Mijas da el estirón

La apuesta por el turismo residencial, con decenas de urbanizaciones bordeando el litoral, ha marcado el crecimiento económico y social del que este año se ha convertido en el cuarto municipio más poblado de la provincia, adelantando a la vecina Fuengirola

FRANCISCO JIMÉNEZ| MIJAS
Mijas da el estirón

Poco queda ya de esa pequeña villa de vida tranquila llamada Mijas. Bueno sí, la estampa del típico pueblo andaluz de paredes blancas que otea la Costa del Sol desde la sierra. Una esencia que los oriundos del lugar se niegan a perder a pesar de la transformación sufrida por el municipio en los últimos años, consecuencia de un fuerte desarrollo urbanístico basado en el turismo residencial que ha dado como resultado un crisol de culturas en el que conviven hasta 119 nacionalidades. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) han puesto de manifiesto cómo Mijas ha escalado posiciones hasta convertirse en el cuarto municipio más poblado de la provincia, con 70.437 habitantes empadronados, sólo por detrás de Málaga, Marbella y Vélez. Un crecimiento que, en buena medida, está sustentado en la población extranjera, como lo demuestra el hecho de que de los 6.149 vecinos de nuevo cuño registrados en el último año, 3.648 proceden de otro país, englobando tanto a turistas que han decidido fijar su residencia en Mijas como a inmigrantes atraídos por la anterior etapa de bonanza en el sector del ladrillo.

«Mijas tal vez sea de los pocos ejemplos de municipios que han progresado conservando sus señas de identidad», presume el alcalde Antonio Sánchez. De hecho, las políticas municipales caminan en esa dirección, intentando potenciar la figura del pueblo como atractivo cultural, urbano y gastronómico, que se verá reforzado próximamente con la creación del centro comercial abierto y la remodelación de las calles del casco antiguo.

Sin embargo, Mijas es mucho más que el pueblo, tanto económica como demográficamente hablando. Los verdaderos artífices del crecimiento poblacional son los otros dos núcleos urbanos que conforman el término: Las Lagunas, principal zona de expansión; y La Cala, rodeada de una infinidad de urbanizaciones que bordean el litoral hasta el límite con Marbella.

Del campo al ladrillo

Hasta mediados del siglo XX, la economía mijeña giraba en torno a los molinos y batanes, que proliferaron aprovechando la riqueza de los acuíferos de la sierra, junto al desarrollo de una agricultura basada en el autoconsumo de la población, que por aquel entonces apenas alcanzaba los 7.000 habitantes. A finales de los años 50, ese estilo de vida comenzó a cambiar en Mijas y en lo que posteriormente se conoció como la Costa del Sol. Un punto de inflexión que algunos fijan en 1959, año en el que se construyó en Torremolinos el hotel Pez Espada, el primer establecimiento concebido para el turismo de sol y playa.

Por esa época ya empezaban a verse los primeros turistas por las calles del pueblo, muchos de los cuales se sentían atraídos por los burros que transportaban arena y material de obra. Una curiosidad que el ya desaparecido Julián Núñez supo convertir en negocio. Así nació el burro-taxi, una original idea que a día de hoy sigue siendo uno de los principales reclamos de Mijas. Unos años después, en 1975, abriría sus puertas el Carromato de Max, el primer museo mundial de miniaturas.

El resto de vecinos tampoco quiso perder la oportunidad que les brindaba el desarrollo de la actividad turística. Se empezó a construir en masa, así que poco a poco se fueron perdiendo los antiguos oficios. Cada vez eran más los pequeños propietarios rurales que vendían sus tierras para trabajar en el pujante sector de la construcción, levantando numerosas urbanizaciones que han hecho de Mijas uno de los principales destinos del turismo residencial. Un desarrollo urbanístico que trajo consigo un crecimiento exponencial de la población, pasando de los 15.000 habitantes de inicios de los 80 a los 50.000 con los que arrancó el siglo XXI.

«La gente del campo, que vivía en diseminados como Entrerríos, se fueron instalando en Las Lagunas en busca del dorado, es decir, del dinero, y empezaron construir sus casas en este núcleo, aunque eso sí, sin ningún orden urbanístico», comenta Francisco Gutiérrez, director del Museo Etnográfico.

Cambio cultural

El cambio de rumbo ya estaba dado. Con el abandono definitivo de la actividad agraria se abría una nueva etapa de crecimiento y esplendor centrada casi exclusivamente en el sector servicios. «La transformación fue muy brusca. En apenas unos años, la gente cambió su indumentaria, se escuchaba otro tipo de música y los jóvenes empezaban a dejarse el pelo largo», narra Gutiérrez.

Una mezcolanza que con el paso del tiempo se ha hecho aún más intensa, sobre todo a raíz de los matrimonios entre extranjeros y 'chichilargos' -como antiguamente se denominaba a los mijeños. Un mestizaje lógico tratándose de un municipio en el que cerca del 40% de su población (28.353) es foránea, un porcentaje que se vería incrementado si se contabilizaran los numerosos residentes que aún están sin empadronar. En este punto entran en juego las iniciativas para fomentar el empadronamiento que persigue el Ayuntamiento en forma de bonificaciones en los impuestos, ayudas y subvenciones, por eso de que la población flotante no cuenta a la hora de recibir ayudas de otras administraciones, pero que, en cambio, sí que recibe los servicios que se prestan.

Además, los extranjeros que se instalan en Mijas ya no son sólo los jubilados europeos que se compran una casa para ver pasar el tiempo mientras disfrutan del sol y la playa. Cada vez son más los inmigrantes que llegan en busca de un futuro mejor, especialmente en Las Lagunas, donde se concentra la mayor parte de la actividad comercial y empresarial del municipio. «Somos un pueblo abierto tanto para los turistas como para los inmigrantes, de ahí que apostemos continuamente por políticas de integración basadas en el respeto a la diversidad para que todo el mundo se sienta acogido», recalca el primer edil.

Salto desde Fuengirola

Otro factor que argumenta el crecimiento demográfico experimentado en Mijas es el precio de la vivienda, sensiblemente inferior al de municipios vecinos como Fuengirola, del que le separa únicamente la acera de una calle. Prueba de ello es que, según las cifras manejados por la oficina de empadronamiento mijeña, alrededor de 1.300 de los nuevos residentes proceden de Fuengirola, una localidad que ronda los 70.000 habitantes pese a sus escasos diez kilómetros cuadrados de superficie. Se trata del municipio más pequeño de la provincia, aunque también del que cuenta con una mayor densidad de población (6.311 habitantes por kilómetro cuadrado). Una limitación urbanística que contrasta con los 149 kilómetros que conforman el término municipal mijeño en pleno corazón de la Costa del Sol.

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