Un pueblo entre dos fuegos

Al acabar la Guerra Civil, cientos de republicanos resistieron en las montañas. Un libro rescata ahora los testimonios de una veintena de supervivientes de las luchas entre maquis y civiles en Frigiliana

TEXTO: EUGENIO CABEZAS FOTOS: E. CABEZAS Y SUR
CLAVE. La Venta de Panaderos, en Sierra Almijara, fue lugar de avituallamiento para civiles y maquis./
CLAVE. La Venta de Panaderos, en Sierra Almijara, fue lugar de avituallamiento para civiles y maquis.

ROSARIO Triviño no olvidará nunca el día en que «los civiles» llegaron a su casa para decirle que su marido debía presentarse en el cuartel. «No lo volví a ver jamás», recuerda entre lágrimas, 58 años después. Como ella, fueron muchos los axárquicos que vivieron en primera persona los enfrentamientos entre los guerrilleros del maquis y las fuerzas del régimen. Durante más de una década, tras la Guerra Civil, las montañas de lo que hoy es el parque natural de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama, se convirtieron en un campo de batalla, entre la guerrilla republicana y la Guardia Civil.

Ha pasado más de medio siglo pero son aún muchos los que recuerdan a aquellas «gentes de la sierra» que -con la firme convicción de que todavía era posible derrocar al dictador- lucharon y resistieron a las represiones del régimen. Ahora, un libro ha recopilado los testimonios de una veintena de estas personas -entre supervivientes y familiares-, que vivieron aquellos años de sangre y fuego en la zona de Frigiliana, una época que fue el epílogo de una Guerra Civil «que no acabó el 1 de abril de 1939 y cuyas heridas aún están abiertas», según explica el autor de la obra, David Baird.

Este escocés-galés nacido en Oswestry hace 72 años, lleva tres décadas viviendo en Frigiliana. La pequeña Villa de las Tres Culturas -como ahora la ha rebautizado el Ayuntamiento para ensalzar su carácter multicultural y abierto-, vivió más de una década «atrapada entre dos juegos y fue escenario, casi desde el inicio de la guerra y hasta 1952, de una épica y sangrienta lucha», como explica el hispanista Ian Gibson en el prólogo de 'Historia de los maquis. Entre dos fuegos', publicado por la editorial cordobesa Almuzara.

Deber moral

«De un pueblo de poco más de 2.000 habitantes, 21 hombres huyeron a la sierra y se incorporaron a la Agrupación de Roberto, el legendario jefe de la guerrilla antifranquista», explica Baird, para quien escribir este libro era «un deber moral» con los vecinos que lo han acogido en el Barribarto, el barrio viejo de Frigiliana. «Hablaba con la gente y me decían: Este estuvo en la sierra. A este los civiles le mataron a su hermano. Su marido murió en La Loma de las Vacas», dice el escritor, que agrega: «Como en todas las guerras en las que no hay frentes definidos y el enemigo puede ser el vecino, la lucha se volvió sucia. Había actos de coraje y de cobardía, de egoísmo y de abnegación, de tragedia y de traición. Y los que sufrieron por los pecados de otros eran, como siempre, los inocentes».

Como Antonio García Martín, el marido de Rosario Triviño, que tenía 22 años cuando lo asesinaron, junto a otros dos hombres, en La Loma de las Vacas, en uno de los episodios más oscuros de la historia de Frigiliana. «No hubo explicación ninguna. Lo mataron y ya está. Él no había hecho nada», recuerda 'La Pichana', que admite, no obstante, que su cuñado, Ángel, estaba en la sierra, a las órdenes de Roberto.

El mítico guerrillero venido desde Madrid fue enviado por el Partido Comunista que, a las órdenes de Santiago Carrillo, trató de organizar la resistencia al régimen desde el exilio. Sin embargo, las investigaciones de Baird, que ha buceado en archivos de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de EE. UU., con sede en Washington, no dejan del todo en buen lugar al histórico líder comunista. «Cortó las primeras conexiones de la guerrilla con los norteamericanos. Decía que sólo el Partido Comunista dirigiría la organización de la resistencia», explica el autor, que destaca como en Frigiliana las luchas se prolongaron hasta 1952, cuando en el resto de España el maquis acabó a finales de la década anterior.

En el libro de David Baird no sólo hablan los que sufrieron la represión. También hay testimonios de militares, como Manuel Prieto, que prestó servicio a la División Azul y, más tarde, a la Guardia Civil en la lucha anti-maquis. Nacido en 1919, hoy reside en Granada. «El Partido Comunista abandonó a la guerrilla. ¿Qué estaban luchando contra el franquismo? Ja, ja. Roberto era el único político. Los demás eran bandoleros, gente que fue huyendo de las palizas que les metía la Guardia Civil», opina Prieto.

«Durante el franquismo, sólo se hablaba de eso, de bandoleros. Nunca se reconoció que hubiera una resistencia al régimen. Todo se silenció», comenta Baird, quien cree que su obra puede aportar «algo de luz» a una época de la historia en la que «todavía hay muchas sombras». «Hay familias que siguen esperando la rehabilitación de la memoria de los fallecidos y desaparecidos. Muchos yacen en fosas comunes», dice Gibson en el prólogo.

En su libro, hay testimonios como el de Miguel Cerezo 'El Canijo', que se fue la sierra «porque decían que allí se ganaba dinero». Más de 50 años después, vive en Barcelona, a donde huyó para que no lo mataran. «Todavía hay miedo a hablar de aquello», afirma.