Francisco Javier Fructuoso, guia turístico. De visita por Málaga

Lo mejor es poder dar a conocer mi tierra / Intento hacer amenas las explicaciones a través de anécdotas/ Siempre me ha gustado el mundo del arte .

UNA CRÓNICA DE M. CARMEN ESPAÑA
CICERONE. Fructuoso, en la plaza del Obispo. / ÁLVARO CABRERA/
CICERONE. Fructuoso, en la plaza del Obispo. / ÁLVARO CABRERA

JAVIER Fructuoso es un enamorado de Málaga. Está convencido del potencial de esta ciudad y eso es lo que intenta transmitir a las personas que guía por el centro histórico. «El mejor piropo que me puede decir un cliente es que se nota que me gustan mi trabajo y mi ciudad», afirma este guía turístico. Precisamente, fue la capacidad de atracción de Málaga lo que le llevó, junto a un grupo de amigos, a fundar la empresa de visitas guiadas Investur hace más de 20 años.

Su labor de dar a conocer Málaga se ve recompensada cuando nota que los turistas disfrutan con los atractivos de la ciudad. «Muchos se quedan maravillados con el interior de la Catedral porque por fuera no se la imaginan tan espectacular», cuenta. La figura de Picasso es otra de las atracciones que suscita más interés. El recorrido por los lugares relacionados con este pintor, desde la casa natal hasta el museo, es uno de los más demandados.

Trabajar mientras los demás están de vacaciones es algo que este técnico de turismo tiene ya asumido. No obstante, los meses de verano no hay tanto trabajo como se piensa, ya que los turistas que vienen en busca de playa no suelen realizar visitas. Aunque la temporada fuerte sea los meses primaverales, a Fructuoso siempre le toca trabajar en puentes y días festivos. El poco tiempo que le queda libre lo reparte entre su familia y las exposiciones artísticas que él mismo organiza. «Siempre me ha gustado el mundo del arte», agrega.

Toda clase de turistas

Si el ejercicio de cualquier profesión está lleno de anécdotas, trabajar rodeado de personas de distintas nacionalidades da para escribir un libro. Asegura que el comportamiento de los turistas varía mucho según su procedencia. Por ejemplo, los franceses no pueden abandonar Málaga sin haber visitado antes una bodega. Lo primero que preguntan los italianos es dónde hay un teléfono y los japoneses, dónde pueden encontrar un aseo. En cuanto a los visitantes nacionales, este guía turístico asegura que suelen ser los más charlatanes e incontrolables.

Pero si hubiese que elegir un colectivo para protagonizar ese libro de historias, escogería a los japoneses. Para empezar, los nativos del país del sol naciente vienen a Málaga en invierno. «Siempre van con sombrillas y guantes largos para proteger su piel del sol, pues la blancura de la tez es un valor muy apreciado por la cultura oriental», relata. Además, los nipones imprimen un ritmo tan acelerado a las visitas que son capaces de recorrer el país en menos de 10 días.

Pese a la corrección y la serenidad que caracterizan a los visitantes orientales, este guía turístico recuerda como un grupo musical japonés se convirtió en el centro de todas las miradas. «Llevaban el pelo teñido de colores y una ropa muy estrambótica». Además, estos 'Backstreet Boys' a la japonesa iban acompañados por una legión de fanáticas seguidoras. Menos divertido fue el susto que este técnico de turismo se llevó en una visita por Mijas, cuando se le perdió un visitante japonés de 92 años. Al cabo de unas horas, apareció en Fuengirola, hasta donde había llegado a pie.

Cuando se trabaja con personas tan dispares, es difícil que todas queden contentas. «Hay que tener mucha mano izquierda, para conseguir que te hagan caso, pero sin que note esa autoridad», afirma. Sin embargo, este guia turístico no tiene muchos problemas para lograr que sus clientes atiendan a las explicaciones. Para ello, introduce curiosidades relacionadas con las obras que comenta y da pie a un diálogo con los turistas. Dentro de esa interacción, son los españoles los que más preguntan. Las amantes de Picasso y la vida y milagros de los santos de la Catedral son los temas que más inquietan al turista nacional.