Un verano peligroso... para Hemingway

Sus estancias en La Cónsula y el reportaje que preparaba «sirvieron para fraguar la locura» que le llevaría al suicidio

REGINA SOTORRÍO| MÁLAGA
Andrés Arenas y Teodoro León Gross, directores del congreso. / SALVADOR SALAS/
Andrés Arenas y Teodoro León Gross, directores del congreso. / SALVADOR SALAS

En 1959, la revista 'Life' le hizo el encargo de escribir 10.000 palabras sobre el mano a mano en el albero entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, pero la pasión le pudo... y llegó a las 120.000. Tuvo que reducir su relato a la mitad (con la ayuda de un amigo periodista) y, aún así, el reportaje se publicó en tres partes. Era 'Un verano peligroso', el trabajo que Ernest Hemingway preparó desde la finca malagueña de La Cónsula.

Pero el riesgo de esos meses estivales era doble: por el duelo a muerte en la plaza y por su propio duelo interior. «Los dos veranos que pasa en La Cónsula sirven para fraguar su locura. Tras su marcha, su suicidio era la 'crónica de una muerte anunciada'», dijo Andrés Arenas, autor de la biografía 'Ernest Hemingway: un estilo de vida' y codirector del congreso 'Un verano peligroso. Málaga 1959', organizado por la Fundación Manuel Alcántara y el Instituto Municipal del Libro en homenaje a su figura.

Arenas, que ayer pronunció la conferencia 'Un verano peligroso. Hemingway como periodista', explicó que el escritor «tuvo muchos problemas en la concepción de ese reportaje». «Acabó harto de él», añadió. Hemingway llega ya a la ciudad tocado de lo que los médicos diagnosticarían como «depresión paranoide asociada al alcoholismo». «Sus anfitriones en La Cónsula vieron que estaba agresivo, que tenía manía persecutoria...». Y, pese a todo, llevó una «vida agitadísima» en esos meses del 59 siguiendo a su amigo Ordóñez por toda España.

El resultado fue una «obra menor» en su bibliografía, pero de gran importancia para Málaga por sus menciones de La Cónsula, el hotel Miramar, Ronda, La Malagueta... Además, para él fue un éxito económico ya que, como resaltó Arenas, era uno de los periodistas mejor pagados. «Se decía que cobraba un dólar por palabra».

La generación perdida

El mejor remunerado y, para el novelista Justo Navarro, «uno de los más imitados y admirados». El autor recordó ayer el origen de la expresión 'Generación perdida', que Hemingway se apropió tras una conversación con la escritora Gertrude Stein y que convirtió en la denominación de un grupo de escritores norteamericanos unidos por «la herida de la guerra». Esta le contó la mala atención que le dispensó el mecánico de un taller, lo que le valió -tras su correspondiente queja- la reprimenda del patrón: «Todos sois una generación perdida», le dijo al trabajador, en referencia a esos jóvenes que habían combatido en la I Guerra Mundial. El término se generalizó tras su aparición en las obras 'Fiesta' y 'París era una fiesta'.