El padre de Peneque

El titiritero Miguel Pino, pionero del teatro de guiñol en España, vive un año de homenajes después de cinco décadas de profesión

MARÍA TAPIABILBAO
Miguel Pino, con una de sus marionetas. / GABRIELA BARNUEVO/
Miguel Pino, con una de sus marionetas. / GABRIELA BARNUEVO

Ahora que las nuevas generaciones prefieren los videojuegos que jugar al escondite, Miguel Pino, a sus 86 años, sigue empeñado en preservar una tradición artística dedicada al público infantil y ajena a las nuevas tecnologías: el teatro de marionetas. Este año, cuando se cumplen cinco décadas del nacimiento de Peneque, el personaje que le catapultó a la fama, al titiritero extremeño y malagueño de adopción -reside en la Costa del Sol desde hace 45 años- le llueven los homenajes. «Siempre me llamó la atención el mundo del teatro, pero sobre todo me gustaban los guiñoles. A Peneque el Valiente lo fabriqué yo mismo, es un personaje que es amigo y defensor de todos los niños del mundo. Con él tomé una fuerza enorme».

Pino comenzó a trabajar con 25 marionetas en el programa infantil de una emisora de radio de Villanueva de la Serena, su pueblo natal. Más tarde decidió aventurarse en una gira que les llevaría a él y a sus muñecos por toda España. Pero los primeros pasos del titiritero no fueron sencillos. Entre un coche que le «arruinaba» con sus continuas averías, el alquiler de los escenarios y el mantenimiento de las marionetas, apenas le quedaba dinero para comer y dormir. «Había pueblos donde nos dejaban utilizar el teatro gratis, porque pensaban que nadie asistiría a la obra. Pero yo iba con mi coche y con Peneque a promocionar el espectáculo a la salida de los colegios. Al final llenaba las funciones. Aquel comienzo tan duro, después, con la publicidad se convirtió en una mina de oro». Y es que el artista siempre ha tenido ojo para los negocios; no en vano trabajó años como publicista y como manager del cantaor flamenco Pepe Marchena. Así fue como sus marionetas acabaron anunciando marcas tan conocidas como El caserío, Pepsi Cola y Cola Cao. «Ganaba más que un ministro», bromea.

Para el octogenario artista, la clave del éxito está en la espontaneidad del espectáculo. «En medio de tanta tecnología, de repente llega un pequeño teatro de ilusión y cautiva a los niños, porque la sencillez les da la oportunidad de desarrollar la imaginación». Antonio y Miguel, los hijos de Pino, continúan ahora con la tradición familiar a cargo del espectáculo de títeres. Lo han mamado desde pequeños, mientras ayudaban a su padre entre bambalinas a ponerse los muñecos.

Estatuas

Tal ha sido el éxito que Peneque el Valiente ha cosechado generación tras generación, que su estatua se yergue en plazas de cinco localidades españolas: Astorga, Trujillo, Roquetas de Mar, Quesada y Cabeza del Buey.

Han sido cincuenta años de arduo trabajo, y pese al paso del tiempo, a Pino aún le brillan los ojos cuando relata con emoción alguna de las infinitas anécdotas vividas con sus títeres. Como aquella vez que actuó frente al príncipe de Arabia Saudí, o cuando ayudó a decenas de niños a enfrentarse con valor a una vacuna.

Tras recibir hace apenas dos semanas un homenaje en su tierra de adopción -en el marco del I Congreso Provincial de Artes Escénicas de Málaga-, ayer fue el XXVIII Festival Internacional de Títeres de Bilbao el que se inauguraba con un tributo a Miguel Pino, que tendrá dos funciones en este certamen. «Peneque, Peneque, ¿dónde te metes?», volverán a gritar estos días niños y padres.

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