamos a pensar que llegaríamos a facturar más de 300 millones de euros y a agrupar a 26.000 olivareros de Málaga, Córdoba, Sevilla y Jaén?», se pregunta el artífice del milagro en su actual despacho -que no tiene nada de prestado-, en el corazón de las modernas instalaciones de Hojiblanca en Antequera.

Luque, nacido en 1958 en Málaga -pero criado en Antequera y con raíces en Villanueva de Algaidas-, se casó el mismo año con sus dos grandes amores: Hojiblanca y su mujer. Quizá entonces no podía adivinar que aquella alianza de 13 cooperativas daría lugar al mayor grupo aceitero mundial, pero él ya estaba, desde el primer día, «absolutamente enamorado» de su trabajo. Y ése es, en su opinión, el principal secreto de su éxito al frente de Hojiblanca. «Siempre he sentido que el trabajo no es sólo ganar un sueldo a final de mes, sino que tiene una repercusión real en el entorno donde vives», afirma. La paciencia -«Aunque cada vez tengo menos»- y la mano izquierda han sido sus otras armas de gestión. Sin olvidar algo fundamental: sus orígenes, «el hecho de ser una persona vinculada al sector. Eso ha hecho que los dirigentes de cooperativas confíen en mí y me permite conocer la mentalidad de la gente para la que trabajo».

Y es que no es lo mismo dirigir una empresa que una cooperativa. Luque se compara, bromeando, con un evangelizador, pues una parte importante de su trabajo consiste en ir de pueblo en pueblo convenciendo a las cooperativas de que se unan a Hojiblanca. Sus dos grandes enemigos: «los localismos y los personalismos». «Cuando llegamos a una asamblea general y explicamos nuestro proyecto, los socios están interesados, pero luego a veces el presidente o el gerente les frenan porque no quieren perder su poder. Eso me indigna mucho».

Y cuando Antonio Luque se enfada, lo demuestra. Porque esa mano izquierda tan eficaz para moverse en el mundo de las cooperativas no impide que se sienta libre para decir siempre lo que piensa. Sobre todo si es para defender a los suyos. Como cuando le plantó cara a Mercadona por retirar el aceite Torcaoliva de sus supermercados, o cuando exige al sector de la hostelería malagueño que predique con el ejemplo y utilice aceite virgen extra en las cocinas y en las mesas.

La pasión le puede. Porque la agricultura no es sólo el trabajo de Antonio Luque; es su vida. De familia olivarera, estudió para ingeniero agrónomo y siempre ha trabajado en el sector agroalimentario. Y en cuanto sus compromisos con Hojiblanca se lo permiten, se escapa a la finca familiar para ver cómo van sus olivos y sus cerdos ibéricos. Allí, hablando con su padre y sus hermanos de las cosas del campo, el director general de Hojiblanca vuelve a tocar la tierra. Sus otras aficiones también están ligadas al campo, de una u otra manera: la caza y la buena mesa. «Una tertulia con amigos, alrededor de una mesa con un buen vino, jamón ibérico y pan con aceite... No hay nada mejor».

Lo que cada vez le da más pereza es viajar. Después de tantos kilómetros recorridos en representación de Hojiblanca, Luque intenta por todos los medios dormir en casa y llevar al colegio al menor de sus tres hijos, de 9 años. Así que a su esposa cada vez le cuesta más arrancarle de Antequera. Pero al menos dos veces al año, el matrimonio Luque se escapa a ver mundo. También en su faceta viajera, el director de Hojiblanca es un hombre ligado a la tierra. «Me impresionan más las maravillas de la Naturaleza que cualquier cosa hecha por el hombre: las cataratas de Iguazú, el Amazonas, un atardecer en el Nilo... O el mar de olivos en Andalucía», rememora.

Y después de Hojiblanca, ¿qué? ¿Piensa jubilarse Antonio Luque en la cooperativa? «No me gustaría aferrarme al sillón porque creo que no hay nadie imprescindible. Me veo en el campo, llevando un proyecto más personal, pendiente de la finca...», fantasea. Eso sí, antes le gustaría ver cumplido su sueño: «Que tengamos en Andalucía una empresa con el tamaño suficiente para liderar el mercado del aceite de oliva a nivel mundial, de forma que las miles de familias que dependen del olivar puedan vivir dignamente de su trabajo sin tener que estar preocupados por las subvenciones».

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