Julio Álvarez Yagüe: «Con una cámara partes de la realidad, yo parto de mi fantasía»

El fotógrafo madrileño expone su serie 'Aliens' en la fotogalería de UFCA hasta el próximo 9 de mayo

SANDRA BALVÍN

Las personas, especialmente los niños y los espíritus audaces, siempre han sentido cierta inclinación por buscar formas en las nubes o dejarse llevar por la danza geométrica de los caleidoscopios. Probablemente los creadores de nubes y de caleidoscopios no busquen semejante éxito de crítica y público, pero ocurre. Estimulan la imaginación a base de pequeños misterios. Quizá sea esa misma fascinación el secreto del atractivo de 'Aliens', la serie de fotogramas nacida de la firme creencia del fotógrafo Julio Álvarez Yagüe de que la fotografía y la magia son una misma cosa. Las piezas que integran la muestra dibujan el punto de partida de un largo viaje en el que el viajero ha prescindido de todo, hasta de la cámara fotográfica. Sólo necesita la mirada, el afán de descubrir secretos, la necesidad de denunciar lo que le disgusta y un poco de química fotográfica.

Hay quien dice que lo que usted hace en trabajos como 'Aliens' no es fotografía

Es lógico. Lo que estás contemplando es quizás lo más alejado de una fotografía. No hay un registro de la realidad fotografiada, sino de una realidad inventada. Como parte del no registro fotográfico, algunos fotógrafos entienden que no hay un negativo, una matriz de la cual se pueda sacar una copia, que es lo habitual. Además, en la apariencia de las propias obras se detecta que hay una falta de información real. La mayoría de las imágenes que construyo son imágenes abstractas en general.

¿Siempre ha sido así?

Al principio mi intención no era que fuesen abstractas en su contenido, sino que a veces me alteraba mucho el hecho de que los fotógrafos se consideraban fotógrafos por la importancia de la cámara que tenían. La referencia para ellos era tener una Hasselblad y pensaban que con eso eran mejores. Mi reacción fue decir «yo hago imágenes, pero no necesito una cámara fotográfica». Mi primera serie de fotogramas, 'Realismo mágico', estaba basada en que mis fotogramas pareciesen fotografías. Ya no, ahora la mayoría de mis imágenes producen la sensación de no fotografía porque están en el límite y muy cerca de la pintura y del grabado.

Pero en ningún sitio está escrito que la fotografía tenga que ser realista, ¿no?

No, pero cuando fotografías con una cámara estás partiendo de una realidad, captes lo que captes. Yo parto de mi imaginación, es pura fantasía, un ejercicio mental. Mi proceso es casi un proceso de embarazo, estás produciendo energía mentalmente para luego soltarla. Acumulas información, vínculos, posturas ante la vida...Es una especie de crítica social. Aunque parezcan meros ejercicios de manchas, llevan mucho implícito de mis propios problemas ante la sociedad. Se dieron una serie de circunstancias en mi vida que me hicieron replantearme posturas. De pronto, el mundo este caótico en el que vivimos y que queremos obviar, te hace llegar una imagen. Fue la paloma atrapada en alquitrán de La Guerra del Golfo. Mi vida dio un giro y de pronto cualquier información que aparecía en los medios de comunicación me producía un impacto terrible. Hay otra serie, 'Miedos medios', que son los miedos producidos por los medios de comunicación. Quería reflejar todos los deterioros producidos por el hombre, decir que esto está pasando.

¿El fotógrafo debe ser crítico?

Los fotógrafos de otras generaciones siempre han sido críticos con la sociedad que les ha tocado vivir. Ahora no, ahora el fotógrafo o el artista en general es muy acomodaticio, produce imágenes muy de postal. 'Aliens' es un poco el revoltijo de tripas que te sacude cuando hay cosas que no te gustan, basado un poco en la película. Estos son los bichos que tenemos y que nos tocan las narices constantemente cuando algo no funciona. Es la pasividad del mundo ante algo que está aconteciendo.

¿Busca deliberadamente la atención del espectador con 'Aliens'?

Surge después. Son reacciones gratuitas de la gente que me parecen fantásticas. No he querido hacer un trabajo para sugerir cosas a la gente, yo trabajo para mí, posiblemente también como un ejercicio plástico que necesito para elaborar mi trabajo. No es para que la gente busque formas identificativas, pero pasa. El espectador intenta buscar referentes cuando no comprende algo.

¿El mercado da cabida realmente a los artistas que crean para sí mismos y no para el mercado?

Cuento en mis clases que hay una línea muy fina entre ser aficionado a la fotografía ser artista, aunque yo no me considero artista. Cuando pasas la línea adquieres compromisos con el público, con las galerías... cruzarla es apostar por la fotografía como tu trabajo y como tu forma de vida.

¿No existe una tendencia a pensar primero en el producto y luego buscar a quien quiera hacerlo?

Eso ha pasado siempre. Mi obra funciona en unos sitios y en otros no. Arrastramos mucho de la fotografía como documento social, lo mío no es documento, lo mío es fantasía y busco los apartados que se ajusten ami obra. Hay cabida para todos. Lo que quiero es desenmascarar en alguna medida a los falsos artistas.

¿Éso cómo se hace?

Es difícil porque el mundo que tiene el poder, en cargos importantes o galerías, de exponer o de hacer catálogos no entiende absolutamente nada y el desconocimiento es muy atrevido. Hay gente que hace su primer trabajo y ya está exponiendo en sitios estupendos. El mundo de la pintura se ha movido más o menos bien, pero el mundo de la fotografía se ha movido de una manera bestial, con gente que quiere apuntarse al carro y no sabe cómo. Hay muchos que hacen cuatro fotos y ya se creen artistas.

Y ahora que todos buscan las cámaras más potentes, llega usted hablando de la importancia del gesto. ¿Es un acto revolucionario?

En los años 20 con los surrealistas hubo un despertar de la fotografía increíble, nos dieron una visión imaginativa. De pronto esa magia se olvidó y ahora se recupera poco a poco. Ahora hay otros como yo que plantean este acercamiento al material. Se busca no sólo el registro con una cámara fotográfica, sino el gesto, que te impliques mucho más. Siempre he admirado a los pintores por la cercanía de poder tocar el lienzo y mancharlo con sus manos y éso es lo que trato de hacer yo, utilizar ese gesto con una emulsión para traspasar la energía al papel fotográfico. Mis alumnos se asombran cuando les pido que rompan los negativos que han traído. Entonces les pregunto: «¿no habéis pensado que el acto de fotografiar puede ser tan sólo el primer acto?».