La cara amable de la EMT

La empresa municipal de transportes de Málaga tiene un asistente social, Manuel López, para visitar en los hospitales a las personas que se lesionan en los autobuses

ANTONIO ROCHE| MÁLAGA
Manuel López Villalobos se encarga también de ayudar socialmente a sus compañeros de la EMT. / A. ROCHE/
Manuel López Villalobos se encarga también de ayudar socialmente a sus compañeros de la EMT. / A. ROCHE

«La gente no se espera que vaya a verle alguien de la EMT». Manuel López Villalobos, de 42 años y trato campechano, tiene como uno de sus principales cometidos visitar en los hospitales a las personas que sufren algún tipo de lesión en el interior del autobús e interesarse por su salud. «Al principio me miran de forma recelosa. Piensan: '¿A qué vendrá este? ¿Qué quiere comprobar?' Luego se dan cuenta de que mi visita es realmente para interesarme por su estado porque, al fin y al cabo, son nuestros clientes».

Esa atención de la Empresa Malagueña de Transportes forma parte de la política de modernidad e innovación que le imprimió el gerente, Miguel Ruiz, cuando se hizo cargo de la EMT. «Hombre, la gente se siente bien cuando la empresa se interesa por ella. A veces no hablamos directamente con el accidentado, sino con sus familiares», señala López. «Incluso, una vez que le dan el alta hospitalaria, a veces seguimos su evolución a través del teléfono».

No se conoce que otras empresas nacionales de transporte tenga una persona desempeñando esta función, si bien la figura del asistente social no es nueva: ya fue creada en los años ochenta en esta empresa municipal. Manuel López entró en la EMT en septiembre de 1999. Se presentaron tres para la plaza vacante que dejaba Manuel Rengel y la ganó una mujer. Sin embargo, poco tiempo después se marchó y lo llamaron a él, que quedó en segunda posición.

Labor interna

Pero la labor de Manuel López es mucho más amplia, sobre todo a nivel interno. «Mi cometido es informar y orientar a los trabajadores que tengan algún problema familiar o social con el fin de evitar que tenga alguna incidencia en su vida laboral».

Así, Manuel López escucha y pone en el camino adecuado a aquellos empleados de la EMT que puedan tener problemas con el alcoholismo, la ludopatía o la drogadicción. «Afortunadamente no hay muchos casos», matiza. Últimamente les está llegando compañeros o compañeras que desean adoptar un niño y no saben dónde dirigirse. Él les informa de todos los trámites.

Su misión también es enviarle una tarjeta de pésame en nombre del director al trabajador que sufra la pérdida de algún familiar cercano o remitirle al hospital una canastilla de flores a la mujer de algún empleado de la EMT que haya dado a luz. «Estamos para las duras y para las maduras», señala.

Manuel López organiza la cena de Navidad de la plantilla, se encarga del reparto de juguetes a los hijos de los trabajadores -este año ha dado 450- y de preparar la participación de la EMT en la cabalgata de Reyes, donde participa con un autobús. También de la organización de otras actividades culturales o recreativas, como el tradicional concurso de pesca.

La EMT tiene una plantilla de unos 800 trabajadores, de los que 560 son conductores. Tiene una flota de 262 vehículos, todos accesibles para personas con movilidad reducida, y transporta al año 45 millones de viajeros. Es una de las empresas punteras de España en su sector y está en posesión de premios internacionales y de certificados de calidad.

Conductores

«Esta empresa se preocupa por sus clientes, y por sus trabajadores», apunta Manuel López. Se le presta también ayuda al conductor que sufre algún accidente grave. «Se le releva porque no está en condiciones de seguir. Si él quiere se le cambia de línea. A veces, es el propio conductor el que está interesado en llamar personalmente al accidentado para conocer su estado de salud. La gente es sensible».

El conductor es la persona que trata a diario con las viajeros y con los problemas de tráfico que se presentan. Algunos motoristas o automovilistas cometen infracciones que obligan al profesional a dar un brusco frenazo con el peligro que supone para el pasaje, más aún cuando la mayoría de los viajeros son personas mayores. Manuel López los conoce a casi todos por sus nombres y apellidos porque también se encarga de ejecutar los planes de formación que hay para ellos.

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