Amy Winehouse ofrece un penoso espectáculo de feria en el Rock in Río Madrid

HÉCTOR LLANOS MARTÍNEZ
Winehouse, ayer. / K. H. EFE/
Winehouse, ayer. / K. H. EFE

Con el primer sorbo de alcohol llegó la primera ovación. Una Amy Winehouse que no pudo encontrar el punto de equilibrio, y mucho menos el de la entonación, hizo las delicias del público asistente a la tercera jornada de Rock in Río Madrid, que tuvo una espectacular entrada para disfrutar a costa de la cantante.

Antes de que Winehouse depositara su huesudo y tatuado cuerpo en el Escenario Mundo, ya habían pasado por él los galeses Stereophonics y el escenario Hot Stage ya había recibido a Los Delinqüentes y los cubanos Orishas. Jay Kay, o lo que es lo mismo, Jamiroquai, tomó el relevo de la británica en el escenario principal.

Una Amy Winehouse desprovista de todo argumento musical no defraudó a los asistentes del festival, que no esperaban grandes logros musicales y sí algo de morbo en el comportamiento errático de la británica.

Con la primera copa, acabada la tercera canción de un recital iniciado con una declaración de intenciones como 'Adicted', Winehouse desistió de sus tacones para interpretar, ya con zapato plano, 'Cupid', aferrada a una guitarra que fue incapaz de tocar.

Temas desvirtuados

En su fugaz paso por Madrid -ya que, según la organización, aterrizó con tan sólo una hora de antelación de la hora prevista de su concierto-, Winehouse desvirtuó cada una de las canciones de su, por otro lado, espléndido catálogo musical.

Salvada en muchas ocasiones por sus dos coristas masculinos, y sin apenas pensárselo, la Winehouse se puso el mundo por montera. La sorna general llegó a sus más altas cotas cuando el público coreó con ella el «no, no, no» de su conocido tema 'Rehab', en el que Amy Winehouse se niega a desintoxicarse.

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