Bernardino León Gross, secretario general de la Presidencia del Gobierno: Diplomático con embajada en Málaga

Nací en Málaga en 1964, año de una buena cosecha para el vino / Estoy casado y tengo tres hijos / Trabajo junto a José Luis Rodríguez Zapatero / Con mi primer sueldo me compré una casa en mi ciudad / Destinado en África cogí dos veces la malaria

ANTONIO M. ROMERO. FOTO: ANTONIO SALAS
Bernardino León Gross, secretario general de la Presidencia del Gobierno: Diplomático con embajada en Málaga

DURANTE el siglo XX, en el linaje de los Gross hubo varios cónsules en la provincia como representantes de Suecia o Finlandia. Junto a estos antecedentes familiares, dos hechos van a pesar fuertemente en la decisión de Bernardino León Gross (Málaga, 1964) de encaminar su vida profesional hacia su «gran pasión», la carrera diplomática. El primero ocurrió cuando de niño vio a Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven en '55 días en Pekín'. «En ese momento tuve por primera vez el instinto de decir que esto de ser diplomático tenía pinta de ser interesante», recuerda. El elemento definitivo fue su paso por la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga y su vinculación al departamento de Derecho Internacional. Allí trabajó codo con codo con el catedrático Alejandro Rodríguez Carrión, a quien considera uno de sus grandes maestros junto al profesor de Literatura del colegio Enrique Ruz. «Cuando los veo cara a cara nunca sé cómo decirles cuánto les debo», afirma.

Nacido en el seno de una familia acomodada, Bernardino León Gross es el mayor de cuatro hermanos. Su infancia son los recuerdos de un niño alegre que jugaba al fútbol, pasaba mucho tiempo con la pandilla y disfrutaba de la playa y la montaña. Todo ello compaginado con sus estudios en el colegio San Estanislao de El Palo y sus anuales salidas al extranjero. «Tuve la suerte de tener unos padres muy viajeros y de habernos asomado a países muy diferentes; eso, luego, me modeló mucho en mi manera de ver el mundo», asegura. Fueron años en los que se despertaron sus inquietudes políticas en unos tiempos de profundos cambios en un país que se asomaba a la democracia. Pero también un periodo en el que creó un grupo de música -«que cambiaba de nombre cada mes»- en el que tocaba la guitarra; «ahora, desgraciadamente, por mis obligaciones no puedo hacerlo». En el repertorio de aquella banda que llegó a actuar en el Parque de la capital se mezclaban el jazz, el rock y la música popular. Gustos musicales que este melómano compatibiliza con su pasión por Johann Sebastian Bach. «No hay libro ni disco de él que no tenga. Incluso he escrito cosas sobre él», relata.

En su etapa universitaria, se convirtió en un auténtico líder: fue delegado de su curso, primer representante de los alumnos en la Junta de Facultad, miembro del Claustro Universitario Constituyente, presidente del Departamento de Actividades Culturales y cabeza de lista, en varias ocasiones, de Estudiantes por el Progreso, que agrupaba a las asociaciones estudiantiles de izquierda. Una posición que, en algunos momentos, le ocasionó algún que otro problema. En ese etapa de su vida comienza su contacto con la política y, fundamentalmente, con el PSOE. Partido en el que a finales del siglo XX apoyó a José Borrell y a José Luis Rodríguez Zapatero cuando optaron a ser secretario general del partido. Tras pasar por la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores, actualmente trabaja en La Moncloa al lado del presidente del Gobierno. Un puesto que: «Nunca busqué».

Grecia, Argelia, Liberia y Oriente Medio -de cuyo conflicto es un gran conocedor- son algunos de los lugares en los que ha estado destinado como diplomático. «En esta profesión se unen elementos racionales con algo de romanticismo». De su etapa africana le queda el recuerdo de haber padecido duramente en dos ocasiones la malaria. «Aquello me ayudó para entender mejor lo que significa la enfermedad y los grandes desafíos de quienes se enfrentan a ella», apostilla este aficionado a jugar al tenis y a correr grandes carreras de fondo (la última, en 2008, los 101 kilómetros de Ronda) para mantenerse en forma. «Mi trabajo exige una entrega física importante y mantener la cabeza fría», sentencia.

Gran lector, es un apasionado de la literatura de Juan Benet, Alejo Carpentier y William Faulkner, de quienes lo ha leído todo. El actualmente vicesecretario del PSOE en la provincia no pierde sus raíces. Está casado con una malagueña, tiene tres hijos y con su primer sueldo se compró una casa en Málaga. «Una decisión que mucha gente no entendió, pero yo sabía que a pesar de mi profesión siempre iba a mantener un vínculo muy fuerte con mi ciudad». Su nombre suena para ser ministro o candidato a la Alcaldía de Málaga, aspectos sobre los que no se pronuncia porque «ninguno de los dos planteamientos está ahora encima de la mesa».

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