«La Humanidad accederá a la tecnología porque hay que tenerla vigilada»

El sociólogo belga presenta en Málaga su libro 'La sociedad vigilada'

A. J. LÓPEZ| MÁLAGA
Mattelart posa en el Jardín Botánico del campus de Teatinos. / CARLOS MORET/
Mattelart posa en el Jardín Botánico del campus de Teatinos. / CARLOS MORET

Tiene aspecto de monje cartujo. O de científico amable. Una actitud que se transforma en cuanto hila su discurso. Entonces se convierte en un predicador laico, un apóstol de la conciencia cívica. La voz de Armand Mattelart (Bélgica, 1936) suena crítica y lúcida en todo el mundo. Abre nuevos caminos con su análisis de la sociedad y los medios de comunicación. Mochila al hombro, Mattelart acudió ayer a la invitación de la Cátedra Unesco de Comunicación de la UMA para presentar en Málaga su último libro, 'Un mundo vigilado' (Paidós).

¿Qué es más peligrosa para la libertad, la economía o la política?

Creo que en el desarrollo de las sociedades democráticas durante el último cuarto de siglo, el mayor problema es el sótano económico de esas sociedades. Primero se nos dijo que la economía iba a resolver todos nuestros problemas. Ahora, un cuarto de siglo después, uno se da cuenta de que la crisis financiera muestra que el modelo económico propuesto para resolver los problemas de la Humanidad se está desplomando.

¿Y qué parte de responsabilidad tienen los medios de comunicación en esta aparente debacle?

Los medios de comunicación son en general seguidistas. Están en línea con las dinámicas dominantes de la sociedad. Aunque no es sólo una cuestión de los medios. Incluso las propias Naciones Unidas creyeron durante casi 20 años que la de globalización iba a resolver los problemas y, al final, los medios reprodujeron una ideología dominante sobre el estado y el porvenir del mundo.

¿El hecho de que los medios pertenezcan a grupos empresariales coarta su capacidad de control?

Así es. El desafío para la democracia hoy es ese. El proceso de concentración hace que cada vez más los medios formen parte de la reproducción de las estructuras de poder y los periodistas incluso lo sienten así. Por censura o por autocensura no pueden desarrollar su propia capacidad de imaginación social. Pero el problema de los medios es un problema de la sociedad entera, de los ciudadanos que son informados.

¿Y qué papel juega Internet en la democratización de los medios?

Es un elemento, pero no basta. No retomo toda esta ideología profética de que la solución está en las nuevas tecnologías. Internet es un actor de esta nueva situación.

¿Qué le parece el llamado 'periodismo ciudadano' de la web 2.0?

Es un fenómeno muy interesante, pero no hay que tomarlo como un absoluto. Es una alternativa. Si no, uno piensa que la tecnología va arreglar el problema y el problema de la conciencia política no es la tecnología, es todo el conjunto de toma de conciencia.

El doble filo de la Red

En ese proceso de toma de conciencia, Internet parece tener cada vez más poder. Sin embargo, como usted mismo establece en 'La libertad vigilada', la Red también esconde sus peligros.

Ahí tenemos un problema clave. No se hablaba de Internet en el año 95 como hoy. Todo el mundo se da cuenta de que Internet cobra importancia. ¿Por qué? Porque también pone en juego la seguridad nacional. Tiene tanta importancia porque refleja todas las facetas de nuestra sociedad. Por ejemplo, las redes sociales son interesantes como elementos de sociabilidad, pero a la vez tienen otra vertiente, que enlaza con el seguimiento de los ciudadanos.

¿Y cómo combatir esa perversión?

El problema es que antes estar fichado era un signo de delincuencia y hoy no estar fichado es sospechoso. Usted está fichado por la salud, la educación... todos los sectores de la vida. Vivimos un nuevo arte de gobernar basado en el seguimiento de las personas. Una nueva lógica se ha desencadenado, sobre todo a raíz los atentados del 11-S; ahora se ha asentado una 'sociedad de la sospecha'.

Pero esas herramientas tecnológicas dejan fuera a la mayoría de los habitantes del planeta.

Es cierto, pero creo que la mayor parte de la Humanidad tendrá acceso a la tecnología para tenerla vigilada, se necesita vigilar a los que están fuera. No tienen acceso a los beneficios de la tecnología, pero tendrán acceso a ese aspecto 'orwelliano'. Además, la crisis está aumentando el desarrollo de las tecnologías de vigilancia: los test de ADN, las cámaras de vigilancia... todo para controlar a las muchedumbres contestatarias. Porque la crisis actual no es sólo financiera, es la caída de un modelo tóxico de relaciones sociales.

¿Y, pese a todo, hay motivos para ser optimista?

No me gusta hablar de optimismo y pesimismo. Digamos que pienso que todavía quedan motivos para la esperanza.

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