La calle Císter se queda sin monjas

Llevan cuatro siglos de oración y clausura en el corazón de la ciudad, pero la falta de vocación de las nuevas generaciones ha acabado por expulsarlas. Las religiosas abandonan la abadía de Santa Ana, aunque parte de su legado permanecerá en el Museo de Arte Sacro

AMANDA SALAZAR| MÁLAGA
La mayor parte de las obras de la orden se quedan en el museo. / ANTONIO SALAS  Los trabajadores empezaron ayer a trasladar las pertenencias de la orden. / ANTONIO SALAS/
La mayor parte de las obras de la orden se quedan en el museo. / ANTONIO SALAS Los trabajadores empezaron ayer a trasladar las pertenencias de la orden. / ANTONIO SALAS

Desde hace cuatro siglos, han sido las vecinas más silenciosas del Centro de la ciudad, pero también las más queridas y respetadas. ¿Quién no ha hecho cola durante horas para comprar algunos de los exquisitos dulces que elaboraban de forma artesanal las religiosas cistercienses de la abadía de Santa Ana? Apenas se dejaban ver debido a su voto de clausura, pero durante la misa en la capilla de la abadía se podían escuchar sus voces que llegaban desde detrás del coro.

Ahora, todos esto pasará a formar parte de la memoria de Málaga. Las monjas se marchan para siempre de la calle Císter y ayer empezaron a hacer la mudanza. La razón: la falta de vocación ha dejado sin religiosas la abadía. Apenas quedaban cuatro monjas en su interior y dos de ellas, las más veteranas del convento, superan con creces los ochenta años.

Los trabajadores de la mudanza comenzaron ayer a empaquetar los muebles, cuadros e imágenes que pertenecen a la orden. Según, José Luis Narbona, presidente de la Hermandad de Caballeros del Císter -un grupo de ciudadanos encargados de proteger a las religiosas de la orden-, todos estos enseres se trasladarán al monasterio cisterciense de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

Un paseo por su historia

Para Narbona, la desaparición de la orden en el Centro histórico es una noticia muy triste que cierra una parte de la historia de Málaga, pero indica que al menos su pasado se quedará en la ciudad. «Fue un gran logro crear el Museo de Arte Sacro en la abadía y el acuerdo al que en 2007 llegaron el Ayuntamiento, a través de la empresa municipal Promálaga, y la orden cisterciense, porque si no ahora se estarían llevando obras con un importante valor artístico para la ciudad», dice. Un trabajo que, añade, hay que agradecer a la abadesa Sor María Auxiliadora, una de las religiosas que permanecen aún en la abadía y que tendrá que marcharse después de 70 años en Málaga.

De hecho, el museo alberga unas trescientas piezas fechadas entre los siglos XVI y XX. Entre ellas, destacan las piezas de la 'Virgen Abadesa entronizada' y una 'Inmaculada de Pedro de Mena. La vida del célebre escultor estuvo siempre ligada a la abadía cisterciense. Su casa, en la calle Afligidos, estaba muy cerca del convento. Además, tres de sus hijas terminaron ordenándose como religiosas en Santa Ana. Además de las obras de Mena, en el museo se encuentran pinturas de Antonio Palomino o Segismundo Leire, un terno del Cristo de la Pollinica realizado por Sor Ana del Corazón de Jesús o una túnica del siglo XVIII del Cristo del Desprendimiento.

Caballeros sin protegidas

La Hermandad de Caballeros y Damas del Císter, a la que pertenecen personalidades de la ciudad, se queda ahora sin protegidas. La hermandad se plantea ahora su futuro. Todavía queda por ver qué ocurrirá con la capilla. «Esperamos que se pueda seguir celebrando la misa y que el edificio, que pertenece a la orden, pueda continuar albergando el museo», indican.

Para Carmelina Herrera de Nogués, perteneciente a la Hermandad de las Damas, se pierde una parte de Málaga sin necesidad. «La orden tiene otra congregación en El Atabal, pero ha ido abandonando ésta a pesar de su gran valor patrimonial», dice. Por su parte, el Obispado de Málaga no se pronuncia sobre esta decisión. «Las congregaciones religiosas tienen autonomía», indica desde el Obispado.

Para Narbona, lo importante ahora es intentar que las dos religiosas más ancianas, que llevan toda su vida en Málaga, puedan quedarse en el convento. «Para ellas en un golpe muy duro y están muy nerviosas», señala Narbona, aunque las religiosas prefieren no hablar a la prensa debido a su voto de silencio y obediencia.

Hasta que trasladen todas las pertenencias de la orden, ellas serán las últimas en dejar la abadía. Pero los malagueños ya empiezan a sentir su ausencia.

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