Un gran ejemplo de valores humanos

Junto a otros colaboradores, organizo la Gala benéfica de las Artes Marciales / Soy médico desde los 22 años, pero me interesa la mente, el cuerpo y el espíritu de las personas / Mi deporte es una forma de vida, con muchos valores /

Un gran ejemplo de valores humanos

Losdichos populares y los refranes a veces se quedan cortos en sus contenidos. En este caso, la clásica frase de 'es un gran profesional y mejor persona' podría tener una dimensión escasa para referirse a Gabriel Carranque, un médico solidario, abierto y que ya comienza a coleccionar galardones a los valores humanos. Sería un cirujano más del Clínico, anónimo y entregado, aunque su campo de actuación ha ido transformándose con el paso de los años de una forma vertiginosa. Es un auténtico maestro marcial, cinturón negro (segundo dan) de kárate y de kobudo (tercer dan), y ha consolidado, junto a otros colaboradores, la Gala de las Artes Marciales, un acontecimiento benéfico de éxito en Málaga. Esta cita anual le ha reportado un gran reconocimiento y admiración. «Esto es un mérito de muchos. Nunca debemos levantar los pies del suelo», explica el alma máter del evento.

Es un hombre sencillo con conocimientos profundos e ideas muy claras y poco comunes. Tiene una visión integral del ser humano, en todas sus dimensiones. «Me interesa la mente, el cuerpo y el espíritu, porque son inseparables», dice. Considera que la medicina tradicional se olvida de la faceta mental, una de las esenciales del hombre. «Cada día hay más soporte científico para estos conceptos», agrega, a la vez que comparte la filosofía oriental: «Sólo somos un trocito de alma que está aquí para evolucionar. El cuerpo material es nuestro abrigo». Su incursión en las artes marciales le permitió desde niño adentrarse en el mundo de la meditación, una fórmula que le ha servido para conocerse más y mejorar su calidad de vida. «Soy feliz con las cosas más sencillas. La sociedad busca el enriquecimiento del cuerpo y no promociona los valores humanos que nos hacen realmente felices», explica.

Gabriel, malagueño curiosamente del barrio de Carranque, comenzó su formación antes de lo normal. Hizo el antiguo examen de ingreso a los siete años (dos antes de lo preceptivo). «Mi maestro Manuel Nateras creyó en mí y me coló», señala. Este adelanto le permitió comenzar la carrera de Medicina con 16 años. «Éramos una familia humilde y vivíamos en apenas 40 metros cuadrados, por lo que siempre necesité las becas para estudiar. Me centré en la carrera para acabar lo antes posible», afirma. Como curiosidad, cabe enumerar que su primer curso de estudios lo realizó en sólo seis meses, ya que al ministro de turno se le ocurrió que las clases sólo se desarrollarían entre enero y junio (esta normativa desapareció de forma inmediata y el impulsor fue destituido). Concluyó con apenas 22 años e inmediatamente llegaron sus decisiones más trascendentales. En 1979 logró una plaza de cirujano en el Hospital Civil y se casó con Mari Carmen, a la que conoció con 13 años. A partir de esa fecha arranca su trayectoria profesional y también su compromiso humano. «Saqué el MIR y pude irme a Madrid, pero mi jefe, Pascual López Magaña, me convenció para quedarme en el Civil. Y no me arrepiento. Creo que acerté», destaca.

Al margen de su profesión, la gran afición de Carranque es el deporte, concretamente las artes marciales. A sus 51 años se entrena cuatro días a la semana para mantenerse al mejor nivel físico y mental. «Es una forma de vivir en la que los valores humanos son básicos. Es muy útil para la persona», indica. Su concepción de vida difiere de la habitual en una sociedad como la actual. Su lectura se centra en el seguimiento de grandes sabios, entre los que destaca Krhisna Murti. «Decía que la obligación del maestro era entregar una luz, pero el discípulo debía hacer el camino», comenta del autor mientras enumera los principios fundamentales que deberían regir. «Los más positivos son el amor, el discernimiento, la recta conducta y la carencia de deseos materiales. El hombre se pierde si se centra en el deseo, y llega al odio y la envidia. Ahí no está la felicidad», subraya Carranque, que también estudió psicología.

El respeto, el sacrificio y la humildad resumen para Carranque cuáles deben ser los tres pilares de su afición más profunda, las artes marciales. Este deporte o forma de vida y la organización de la Gala benéfica (se han celebrado en quince ediciones) le han permitido trasladar a la sociedad un mensaje de compromiso y solidaridad. Recibió el reconocimiento del Instituto Andaluz del Deporte, también consiguió el premio Otiñano y, en última instancia, la Asociación de Periodistas Deportivos de Andalucía le ha concedido el premio a los valores humanos. Poco a poco va cautivando a los que ven en él un fiel reflejo de su modo de vida sencillo y repleto de principios.