Un aguerrido marino

De forma errónea se denominó durante bastante años calle Héroes de Sostoa, como si fueran un puñado de valientes los que se debatieron en una guerra que no existió Se trata de Tomás de Sostoa Achúcarro, un brigadier uruguayo que murió hace 160 años

ANTONIO ROCHE
La placa de bronce y mármol está en la fachada del Asilo de los Pobres. / CARLOS MORET/
La placa de bronce y mármol está en la fachada del Asilo de los Pobres. / CARLOS MORET

EL 25 de enero de 1849 un lujoso entierro atravesaba las calles de Málaga. Fernando González Mart describe que detrás del féretro iban centenares de personas, alternándose nobles y plebeyos, sacerdotes y militares. En la presidencia iban individuos de las más importantes familias de Málaga, de aquellas que alegaban poseer títulos de rancia ascendencia. Sobre el ataúd figuraba una espada y un sombrero de brigadier de Marina. ¿Quién era el difunto? Un marino de gran prestigio, un héroe de dos guerras de la Independencia: Tomás de Sostoa Achúcarro.

Este personaje nació el 8 de marzo de 1786 en Montevideo (Uruguay), aunque de descendientes españoles, concretamente de la localidad guipuzcoana de Eibar. Su padre, José Francisco de Sostoa Zuloaga, que fue ministro de la Real Hacienda de aquel país sudamericano, se casó el 1 de diciembre de 1775 con la uruguaya María Isidora de Achúcarro Camejo. El matrimonio tuvo siete hijos.

Destinado a El Ferrol

El tercero de ellos, Tomás, se dedicó al estudio de las ciencias exactas, pero al morir su padre, el 7 de julio de 1800, ingresó como cadete en Buenos Aires. Poco tiempo después fue trasladado a España, donde aprobó el examen de guardia marina el 2 de septiembre de 1806. Su primer destino fue El Ferrol, a bordo de la fragata 'Prueba', y se encargaba de la protección de las embarcaciones que acudían para su reparación al arsenal, durante el bloqueo de los ingleses.

Superó nuevos exámenes y se graduó en alférez de fragata el 19 de junio de 1808. No tardaría en entrar en batalla y se puso al frente del batallón de voluntarios de la Victoria, en el ejército de Galicia, para luchar contra las tropas napoleónicas. Dos veces fue prisionero y en ambas ocasiones logró escapar.

A punto estuvo de perder la vida en la batalla de Tamames al atravesarle el pecho una bala. En 1810 embarca en la goleta 'Tránsito' y pone rumbo a las islas Canarias, a La Habana y a otros puntos americanos. Se salvó de un fuerte temporal que le cogió cerca de Puerto Rico.

Tras regresar a España, insistió en ir a la campaña declarada en América por los pueblos que querían su independencia. Embarcó en la corbeta 'Paloma' y desembarcó en Montevideo el 7 de mayo de 1812. Sufrió varias vicisitudes, demostrando su valentía en misiones peligrosas. En su heroísmo llegó a ocasionar la voladura del bergantín 'Cisne' para que no cayera en manos de los rebeldes, arrojando un hacha encendida al polvorín.

Su fama comenzó a extenderse. Se casó con 35 años en Montevideo el 24 de mayo de 1821 con María Dolores Ordóñez Viana, catorce años más joven que él.

En 1823 protagonizó un hecho que mereció una felicitación especial del rey Fernando VII: burlar a una flota enemiga y penetrar en el puerto de Cádiz para llevar instrucciones. La reina Isabel II le otorgó el 3 de febrero de 1845 el grado de brigadier de la Real Armada española.

Tomás de Sostoa y Achúcarro escogió Málaga como retiro de su vejez. Según la escritora Rosa Ruiz Gisbert, que hizo un excelente trabajo sobre este personaje, siempre le había profesado un gran cariño a esta ciudad, donde nacieron sus diez hijos (casi todos los varones se hicieron guardiamarinas).

La familia vivía en el número 31 de la calle Ollerías cuando al aguerrido marino le sobrevino la muerte a causa de un cólico, según pudo averiguar Antonio Canca Guerra. No es de extrañar que, con esa biografía, una gran parte distinguida de la sociedad malagueña acompañara al heroico Tomás de Sostoa hasta su última morada.

Calle en su honor

A propuesta del cónsul de Uruguay en Málaga, Víctor S. Barros, la comisión permanente del Ayuntamiento aprobó el 16 de mayo de 1930 dedicarle una calle a Tomás de Sostoa Achúcarro en la zona de Carretera de Cádiz. Se le puso en diciembre de ese mismo año, quitándole a la vía el nombre que tenía, que era el de María Guerrero. En el acto intervino, además del alcalde, el escritor y cronista de la ciudad Narciso Díaz de Escovar. La placa en bronce fue colocada en la fachada lateral del Asilo de las Hermanitas de los Pobres. Se puede ver hoy frente al centro comercial Vialia.

Con el tiempo, la nomenclatura de la vía derivó por obra y gracia del propio pueblo en 'Héroes de Sostoa'. Así ha figurado en anteriores callejeros, anuncios publicitarios, direcciones postales, tarjetas de visita, documentos oficiales... Hasta que Canca Guerra puso orden el 26 de abril de 1975 en un artículo publicado en SUR, en el que se hacía justicia a ese héroe apellidado De Sostoa.

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