La fórmula del crecimiento

El Ceregumil sigue vigente después de un siglo. La empresa que lo inventó escenifica su salto al siglo XXI mudándose al PTA

EUGENIO CABEZAS |MÁLAGA
Empleados del a firma durante el proceso de fabricación. / SUR/
Empleados del a firma durante el proceso de fabricación. / SUR

Quién le iba a decir al farmacéutico granadino Bernabé Fernández Sánchez que aquel brebaje que empezó a dispensar en su farmacia de la localidad cordobesa de Montilla, a principios del pasado siglo, iba a convertirse en uno de los productos más populares en el sector de los complementos alimenticios. El famoso Ceregumil acrónimo de Cereales, Legumbres y Miel, principales ingredientes del mágico jarabe, ha superado ya el primer centenario de vida y sigue siendo muy demandado, no sólo en España, sino en numerosos países del extranjero, como Estados Unidos, China o Portugal.

Pero el Ceregumil y la empresa familiar que en 1912 fundó este farmacéutico junto a su mujer Blanca Canivell Pascual también han evolucionado y se han adaptado a los nuevos tiempos. Sin ir más lejos, en estos últimos meses el laboratorio Fernández Canivell completando el traslado a su nueva sede, en el Parque Tecnológico de Andalucía: una nave con 4.000 metros cuadrados construidos sobre una parcela de 8.000 metros cuadrados. La sociedad familiar dio un giro hace ahora cuatro años, cuando dos empresarios malagueños que nunca han querido tener repercusión mediática, se hicieron con el 68% del capital social. Dos nietos de los fundadores, Ramón y Juan Ramón Fernández y Canivell, controlan el 32% restante.

Las nuevas instalaciones han sido la guinda del «un salto de calidad» que ha dado la empresa, «que vivía anclada en el pasado», según reconoce el gerente del laboratorio , Juan Carlos García. La vía para conseguir esa transformación ha sido la diversificación del producto en apenas cuatro años el laboratorio ha multiplicado por tres su gama de productos, con complementos dietéticos específicos para la menopausia, la lactancia o los estudiantes, la apuesta por la I+D mantiene un convenio con un presupuesto de 100.000 euros con la Universidad de Málaga, el reforzamiento de la marca Ceregumil y la multiplicación de los esfuerzos comerciales, así como la búsqueda de nuevos mercados en el extranjero.

«Nos hemos rejuvenecido, pero sin perder nuestras señas de identidad», resume García. Y es que la marca Ceregumil está íntimamente ligada a la historia reciente de España. Cuando Bernabé Fernández empezó a comercializar su jarabe con el que llegó a curar a uno de sus hijo hijos, aquejado de fuertes dolores abdominales, el éxito fue inmediato, lo que obligó a la familia a trasladarse a Málaga, donde abrió su primera fábrica en el paseo de la Farola.

Ni siquiera durante la Guerra Civil se detuvo la fabricación del Ceregumil, ya que los trabajadores se trasladaron entonces hasta una finca propiedad de la familia en Algarrobo-Costa. Durante el franquismo y hasta bien entrados los años 80, el jarabe una mezcla con extractos de trigo, cebada, maíz, avena, judías y lentejas, agua, etanol (inferior al 3,5%), glicerofosfato de calcio, miel de abejas y azúcar de caña, estuvo disponible en hospitales porque era considerado una especialidad farmacéutica, casi un medicamento.

El clásico y las novedades

Hoy día se siguen vendiendo 500.000 botellas y 250.000 cápsulas anuales de este reconstituyente. Pero además la firma malagueña cuenta con más de una docena de productos de la misma marca, como Ceregumil Fósforo o Ceregumil Peques, disponibles en farmacias, parafarmacias y puntos de venta especializados.

La compañía tiene buenas perspectivas de cara al futuro, a pesar de la crisis. De hecho, el pasado año lo cerraron con un aumento de la facturación del 12%, hasta alcanzar los 3 millones de euros. En los cinco primeros meses de este año, las ventas ya son un 35% mayores que en el mismo periodo del pasado ejercicio, según destaca García, quien afirma que aunque la competencia es muy fuerte, «si seguimos ahí será por algo». «Esto no es como la Coca-Cola, no hay ningún secreto, ni fórmula mágica. Esto es como la cocina y los cocineros: los ingredientes están ahí, pero hay que saber mezclarlos», concluye.

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