La revolución silenciosa de Los Asperones

Velan por la casa, los hijos y su cultura. La mujer gitana es el pilar de su comunidad y se ha convertido en el motor del cambio. Un programa mejora a través de ellas la calidad de vida de las familias de la barriada

AMANDA SALAZAR| MÁLAGA
La mujeres gitanas de la barriada de Los Asperones nos abren las puertas de sus casas para mostrar cómo ha cambiado su calidad de vida en los últimos años. / CARLOS MORET. / Vídeo: ROSSEL APARICIO - PEDRO J. QUERO/
La mujeres gitanas de la barriada de Los Asperones nos abren las puertas de sus casas para mostrar cómo ha cambiado su calidad de vida en los últimos años. / CARLOS MORET. / Vídeo: ROSSEL APARICIO - PEDRO J. QUERO

Los antropólogos la denominan la revolución tranquila. Sin hacer un ruido, la mujer gitana ha conseguido modernizar su entorno sin renunciar para ello a sus raíces. Una tarea todavía más compleja cuando se trata de un ambiente marginal como Los Asperones. Pero, pese a las dificultades, las féminas de la barriada malagueña están mejorando su calidad de vida y la de sus familias a través de pequeños cambios que se afianzan a medida que los hombres del clan asimilan la transformación como una parte más de los nuevos tiempos.

Ellas ya no se resignan sólo a permanecer entre fogones o a cuidar de su prole, y si lo hacen saben que eso no les impide seguir formándose para mejorar sus vidas y su hogar. Aunque la familia sigue teniendo un papel fundamental en su forma de vida, poco a poco se suman otras expectativas. El conocimiento y la incorporación al trabajo abren para las mujeres gitanas de la barriada un mundo lleno de posibilidades.

Dentro de los programas educativos, destacan los talleres fomentados por la Fundación Secretariado Gitano con el apoyo del Área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Málaga, que muestran a las mujeres de Los Asperones la importancia de la educación. Así lo explica Valle Muñoz, técnica de intervención social del programa 'Kalli e sastipen' (en caló, mujer y salud) con el que medio centenar de mujeres de la barriada han asistido a talleres sobre nutrición, alimentación infantil, autoestima, higiene, economía doméstica, el embarazo, salud ginecológica y sobre salud mental.

La originalidad de este proyecto se basa en que se hace a través de técnicos y mediadores gitanos que conocen de cerca la forma de pensar y los tabúes de estas personas. «Muchas veces las mujeres no saben que tienen unas necesidades, pero cuando les haces reflexionar sobre el tema se dan cuenta de sus problemas y nos los demandan; nosotros no imponemos lo que creemos que necesitan, sólo las encauzamos para que ella trace su camino sabiendo que tienen esa capacidad de elección», indica Muñoz.

Ángela Rodríguez 'Lita', tiene 20 años, es soltera y vive con sus padres. Esta joven gitana es el ejemplo de que las cosas van cambiando paulatinamente. Hace unos pocos años, en su cultura ya habría sido demasiado mayor para casarse. Pero ahora las cosas son distintas. Las jóvenes de la barriada de Los Asperones tienen más oportunidades y muchas prefieren esperar a completar su formación y conseguir un trabajo antes de formar una familia. Y sobre todo, tienen la libertad para elegir. «Ya tendremos tiempo de tener niños; mi madre ya tenía hijos con catorce años y yo con veinte no me he casado porque he visto la vida que ha pasado y no la quiero», indica Ángela. Claro que este cambio de actitud frente al matrimonio y el papel de la mujer en la sociedad gitana no se consigue de un día a otro. Han hecho falta años de pequeñas batallas ganadas por parte de las gitanas para modificar su propia mentalidad y también la de los hombres de la familia en una sociedad patriarcal.

«A los hombres les avergüenza acudir a estos talleres, pero son los primeros en preguntarnos lo que hemos aprendido en ellos», indica Ángela, que ha asistido a las actividades de 'Kalli e sastipen' mientras las compaginaba con su trabajo en el comedor de un colegio.

Un mensaje multiplicado

Precisamente, el efecto multiplicador del mensaje es una de las ventajas de este programa. «Sabemos que ellas son las que asisten, pero que luego transmiten el mensaje a otras mujeres que no han acudido o en el seno de la familia, así que al final llega a todo el barrio», indica Valle Muñoz. «Sabemos que el motor de la casa es la mujer, y cuando aplicas una fuerza sobre ella, la expande hacia sus hijos, su marido, sus nietos...», continúa.

