Los robles vuelven a África

Concluye la plantación de 6.500 árboles patrocinada por la Consejería de Medio Ambiente y Chocrón Madroños, alcornoques y acebuches vuelven a echar raíces a este lado del Estrecho

TEXTO Y FOTOS: J. SAKONA CEUTA
TEORÍA. Ricardo Ugarte, técnico de Obimasa, explica las características de cada árbol./
TEORÍA. Ricardo Ugarte, técnico de Obimasa, explica las características de cada árbol.

En la vaguada de Calamocarro sobreviven dos robles centenarios. Hasta ahora eran los dos únicos ejemplares que se libraron de la tala que les puso al borde de la extinción. Pero ya no están solos, centenares de retoños crecen no muy lejos de allí gracias a la labor de reforestación que lleva a cabo Obimasa con la colaboración de la Consejería de Medio Ambiente y el apoyo económico de la joyería Chocrón. Ayer se plantó el árbol número 6.500.

Hubo un tiempo en que el 'quercus canariensis', más conocido como quejigo andaluz, campaba a sus anchas por el norte de áfrica, especialmente en Ceuta. El clima suave, sin heladas frecuentes, y bastante húmedo de Ceuta facilitaba el crecimiento de estos robles que se asociaban habitualmente al alcornoque, erradicado hoy para el carboneo. Otra de las especias autóctonas que ayer regresó a los montes ceutíes.

Una campaña de reforestación que ayer puso el broche final en el mirador de Isabel II de la mano de los alumnos del IES Almina que, voluntariamente, subieron a García-Aldave con sus familias, azada en mano, para plantar madroños, alcornoques, pinos mediterráneos, acebuches, olivos silvestres de los que apenas queda rastro. Una labor que pretende hacer olvidar la plantación de eucaliptos en los años 60 que desbrozó el suelo de los montes ceutíes propiciando la erosión, explica Ricardo Ugarte, técnico de Obimasa, con un esqueje de ciprés de Cartagena en la mano, otro de los árboles autóctonos que han vuelto a sus orígenes en esta campaña de reforestación. Y es que no se trataba sólo de plantar, la iniciativa tiene también un marcado carácter didáctico dirigido a la concienciación, según explicaba Regina, la profesora de biología del Almina, que destacó el carácter voluntario de la actividad. La prueba del éxito de la plantación estaba en la veintena de alumnos de entre 15 y 17 años que dejaron la consola para empuñar una azada.

La consejera de Medio Ambiente decidió pasar la mañana del domingo junto a los chavales del Almina y se sumó a la plantación, plantando un madroño en las faldas del mirador de Isabel II. Bel recordó que la campaña de plantación de arboles y arbustos autóctonos comenzó en los Jardines de San Sebastián (junto a la Plaza de Constitución) en la que participó Vivas bajo un fuerte chaparrón y que concluía ayer con la plantación de 140 ejemplares que alcanzan un total de 6.500 nuevos árboles, medio millar más de los previstos. Un superávit que, explicó Bel, se debe a la gran demanda y el entusiasmo de los ceutíes ante la iniciativa capitaneada por Obimasa. La consejera de Medio Ambiente prometió seguir «en esta línea».

Mientras,a su espalda, medio centenar de chavales, acompañados en su mayoría de sus padres y hermanos, se distribuía por la ladera del mirador plantando madroños, alcornoques, robles... Retoños que ahora, gracias a sus manos, recuperan la tierra de la que un día les arrancaron.

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