Tatuajes: riesgos bajo el sol

El número de pacientes que acuden a los hospitales con infecciones e inflamaciones aumenta durante los meses de julio y agosto Los estudios incrementan sus clientes con la llegada de turistas

M. CARMEN ESPAÑA| MÁLAGA
Una persona recién tatuada no puede ir ni a la playa ni a la piscina durante un mínimo de 15 días. / SUR/
Una persona recién tatuada no puede ir ni a la playa ni a la piscina durante un mínimo de 15 días. / SUR

El verano es la mejor época para lucirlos, pero no para hacérselos. Con la llegada del buen tiempo, los tatuajes asoman por mangas y escotes o se muestran en todo su esplendor en playas y piscinas. Lugares de riesgo para los que acaban de adornar su piel con el dibujo de moda, ya que el sol y el agua pueden inflamar la zona tatuada o provocar infecciones.

Aun así, hay quien se acuerda de que quería un tatuaje cuando saca del armario la bermuda y la tiranta. «Uno de los motivos por los que la gente se tatúa es el exhibicionismo, muchos los ven en la playa y se les antoja», opina el jefe de servicio de Dermatología del Hospital Clínico Universitario, Enrique Herrera, quien asegura que en julio y agosto aumenta el número de pacientes con complicaciones asociadas a este arte corporal.

La presencia de turistas también engorda el número de clientes en los estudios de tatuajes, sobre todo en los más céntricos de Málaga. «Vienen para llevarse un recuerdo o porque en el resto de Europa son mucho más caros», explica Ruth Ceballos, de Jannagath Tattoo. «Nos piden motivos relacionados con la ciudad, como un toro cubista o el nombre de playas y discotecas en las que se lo han pasado bien», agrega.

Recuerdo de Málaga

No obstante, muchos visitantes saben que tatuaje y verano no son del todo compatibles. Por ello, algunos dibujan su piel horas antes de subir al avión. De no ser así, tendrían que renunciar a refrescarse en la playa y la piscina durante un mínimo de quince días. «En ese tiempo no le puede dar el sol y debe estar tapado con un plástico», comenta Nuria Plaza, de Carla Tattoo. Además, una vez destapado, se debe aplicar sobre el dibujo una protección de factor 50 durante veinte días más.

Estas recomendaciones, unidas a otras como las de curar el tatuaje tres veces al día, hacen que algunos aplacen para el invierno la decisión de tatuarse. «Pero otros no hacen caso y luego vienen con el tatuaje destrozado para que se lo retoquemos», asegura Plaza.

Pero saltarse los cuidados no sólo puede afectar desde el punto de vista estético. Además de las inflamaciones y el riesgo de contagiarse de enfermedades de transmisión sexual a través de las agujas, pueden darse infecciones locales o generalizadas. Estas últimas -llamadas 'sepsis'- producen el paso de los microbios a la sangre, expandiéndose por todo el organismo, causando la muerte en casos excepcionales.

«Además pueden producirse queloides, que son cicatrices muy grandes con un aspecto similar al de los tumores y que también pueden surgir cuando se hace un 'piercing' en los pabellones auriculares», afirma el jefe del servicio de Dermatología del Clínico, quien asegura que estas complicaciones a veces aparecen aunque se hayan tomado todas las precauciones.

Aunque de forma más aislada, algunos tatuados pueden sufrir también fotoalergia, sobre todo, si el dibujo es de color rojo o amarillo. «Esas tintas llevan sulfuro cadmio, una sustancia que puede producir una reacción importante con el sol, sobre todo cuando el tatuaje lleva poco tiempo hecho, pero también se han dado casos 12 ó 15 años después», apunta el doctor.

Consecuencias que pueden darse con independencia de la época del año. «Un tatuaje nunca es bueno porque se está introduciendo en la piel una sustancia extraña», sentencia Enrique Herrera. Con todo, los riesgos pueden minimizarse siguiendo al pie de la letra cada una de las recomendaciones. «La época del año no influye, lo peligroso es si no te lo cuidas», asegura la tatuadora Ruth Ceballos.

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