Familia, panecillos y paella en San Antonio

Las complicaciones para acceder a la ermita del Monte Hacho y la ausencia de 300 mayores que están en Torremolinos marcaron la jornada Más de 1.500 personas celebraron la tradicional festividad en compañía de la cofradía y de las autoridades políticas de la Ciudad Autónoma

ELSA CABRIA|
FIESTA DEL SIGLO XVI. La festividad de San Antonio data de hace cuatrocientos años./
FIESTA DEL SIGLO XVI. La festividad de San Antonio data de hace cuatrocientos años.

Alas dos de la tarde era la primera mujer del día que se atrevía, con no poca vergüenza, a sentarse en el suelo de la ermita de San Antonio para pedir buena ventura en el amor. A un lado, los familiares, al otro, el santo y en medio estaba ella restregando su trasero contra el frío mármol del templo religioso, tal como manda la tradición. Por su edad no parecía que fuese a tener problemas para conseguir un novio, pero es que no se trataba de eso. «Es para ahuyentar a los malos y que vengan solo los buenos», aclaró una de las pocas jóvenes que participaron en la costumbrista festividad.

Ayer en San Antonio faltaban adolescentes y niños. Pero eso, según explicaban los allí presentes, viene siendo habitual en un festejo que data del siglo XVI y del que sólo la tercera edad mantiene un cierto arraigo eminentemente religioso.Y es que, además, la coincidencia con un puente vacacional también influye. Y es que aunque hubo más de mil personas celebrando la fiesta en el Monte Hacho, la ausencia de los 300 mayores que estos días disfrutan del sol de Torremolinos en un viaje organizado por la Consejería de Asuntos Sociales también se dejó notar.

Por lo demás, la fiesta fue casi como siempre. La cofradía de San Antonio partió con sus carrozas a primera hora desde el Sarchal, cuando Ceuta aún se estaba desperezando. Después, pasadas las 12.00 horas, el vicario general de la Diócesis, Francisco Correro Tocón, ofició, con el sol propio del mediodía, la Solemne Misa en la ermita con el apoyo del coro de la Tertulia Flamenca, 'La Estrella'. Hubo 400 panecillos (de los que no se deben comer), paella para 1.500 personas, que no garbanzos con chocos (cosas de la huelga de transportistas) y el rojo fue, aún a riesgo de confundirse con San Fermín, el color de los pañuelos oficiales de la cofradía.

Entre lo que faltó destacaron los trajes tradicionales de romería. A excepción de la consejera de Cultura, Mabel Deu, y algunos miembros de la cofradía de San Antonio, la gente prefirió vestirse como en un domingo de verano. Esto es, gorra, pantalón y camiseta de manga corta. Tampoco se caracterizó el evento por la buena organización a la hora de acceder al recinto de la ermita. Al menos así lo manifestaron multitud de ceutíes de los que allí se congregaron.

La justificación por la que numerosas personas mayores tuvieron que dejar su coche en medio del Hacho y caminar hasta el templo fue porque al mismo tiempo se estaba celebrando una carrera del Instituto Ceutí de Deportes y el acceso con vehículo estaba bloqueado. La gente se quejó. Y mucho. «Llevo una prótesis en la cadera», decía un hombre con cara de extenuado.

También hubo molestia entre los medios de comunicación que tampoco tuvieron suerte y tuvieron que subir andando desde la urbanización de Poblado San Antonio hasta la ermita. Desde las once de la mañana ya hacía un sol de justicia y la ropa empapada en sudor constituyó la imagen del día de esa gran mayoría de ceutíes que tuvieron que hacer su particular caminata para ver al santo.

Después de comer, entre las cerca de 1.500 personas que disfrutaron de la soleada jornada, algunas jóvenes empezaron a animarse para entrar en la ermita, sentarse en el suelo y cumplir con la vieja tradición ceutí que, desde hace 400 años, obliga al buen devoto a frotar sus posaderas contra el suelo para conseguir un buen marido.

Estas mismas personas, igual que el resto, guardaron el panecillo que les entregó la cofradía de San Antonio. La historia cuenta que como el santo es patrón de los alimentos, se debe pedir un deseo y para verlo cumplido tienen que guardar el mendrugo de pan hasta el próximo año. Doce meses después, lo desmigarán y se lo darán de comer a los pájaros o a los peces.

Con el presidente

El alcalde de la Ciudad, Juan Vivas, también estuvo en la ermita, tal como ha venido haciendo los últimos siete años de gobierno. No tendría más novedad si no fuese porque ayer fue la inauguración de la Expo de Zaragoza. Pero es que tal como explicó, «en una fiesta local de campo, fiesta y baile», tiene que estar.

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