Tamara Heredia es viuda y sin hijos. Después de perder a su marido y de la muerte de sus padres, esta mujer de 50 años conoce bien las dificultades de enfrentarse al mundo sola y sin herramientas suficientes. Apenas sabe leer y escribir, así que anima a todas las jóvenes a que continúen estudiando. «Aprender es lo mejor del mundo, ojalá tuviese veinte años para poder ir a la escuela y no tener que sentirse menos», indica.

Respeto a las tradiciones

Pero, el que las condiciones de vida en las familias de Los Asperones estén cambiando no significa dejar de lado costumbres ancestrales. «Yo me he criado de una forma y eso no lo puedo cambiar», indica Tamara. Junto a sus compañeras, ha aprendido muchas cosas que desconocía. Por ejemplo, en el ámbito de la alimentación, les han inculcado la importancia de un buen desayuno. «A veces me levantaba tarde y no desayunaba, pero ahora sé que es la comida más importante y todos los días me hago mi tostada con aceite y mi colacao», dice María Rodríguez, que a sus 20 años ya es madre de un bebé de un año y medio.

«Yo no sabía que el pescado tenía calcio y era muy bueno para la salud», asegura Joaquina Gómez, de 25 años y madre de dos niños y que trabaja como auxiliar de clínica. También han aprendido la importancia de una buena nutrición durante el embarazo y la lactancia.

Claro que los platos típicos gitanos también son suculentos y baratos. «Ya no se hacen tan a menudo porque tienen mucha grasa y los jóvenes se preocupan mucho por el tipo», señala Tamara. A pesar de que son algo más indigestos, una de las actividades del programa fue elaborar un recetario con platos típicos gitanos en las que participaron mujeres de todas las edades. La más anciana, la tía Carlota, una señora de 104 que falleció antes de ver publicado el recetario. Otro de los platos más deliciosos es el de las tortitas de Rosa Santiago. Esta madre de familia ha incluido zumo de naranja en los desayunos porque «es muy bueno para los resfriados».

Además de nutrición, las participantes de los talleres han recibido algunas nociones de economía doméstica, cuidado de la imagen a través de la cosmética natural, primeros auxilios, autoestima y educación sexual desde la perspectiva de la higiene. «Hemos aprendido cómo cuidarnos y cómo prevenir embarazos no deseados o de enfermedades como el sida», señala Noemí Heredia 'La Revuelo' entre risas tímidas; a la mujer gitana todavía le cuesta hablar de sexualidad, pero saben que la información es vital para cuidar su salud. «Les enseñamos a respetar su cuerpo y para ello tienen que ser coquetas, vestirse bien y no tener hijos de forma tan seguida, entre otras cosas», indica Muñoz, quien asevera que por lo general la mujer es muy luchadora y en particular la mujer gitana lo es aún más. «Es una corredora de fondo», explica mientras añade que son ellas las que cuidan la casa, la familia y al marido.

Nuevas oportunidades

«Muchas niñas no han podido estudiar porque desde pequeñas han tenido que cuidar de sus hermanos ya que sus padres se iban a ganarse la vida, así que estos talleres han sido una segunda oportunidad para muchas y hemos aprendido cosas muy útiles para nuestra vida diaria», dice Joaquina. «La gente ve desde fuera este barrio y piensan que todos somos iguales y no es cierto; el problema es que muchos no han visto lo que hay más alá de estas casas», continúa. A Joaquina se le mostraron nuevas oportunidades con su trabajo. «Creo que hacen falta más cursos en los que podamos compartir cosas los payos y los gitanos para aprender nosotros cosas de ellos y los payos también de nuestra cultura», dice.

En Los Asperones viven actualmente más de 300 familias que esperan su traslado, ya que el Ayuntamiento lleva años anunciando el desmantelamiento de la barriada chabolista. El futuro para ellos es incierto, pero se enfrentarán al mundo fuera de la barriada con nuevas herramientas gracias a la implicación y la voluntad de mejorar de la mujer. A través de ellas, poco a poco, los habitantes de Los Asperones se acercan al resto de la sociedad malagueña.