La diversión no tiene razón para parar

Niños, jóvenes, adultos y mayores acudieron al real para disfrutar de una segunda noche de feria en la que no hay visos de tregua

TEXTO: J. P. MARFIL
DE TODO. Este joven consiguió reunir un buen grupo de personas alrededor de su número de acrobacia. / JORGE PIMENTEL/
DE TODO. Este joven consiguió reunir un buen grupo de personas alrededor de su número de acrobacia. / JORGE PIMENTEL

SEGUNDA noche de alegría, música y amistad. Segunda noche de feria y la gente no da tregua. Es cierto que a primeras horas de la noche parecía que no se iba a repetir la asistencia de la jornada anterior, pero conforme pasaron las horas el número de asistentes se incrementó y finalmente no debió distar demasiado de la víspera. Se ve que a última hora la gente se animó, a pesar de correr el bendito riesgo de comenzar la semana 'enferiao'.

Esta feria es para todos. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores. Todos ellos tienen opciones y oferta para pasar grandes noches en el Cortijo de Torres. A primera hora, el protagonismo es de los pequeños. El Teatro Estable, en la Caseta Municipal Infantil, hace las delicias de los niños que atienden en riguroso silencio a la adaptación del cuento de los Tres Cerditos.

No es el único rincón en el que se programan actuaciones para los pequeños. Por ejemplo, la caseta del sindicato UGT también tiene a sus jóvenes visitantes boquiabiertos con la actuación de varios animadores. Y es que el real debe ser para los pequeños como un enorme paraíso lleno de atracciones, algodones de azúcar, manzanas de caramelo, golosinas y bailoteo.

Da la sensación de que la gente prefiere pasear un poco y echar un vistazo a la decoración o al ambiente antes de tomar algo en cualquier garito. Tienen buena culpa las temperaturas, que por el momento acompañan. Parece que el terral de este verano da una ligera tregua. Habrá que tocar madera.

Curiosidades

Los que disfrutan del paseo por el recinto encuentran varias sorpresas. Muchos se fotografían con la noria de agua, o con el grifo aéreo. Algunos hacen conjeturas sobre su funcionamiento e intentan explicarlas a sus acompañantes, quienes atienden con rostro pensativo. Mientras, a un lado y a otro de las avenidas continúa el incesante ir y venir de mujeres guapas vestidas de flamenca. Algo tendrá que ver el hecho de que un gran número de casetas aprovechen los primeros días para elegir a su reina de las fiestas.

Los caminantes encuentran un nuevo hallazgo frente a la caseta del Rengue. El microclima de las biznagas no sólo emite agua pulverizada, sino también perfume. Muchos se detienen para disfrutarlo e incluso, deciden tomar un pequeño descanso sentados cerca del lugar. Rocío y Victoria vienen a un concierto y se han topado con el ingenio «Está muy bien, deberían poner algunos más porque algunas zonas, a pesar de estar limpias, huelen demasiado a caballo», comentan.

Conforme entra la noche se incrementa la animación. De la Casa de Álora Gibralfaro no deja de entrar y salir gente. A estas alturas es una de la más animada, pero no la única. Una noche más las casetas de bailes y cantes típicos congregan tanto en su interior, como desde sus ventanales a muchos aficionados y curiosos. Mención a parte merece el espacio destinado a las malagueñas de la peña Parque Mediterráneo, que reunió a un gran número de personas que no quisieron perderse el XXV Certamen de Baile Regional y todo pese a estar aún en las clasificatorias.

La música no está sólo en el interior de las casetas, algunas, como la de Verdiales, sacó sus melodías tan malagueñas a la puerta, donde la gente se arremolina para asistir atentos a la demostración. Este folclore, más allá de melodías y letras, tiene mucho de espectáculo lleno de colorido y ritmo No fueron los únicos, una buena batucada a las puertas de Ágora, la caseta de la Federación Provincial de Asociaciones de Mujeres, puso la nota de mestizaje y percusión en la noche del real.

Los jóvenes ya vienen con la lección aprendida. Esta vez comienzan a llegar al filo de la una de la madrugada, la cuestión era ahorrar y reponer fuerzas en casa para no desfallecer antes de tiempo. Conforme uno avanza en dirección a la réplica de la puerta del Rectorado, se percibe un importante incremento en el nivel de los decibelios y los estilos musicales se superponen. Los cantes típicos ceden terreno a la música discotequera y los bajos de los altavoces producen su peculiar cosquilleo en el estómago.

La gente confluye como una marabunta hasta llegar al punto de encuentro de la juventud. Allí, a la hora en la que los pequeños ya buscan cansados los brazos de sus padres o vuelven a casa en sus dormitando en sus carritos, para otros, la fiesta, no ha hecho sino empezar.

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