Fernando Garrido: «La arquitectura es un reto, si te acomodas se vuelve vulgar»

El arquitecto de la Escuela de Artes y Oficios habla sobre su obra y sobre sus proyectos más inmediatos

SANDRA BALVÍN
ARQUITECTO. Fernando Garrido con una maqueta de la escuela de Artes y Oficios en una imagen de archivo. / CEDIDA/
ARQUITECTO. Fernando Garrido con una maqueta de la escuela de Artes y Oficios en una imagen de archivo. / CEDIDA

A Fernando Garrido Rodríguez le propusieron ser el arquitecto de la Escuela de Artes y Oficios cuando trabajaba para la dirección general de Bellas Artes. El Ministerio le encargaba por aquel entonces las obras especiales, quizá porque sus formas poco tenían que ver con las de la época y la de Algeciras tenía que ser especial. Se pensó como un lugar destinado a convertirse en referencia de una ciudad situada entre dos mundos y repleta de posibilidades. La inclinación del solar suponía una dificultad añadida, pero el arquitecto es de la opinión de que la arquitectura es como los toros, que luce más con los adversarios bravos. A sus más de setenta años, contempla con satisfacción cómo la idea de su caracola ha resistido el oleaje del tiempo y espera que vuelva a lucir como hace cinco décadas.

Hizo la caracola mucho antes de que estuviese de moda hablar de arquitectura orgánica, ¿se considera un adelantado a su tiempo?

Pero muy adelantado y tengo proyectos de cosas como guisantes. Muchos se han llevado a cabo porque siempre he intentado hacer edificios especiales porque para trabajar hay que estar quietecito, pensando mucho y disfrutando.

¿La arquitectura requiere pasión?

La arquitectura es eso. Es una bella arte y tiene más dificultad que las otras porque tiene más dimensiones: la pintura tiene dos, la escultura tres y la arquitectura cuatro porque no sólo es hacer la figura exterior, sino que luego tienes que meterte dentro. Es un reto, si todo es igual y te acomodas no puedes hacer nada porque se convierte en algo vulgar.

¿Mantiene vínculos sentimentales con los edificios?

A todos los quieres y los recuerdas. Yo me acuerdo de los buenos ratos que pasamos en la obra de Algeciras. Entonces se estaba haciendo Sotogrande, en realidad se estaba haciendo todo, y no se imagina la cantidad de polvo que tragamos en las carreteras. Nada que ver con lo de ahora.

¿Cómo se siente cuando ve que durante años no se ha cuidado la escuela?

La vida es así, una lucha constante. Tú pones ilusiones en cosas y luego a lo mejor no es como tú esperabas. Menos mal que Algeciras se ha volcado, ha estado fantástica al pedir mejoras para el edificio porque eso es un signo de cultura, de que valoran las cosas. No debería hablar así, pero así es. Lo han pedido los estudiantes, que estuve con ellos, y profesores de la escuela. Siempre han estado con mucha ilusión y ellos son los que han movido todo.

¿Trabaja con las mismas ganas que en los inicios?

Absolutamente igual porque con la edad los defectos te aumentan, pero las cosas buenas también. Con el paso del tiempo aprendes que no se puede perder la ilusión y que nunca debes desmoralizarte. Todo sigue igual, la única diferencia es que hay técnicas nuevas. La arquitectura es como la vida. Las personas son iguales ahora que en siglo pasado, que en el anterior y que en el otro, lo que cambian son las comodidades y los inventos.

¿Con qué se queda de la arquitectura actual?

A todos los buenos los admiro, a los que son muy negociantes no los admiro. Admiro a los arquitectos que son de verdad y sienten. La ópera de Sidney me parece estupenda, después se han hecho edificios muy buenos de altura, pero no todo es que algo alcance 300 metros de altura, hay que estar al mínimo detalle. De todo se aprende. Estuve en Brasilia y aquello me enseñó mucho la alegría de la arquitectura.

Su visión de la arquitectura es muy amplia

Lo que ocurre es que de la arquitectura no se puede hablar porque no se puede describir con palabras. La música es lo único que puede describir la arquitectura. Por mucho que te cuenten como es la Alhambra, no acabas de imaginártela del todo hasta que escuchas la música de Falla. Entonces ves que cada pared, cada detalle y cada rincón está en las notas de la música. Si hubiera una música que hablara de la Escuela de Artes y Oficios, tendría que sonar como las olas del mar, al menos yo lo imagino así.

¿Se siente orgulloso de su trabajo?

(Risas) El último orgullo que tengo es que he hecho una vivienda unifamiliar en Palma y el otro día cuando fui me dijo el guarda: «pues sabe usted que han estado preguntando aquí quién es el arquitecto y uno de los que ha preguntado es este de los ordenadores2. Resulta que era Bill Gates, que había preguntado dos veces y los guardas no supieron decirle quién había hecho la casa. Para haberle dado una tarjeta...Fíjese que eso me ha hecho mucha ilusión. Es que este edificio es precioso, de corte mediterráneo, muy blanco y de cristal. Muy moderno. Yo es que me hago mi misma propaganda, como ve.

No le veo con ganas de retirarse...

Mientras Dios quiera, nada. Estoy con esto y con la pintura. Pinto lo que puedo. Le hice un retrato al Papa actual, me lo encargaron y se lo llevó cuando vino. Ahora la Nunciatura me ha encargado otro para Madrid. No sé cómo se enteraron del otro, pero ya sabe, se enteran de todo.