Cientos de adultos están ya en tratamiento por su adicción a los videojuegos

Se trata de hombres de entre 30 y 45 años que tras engancharse a las tragaperras abusan de las consolas. La obsesión por las partidas lleva a las víctimas a no dormir y faltar al trabajo

ALMUDENA NOGUÉS

La adicción se fragua en la cafetería o sala de juegos. Las luces hipnotizantes de las tragaperras unidas al tintineo de las monedas al caer de la máquina atrapan al jugador en una espiral de partidas de la que es difícil salir. Durante un tiempo, el ludópata consigue disimular su vicio. Hasta que su absentismo laboral o la cuenta del banco dan la señal de alarma. En ese instante, cuando su entorno le restringe el acceso a las cuentas domésticas, la víctima busca en la consola una tercera vía para obtener su 'dosis' de juego sin salir de casa. La alternativa tiene tres alicientes claros: es accesible, no implica gasto alguno y, lo más importante, no despierta los recelos del resto de miembros de la familia.

Desde la Asociación Malagueña de Jugadores de Azar Rehabilitados (Amalajer) alertan de que en los últimos meses se ha disparado el número de adultos que se enganchan a los videojuegos después de ir labrando una conducta patológica con las tragaperras.

La psicóloga de esta organización, Carolina Casado, le pone números a este fenómeno, que despunta ya como una nueva tendencia en la era de las tecnologías. Según su relato, el 60% de los adictos al juego de entre 30 y 45 años que acuden a pedir ayuda a Amalajer reconocen que, además de las máquinas, abusan de las videonconsolas. Sólo en el último año, esta asociación ha prestado terapia a unos 400 ludópatas y a cerca de 200 familiares de adictos al juego. A falta de cerrar la memoria anual para saber cuántas de estas personas encajan en la franja de edad citada-de 30 a 45-, Casado recuerda que esta horquilla incluye a un «elevadísimo porcentaje», lo que da idea de la dimensión de este problema.

Los síntomas

Preguntada por los síntomas que evidencian la existencia de un trastorno en el juego, Casado precisa que ciertos indicadores pueden alertar de que el adulto ha perdido el control. En el supuesto de las videoconsolas, el afectado suele mostrarse más agresivo e irritable, llegando a insultar a sus familiares. Además de alterarse, tiende a abandonar sus aficiones, deja de relacionarse con amigos, huye de cualquier responsabilidad e incluso llega a descuidar su higiene personal. Pero ahí no acaba todo. «Nosotros en la asociación hemos visto desde casos de hombres que han faltado reiteradamente a su puesto de trabajo para quedarse jugando a adictos que han pasado dos y tres días sin dormir y sin apenas comer con tal de no abandonar la partida», enumera esta experta.

Como ocurre con otras adicciones, la primera reacción de quien abusa de las consolas es negar que tiene un problema con el juego. «De primeras, ninguno lo reconoce. Normalmente los trae un familiar y cuando se entrevistan con la trabajadora social y esta les pregunta si se exceden con los videojuegos sus parejas son las que les cuentan que los han pillado jugando de noche o que no se despegan de la pantalla», relata Carolina Casado.

Detectado el problema, el jugador patológico comienza el tratamiento. En el caso de Amalajer, la rehabilitación de va dirigida a controlar sus impulsos, evitar situaciones de riesgo y desarrollar habilidades sociales. La terapia combina actuaciones individuales y familiares y suele tener una duración aproximada de dos años.

Menores enganchados

A tenor del testimonio de la psicóloga de Amalajer, los menores tampoco se libran de las garras de la ludopatía. Sin embargo, como matizan desde la organización, con este colectivo ocurre lo contrario que con los adultos: de los videojuegos se enganchan a las tragaperras.

Según advierten los profesionales, los juegos domésticos son un caldo de cultivo para dar el salto a las máquinas de los bares, a las que los adolescentes suelen acudir a partir de los 15 años, dicen. «No hay una relación directa, pero sí es cierto que cada vez es más frecuente que un niño que ha sido adicto a los videojuegos, en la adolescencia ponga sus miras en otros juegos de adultos», indica Casado, que desde su cargo observa «con preocupación» el aumento de casos de adolescentes enganchados a juegos de azar. Para evitarlo, aconseja no instalar la consola en el cuarto del menor y limitar las partidas a un máximo de cuatro horas semanales en periodos de 30 a 60 minutos.