El misterio de las botas colgantes

Se han convertido en una imagen habitual en las grandes ciudades hasta mimetizarse con el paisaje urbano. Las calles malagueñas también están llenas de zapatos prendidos de los cables sin que nadie conozca a ciencia cierta el origen de esta costumbre

AMANDA SALAZAR
URBANO. Unas botas cuelgan en la calle Álamos. / ÁLVARO CABRERA/
URBANO. Unas botas cuelgan en la calle Álamos. / ÁLVARO CABRERA

Como dijo Antonio Machado, el camino se hace al andar. Y para pasear por la vida con buen pie, nada mejor que unas buenas botas. Pero, dando una caminata por cualquier gran ciudad descubrimos que los zapatos no sólo sirven para los pies. Decenas de pares de botas cuelgan en los cables de algunas calles malagueñas sin que nadie conozca a ciencia cierta qué hacen ahí. Se han convertido en una imagen habitual mimetizándose con el paisaje urbano hasta tal punto que los viandantes apenas perciben su presencia.

Sin embargo, en la Red, lugar de encuentro para todas los misterios posibles de la humanidad, encontramos un buen número de foros que versan sobre esta rareza. Las leyendas urbanas existentes acerca del tema son infinitas. Pasen y vean.

UNA RAZÓN DE CINE

La teoría de míster Burton

Hablar de botas prendidas de un cable significa hablar de Tim Burton y de su película 'Big Fish', todo un clásico ya para los buscadores de teorías sobre zapatos colgantes. En la película, con el toque surrealista habitual del cineasta, el protagonista Edward Bloom llegaba a un extraño pueblo con un cable en el centro lleno de zapatos colgados. En el filme, la gente dejaba allí los zapatos para indicar que era el sitio donde se querían quedar, abandonar el camino para cambiar de vida y dejar su pasado atrás.

HISTORIAS DE SOLDADOS

Aventuras de la mili

Una teoría menos romántica pero más española es la que sostiene que los jóvenes que volvían de la mili colgaban sus botas cuando se licenciaban para decir adiós para siempre a sus días de soldado. Sin embargo, esta teoría y otras que podrían valer para épocas recientes se desmontan, porque en muchos pueblos esta costumbre se viene realizando desde tiempos inmemoriales.

SIMBOLOGÍA DEL HAMPA

Punto de droga y tributo a los ladrones

Las leyedas urbanas más extendidas tienen que ver con el mundo de la delincuencia. Parece ser que unas botas colgando en un cable delante de una casa marcan un punto de venta de droga. Claro que entonces sería preocupante, porque hay muchas botas colgando en las calles malagueñas. Otras explicaciones vienen de algunos barrios marginales neoyorquinos. Allí, las bandas juveniles cuelgan botas para marcar su territorio. Aunque también son un homenaje a las víctimas de la violencia callejera, ya sean integrantes de bandas o simples ciudadanos fallecidos por una bala perdida en los enfrentamientos. Una versión que también se extiende a España, donde los zapatos colgantes podrían ser el tributo a un ladrón fallecido para indicar que colgó las botas.

VARIEDAD DE VERSIONES

¿Tecnología o tradición?

Una explicación supuestamente más tecnológica -también la más increíble- es la que asegura que poner unos zapatos con suela de goma colgando de un cable aumenta la cobertura. En los pueblos, sin embargo, es toda una tradición. Colgar unas botas de un cable trae suerte y prosperidad al pueblo. Aunque no todos ven en esta costumbre una señal esperanzadora. «Es vandalismo con todas las letras, algún gracioso que se dedica a colgar zapatos y a ensuciar la ciudad, da igual qué otras teorías haya, es una porquería», indica indignada una vecina del Centro histórico al ver colgando unas botas en la calle Álamos. En la carretera de Cádiz y El Palo también se encuentran zonas plagadas de zapatos voladores.

SIGNO DE PROSPERIDAD

Una explicación antropológica

Algunas explicaciones que surcan por Internet tienen incluso un carácter antropológico. Algunos usuarios de la Red indican que es una costumbre muy extendida entre los jóvenes inmigrantes del norte de África, que cuelgan sus viejas botas cuando encuentran algún trabajo como un signo de prosperidad. «Es como gritar a la gente, ¿mira, las cosas me van bien y puedo comprarme unos zapatos mejores!», explican en un foro.

EL 'SHOEFITI'

Por amor al arte

Lo último en teorías sobre los zapatos voladores es el 'shoefiti', un juego de palabras entre la palabra inglesa 'shoe' (zapato) y graffiti. Se trata de un tipo de arte urbano que consiste en adornar con zapatos la ciudad. En lugar de llenar las paredes de pintadas, los artistas callejeros utilizan la noche para plantar sus zapatillas. Otras interpretaciones igualmente curiosas apuntan a señales para indicar una casa 'okupa'. Aunque también hay quien defiende que es una manera de celebrar el fin de un curso académico, de anunciar un matrimonio próximo o comunicar a todo el barrio la pérdida de la virginidad. Elijan ustedes mismos.

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