De pintar un desnudo femenino a ingresar en un convento

R. S.MÁLAGA
De pintar un desnudo femenino a ingresar en un convento

Con apenas 40 años, la vida de Aurelia Navarro dio un vuelco: tras conocer el éxito, lo dejó todo para ingresar en el convento de las Adoratrices. La presión social se impuso a sus inquietudes artísticas. Granadina nacida en 1882, desde su juventud destacó en la pintura, arte que aprendió de maestros como Larrocha y Muñoz Lucena.

Se enfrentó a los tabúes de su entorno al convertirse en una de las primeras españolas en retratar un desnudo en un cuadro inspirado en 'La Venus del espejo' de Velázquez. Lo tituló 'Desnudo femenino' (actualmente, en la Diputación de Granada) y, pese a ser polémico en su tiempo, obtuvo una medalla de bronce en la Exposición Nacional de 1908. En la organizada cuatro años antes, ya fue reconocida con una mención honorífica por su cuadro 'Sueño tranquilo'. Se centró en la temática femenina, inmortalizando a niñas y a mujeres con mantones.

Pero el rumbo que estaba tomando su vida no gustaba nada a la familia. No era de recibo que una mujer, y además soltera, triunfara en el arte. La presión de quienes le rodeaban pudo con sus inquietudes artísticas y Navarro decidió ingresar como monja en las Adoratrices en 1923.

En el convento no abandonó del todo los pinceles y llegó a presentar en el Vaticano un retrato de la fundadora de la Orden, la Madre Sacramento, que iba a ser beatificada. Pero, como detalla la experta en Arte Matilde Torres López, «poco a poco se fueron acabando su vocación pictórica y su creatividad artística».

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