Andalucía y la sostenibilidad

EL turismo es una de las actividades económicas más dinámicas y con mayor proyección en el futuro. De hecho, la Organización Mundial del Turismo (OMT) prevé que se dupliquen las cifras actuales de desplazamientos internacionales de viajeros en los próximos 12 años, hasta alcanzar los 1.600 millones a lo largo del planeta. Un escenario, por tanto, que gana en tamaño, pero que también viene marcado por la hipercompetencia debido a la aparición de nuevos destinos, lo que nos obliga a redoblar los esfuerzos para afianzar nuestra posición de liderazgo.

Andalucía ha demostrado en los últimos años su capacidad para adaptarse a los nuevos retos del mercado y para consolidarse como una de las potencias mundiales del ámbito turístico. Los resultados obtenidos en 2007 avalan esta trayectoria, ya que la comunidad volvió a batir sus propios récords en los principales indicadores, con 26 millones de viajeros y 16.500 millones de euros de ingresos. No obstante, lo que quizá otorga más valor a estas cifras es que el sector se está convirtiendo en motor de desarrollo e instrumento de cohesión territorial de numerosas zonas del interior de la región, además de ser uno de los que más empleo genera, el 13% del total de los ocupados de Andalucía. El turismo es, de esta forma, uno de los principales responsables del crecimiento económico andaluz, aunque es indudable que, al igual que otras actividades productivas, ejerce presión sobre los recursos naturales y el territorio.

La política turística ha intervenido hasta ahora en la realidad del sector abordándola desde dos puntos de vista: la demanda, a través de actuaciones de promoción para la captación de clientes; y la oferta, con medidas centradas, sobre todo, en la ordenación y el fomento de los distintos productos y segmentos. Sin embargo, en la coyuntura actual, en la que la evolución y los cambios que afectan al sector están transformado los pilares que habitualmente han condicionado la competitividad turística, ha surgido un tercer punto de vista relativo al entorno donde se desenvuelve la vivencia de los visitantes. Y es que nos encontramos ante un nuevo perfil de turista que cuenta con mayor poder de decisión, es más emocional y busca acumular experiencias en sus visitas. Asimismo, es más exigente con la relación calidad-precio y con la sostenibilidad, utiliza nuevos canales de información y dispone de un abanico cada vez mayor de destinos donde elegir. Hoy podemos decir, sin equivocarnos, que el turista es el centro de la actividad.

Así, en la actualidad, el nivel de satisfacción de los visitantes no sólo viene determinado por los elementos tradicionales, sino por una multiplicidad de factores que conviven en un destino y depende directamente tanto de la capacidad de un espacio determinado de integrar los atractivos patrimoniales, culturales, naturales y paisajísticos como de la prestación satisfactoria de los servicios públicos. Este contexto, en el que Andalucía aspira a seguir siendo un referente de primer orden internacional, obliga a reorientar las estrategias y a tener en cuenta tres elementos esenciales de cara al futuro. Por un lado, la sostenibilidad como un compromiso ético de conservación y protección del medio ambiente y, en especial, como una exigencia del mercado. Por otro lado, la ordenación y gestión adecuada del espacio turístico como un elemento de competitividad frente a otros países y áreas receptoras. Y, por último, la innovación y la excelencia como pilares del crecimiento turístico.

Bajo estas premisas, desde el Gobierno andaluz ya hemos puesto en marcha el Plan General de Turismo Sostenible 2008-2011. Este instrumento de planificación establece medidas destinadas a la gestión sostenible de los recursos naturales y culturales; a la valorización del paisaje; y a la explotación ecoeficiente de los establecimientos turísticos, por citar algunos ejemplos concretos.

Pero además, estamos trabajando, en colaboración con los agentes socioeconómicos, en una modificación de la Ley del Turismo de Andalucía que permita incorporar la perspectiva sectorial en la ordenación territorial e introducir el concepto de calidad total en la definición y delimitación de los espacios turísticos. Esto permitirá mejorar la integración de los productos y segmentos en el medio, así como cualificar y poner en valor el territorio donde se desarrolla la actividad. No en vano, la Consejería está actuando a través de setenta planes en más del 80% del territorio andaluz.

El Día Mundial del Turismo, cuyo lema es 'El turismo afronta el reto del cambio climático', nos recuerda hoy que el modelo de desarrollo para los próximos años ha de ser viable económicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social, pero, sobre todo, ha de ser ecológicamente soportable a largo plazo. En un escenario cada vez más competitivo y con una oferta más sofisticada, este criterio constituye, sin duda, un elemento indispensable para aprovechar los recursos, maximizando la satisfacción de los visitantes sin generar impactos negativos.

Por todo ello, en el día de hoy, nuestra Comunidad Autónoma quiere sumarse al conjunto de reflexiones que en estos días cobran especial relevancia. Las principales autoridades internacionales en materia de turismo tratarán de arrancar el compromiso de los Estados para la puesta en marcha del proceso de la Declaración de Davos. Y es en ese marco en el que debemos hacer nuestra contribución, además de incorporar más medidas en nuestras políticas que contribuyan de forma eficaz a reducir los impactos que el cambio climático tendrá en nuestro desarrollo socioeconómico.

Andalucía ha recogido el guante hace ya algún tiempo y está afrontando este desafío con el diseño de una política turística pionera e innovadora que impulsará unas pautas de crecimiento que permitirán colmar las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer las posibilidades de las del futuro. Desde la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte seguiremos trabajando para conjugar ambas cosas. Se puede crecer en la oferta turística y hacer válido el axioma de los ambientólogos de que la tierra no es un regalo de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.